Palomas y tórtolas: biología, inteligencia y leche de buche

Las palomas y tórtolas son las aves que más vemos y menos miramos. Se posan en el alero, pasean por la acera y arrullan desde el tejado a las seis de la mañana, y casi nadie piensa qué hay detrás de ese cuerpo redondo y ese andar cabeceante. Hay bastante: alimentan a las crías con una secreción propia, distinguen a unas personas de otras y son capaces de volver a casa desde cientos de kilómetros.

En el norte conviven la paloma torcaz que anida en el roble, la tórtola turca que ocupa los tejados y, en primavera, la tórtola europea de paso. Aquí os cuento quién es cada una, cómo crían, qué está demostrado sobre su inteligencia y qué se repite por ahí sin pruebas.

Palomas y tórtolas: biología, inteligencia y leche de buche

Cuatro aves que se confunden

La paloma bravía (Columba livia) vivía en acantilados y es la antepasada de todas las palomas de ciudad, de las mensajeras y de las de palomar. Se domesticó hace miles de años, y las que veis en la plaza son descendientes de aquellas que escaparon o se asilvestraron. La paloma torcaz (Columba palumbus) es la más grande, con una mancha blanca a cada lado del cuello y una franja blanca en el ala; anida en árboles y es la que oís en los robledales.

Las tórtolas son más pequeñas y finas. La tórtola turca (Streptopelia decaocto) llegó a Europa occidental en el siglo XX y hoy vive todo el año junto a las casas. La tórtola europea (Streptopelia turtur) es migratoria y más discreta. Más abajo veréis cómo distinguirlas a simple vista.

Cuatro aves que se confunden

La leche de buche: alimento sin mamíferos

El buche es una bolsa del esófago, en la base del cuello, donde las aves guardan comida antes de digerirla. En palomas y tórtolas tiene dos usos. El primero es de despensa: la torcaz recoge del suelo semillas y bellotas a gran velocidad, llena el buche y se retira a una rama segura a digerir con calma, lejos de depredadores.

El segundo uso es el más curioso. Pocos días antes de que eclosionen los huevos, la pared del buche se engrosa, y una hormona, la prolactina, que en los mamíferos también regula la lactancia, hace que se desprendan células cargadas de grasa y proteína. Es la leche de buche, una papilla espesa que padre y madre dan directamente al pico de las crías. Contiene además defensas que pasan de los adultos al pollo.

Durante los primeros días es el único alimento. Después los padres la van mezclando con semillas, y en unas semanas la cría come como un adulto. Fuera de palomas y tórtolas, solo los flamencos y el pingüino emperador producen algo parecido. Los mamíferos inventaron la leche por su cuenta, y las aves hicieron lo mismo por otro camino.

La leche de buche: alimento sin mamíferos

Pareja, nido y turnos

Las palomas y tórtolas forman parejas que duran muchas temporadas, a veces toda la vida de las aves, y las refuerzan con gestos diarios: se acicalan mutuamente las plumas del cuello y se dan de comer pico a pico. El nido es una plataforma de ramitas tan fina que desde abajo casi se ven los huevos, normalmente dos.

Los dos padres incuban. El macho suele ocupar el nido en las horas centrales del día y la hembra el resto, noche incluida. Esto explica algo que veréis en vuestro tejado: una de las dos aves está siempre quieta encima de los huevos, y el relevo se hace con un pequeño ritual de arrullos.

Crían varias veces al año. La tórtola turca puede encadenar nidadas desde primavera hasta bien entrado el otoño, y por eso su población ha crecido tanto. En el norte, los temporales de primavera tiran muchos nidos tan poco firmes; si veis uno caído, la pareja suele volver a construir en pocos días.

Lo que se sabe de su inteligencia

Las palomas figuran entre las aves más usadas en laboratorios de comportamiento, y los resultados son sólidos. Aprenden a distinguir cuadros de pintores distintos, por ejemplo de Monet y de Picasso, y a clasificar imágenes por categorías. Ven el ultravioleta, un color que nosotros no percibimos, aunque aún no sabemos qué hacen con él.

Reconocen a personas concretas. Los experimentos muestran que una paloma de ciudad distingue a quien la espanta de quien la alimenta, y lo recuerda.

También aprenden rutas. Con GPS se ha visto que una paloma repite y afina su camino de vuelo tras vuelo, apoyándose en carreteras y otros puntos conocidos. Las palomas mensajeras han llegado a regresar desde más de 1.000 km, orientándose con el sol, el olfato y el campo magnético de la Tierra. El mecanismo exacto de esa brújula sigue en discusión, y la idea de que se debe a cristales de hierro en el pico no se ha confirmado.

En la Primera Guerra Mundial, la paloma Cher Ami llevó en 1918 un mensaje que ayudó a salvar a casi doscientos soldados cercados en el bosque de las Argonne, y volvió herida. Se conserva su historia en archivos militares.

Se han descartado afirmaciones que circulan mucho: no hay pruebas de que adivinen una tormenta con un día de antelación, de que cuenten de izquierda a derecha como nosotros ni de que reconozcan decenas de rostros por su nombre. Lo demostrado ya es bastante.

Lo que se sabe de su inteligencia

Tórtola turca y tórtola europea: cómo distinguirlas

La tórtola turca es la mayor de las dos, de cuerpo redondeado y color arena grisáceo sin manchas, con un collar negro en la nuca ribeteado de blanco. Tiene la cola cuadrada con una banda blanca ancha en la punta. Su reclamo es un «cu-cuu-cu» repetido sin descanso desde cables y tejados, y no es tristeza: es una señal territorial y de cortejo.

La tórtola europea tiene un cuerpo más fino y pequeño, pardo rojizo, con las alas como escamadas de negro y naranja y un parche de rayas blancas y negras a cada lado del cuello. Su arrullo es un ronroneo suave, «turr-turr». Aparece hacia abril y desaparece a lo largo de septiembre.

Hay una diferencia que importa: la tórtola europea es una especie migratoria en fuerte declive y con protección, mientras que la turca es abundante. No capturéis ni manipuléis ninguna, y si hay caza en vuestra zona, no se improvisa: se consulta la normativa de vuestra comunidad autónoma, que cambia con los años.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado el día en que oigo el primer «turr-turr» cada primavera, y sale casi siempre en las mismas semanas de abril. Apuntad vosotros la fecha del primer arrullo y la del último avistamiento de septiembre: en pocos años tendréis un calendario propio y notaréis si llegan antes o después.

Palomas en el norte lluvioso y en la España seca

Con ciento y pico días de lluvia al año, las palomas del norte aprovechan los claros: se ven en los prados y rastrojos después del chaparrón, picoteando semillas y lombrices. La torcaz es residente, pero en octubre y noviembre cruzan el Pirineo bandadas enteras que vienen de más al norte. Si ponéis comida en el jardín, hacedlo en comedero cubierto. Os lo digo por experiencia: el pan se enmohece en un día de sirimiri. Más aves del jardín en la sección de fauna e insectos.

En la España seca y caliente las veréis más junto a fuentes y bebederos. La tórtola europea cría sobre todo en el sur y en el interior, y ahí agradece que se respeten setos y arbolado joven. Un cuenco de agua limpia a la sombra ayuda en verano.

Lo que más me preguntáis

¿Por qué nunca se ven pichones de paloma?

Porque el nido está bien escondido y las crías no salen hasta tener casi el tamaño de un adulto, hacia las cuatro semanas. Cuando salen ya se parecen mucho a sus padres, solo algo más apagadas.

¿Qué hago si encuentro un pichón en el suelo?

Mirad primero si está emplumado y salta: probablemente es un volantón y sus padres lo vigilan cerca. Dejadlo donde está, apartad al perro o al gato y no lo recojáis. Si está desnudo o herido, llamad al centro de recuperación de fauna de vuestra comunidad.

¿Se puede dar de comer a las palomas del balcón?

Es mejor no hacerlo de forma habitual. Si lo hacéis, que sea poco y con semillas, nunca pan, y sin dejar restos que atraigan ratas. Una población bien alimentada cría más y acaba molestando a los vecinos.

— Maite, desde el caserío