Un saco de abono caro puede quedarse casi entero en la tierra sin que la planta pruebe nada. No es que el abono sea malo ni que la planta no tenga hambre: el pH del suelo decide qué nutrientes puede coger la raíz y cuáles quedan bloqueados aunque estén ahí. Una camelia amarilla en una huerta de Valencia y la misma camelia sana en un jardín del País Vasco suelen diferenciarse en eso y en poco más.
Aquí tenéis qué es el pH, cómo medirlo en casa con unos pocos euros, cómo subirlo o bajarlo con productos corrientes y qué cambia entre el norte lluvioso y la España de agua dura, con las plantas que piden cada rango.
Qué mide el pH y por qué bloquea el abono
El pH es una escala de 0 a 14 que dice si algo es ácido (por debajo de 7), neutro (7) o alcalino (por encima de 7). En la tierra se mide mezclada con agua. La escala es logarítmica: cada punto es diez veces más ácido o más alcalino que el anterior, así que pasar de 6 a 8 no es un cambio pequeño, es cien veces más alcalino.
La raíz solo absorbe nutrientes disueltos, y que estén disueltos depende del pH. Entre 6,0 y 7,0 la mayoría están disponibles a la vez. Por debajo de 5,5 se escapan el fósforo, el calcio y el magnesio, y el aluminio puede subir hasta dañar las raíces. Por encima de 7,5 se bloquean el hierro, el manganeso y el zinc, y el fósforo se une al calcio en sales que la planta no usa.
Por eso veis hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes en una planta bien regada y abonada: el hierro está en la tierra, pero la raíz no lo alcanza. Se llama clorosis férrica y casi siempre es cuestión de pH, no de falta de abono.
Medir el pH en casa
Tomar la muestra de tierra

Medir mal es peor que no medir. Coged tierra de tres o cuatro puntos del bancal o de la maceta, a 10 cm de profundidad, lejos de donde hayáis echado abono o cal hace poco, y mezcladla en un cubo limpio sin piedras ni raíces.
Junto a un muro, un camino de hormigón o un montón de compost el pH cambia en pocos centímetros, así que tomad otra muestra aparte donde las plantas van mal y comparad.
Medir con tira, kit o medidor

Hay tres opciones, de menos a más precisa. Las tiras o el kit de reactivo líquido de una tienda de jardinería cuestan pocos euros: mezclad una parte de tierra con cinco de agua destilada o de lluvia, esperad media hora y mojad la tira en el líquido claro. Con agua del grifo calcárea la lectura sale falseada hacia arriba.
El medidor de sonda se clava en tierra húmeda y vale desde unos 10 €. Admite un error de medio punto, suficiente para saber si estáis cerca de 6, de 7 o de 8. El análisis de laboratorio compensa antes de plantar un frutal o una huerta nueva.
Existe una prueba casera para suelos calcáreos: echad vinagre blanco sobre un puñado de tierra seca. Si burbujea, hay cal libre y el suelo es alcalino. La prueba contraria, con bicarbonato para detectar acidez, es poco fiable. Sirve como pista, no como medida.
Corregir el pH sin pasarse
Corregir es lento. Un suelo arcilloso con mucha materia orgánica se resiste a cambiar. Cambiad poco, esperad y volved a medir.
Subir el pH de un suelo ácido

En el norte es la corrección más común. Con un pH inferior a 5,5 y una huerta en mente, esparcid en otoño cal agrícola (carbonato cálcico), 150 a 200 g por metro cuadrado, rastrillad los primeros centímetros y dejad que la lluvia haga el resto. La cal viva quema las raíces y la piel: no es para jardín.
Si el suelo va escaso de magnesio, la harina de dolomita (carbonato de calcio y magnesio) sirve igual. Sin medición previa, empezad con 20 a 40 g/m² en suelo ligero y 80 a 120 g/m² en pesado. Nunca la mezcléis el mismo día con estiércol fresco, urea o sulfato de amonio: dejad dos o tres semanas entre una cosa y otra, porque parte del nitrógeno se pierde en el aire.
La ceniza de leña también sube el pH, pero deja sales. Y no toméis el musgo como prueba de acidez: indica humedad, sombra y suelo compactado. Medid antes de encalar.
Bajar el pH de un suelo o un agua calcáreos

El azufre elemental micronizado es la solución de fondo. Las bacterias del suelo lo transforman en ácido, así que tarda meses en actuar. Mezcladlo con los primeros 10 cm de tierra con la dosis del envase y no repitáis hasta medir otra vez.
En maceta lo más corto es usar sustrato para acidófilas y regar con agua de lluvia. Si solo tenéis agua del grifo dura, acidificadla con ácido cítrico: empezad por 1 g por litro, la punta de una cucharilla, y comprobad con una tira que el agua baja a 6 o 6,5. Las dosis de 2 o 3 g/L que circulan son el tope, no el punto de partida. El vinagre acidifica también, pero se dosifica peor.
Para una clorosis que ya se ve, el quelato de hierro EDDHA es el parche rápido, porque funciona incluso con pH alto. Si no corregís el agua o el sustrato, el problema vuelve.
Volver a medir y apuntar

Medid de nuevo seis u ocho semanas después de aplicar azufre o cal en maceta, y al cabo de unos meses en el huerto. Luego bastará una medición al año, en otoño, en el mismo sitio y con el mismo método: con kits distintos las cifras no se comparan.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado el pH de cada bancal junto con la fecha, lo que eché y el cultivo del año. Con tres años de notas se ve enseguida si una cal de otoño aguantó o si la lluvia la lavó antes del verano. Una cifra sola no dice mucho; la tendencia sí.
El pH en el norte y en la España de agua dura
En mi caserío llueve ciento y pico días al año, y esa agua suave arrastra el calcio de la ladera. Por eso las camelias, los rododendros y las hortensias crecen solos en el País Vasco, Galicia, Asturias y Cantabria. Aquí el problema suele ser el contrario al que se imagina: un suelo demasiado ácido para la huerta. Lo he comprobado cada otoño con la cal en los bancales.
Si vivís en la cuenca mediterránea, el interior o el sur, la situación se invierte. El suelo suele estar entre 7,5 y 8,5 y el agua del grifo trae bicarbonatos que suben el pH de la tierra con cada riego. Un sustrato que empezó en 6,5 puede subir más de un punto en una temporada. Para acidófilas, la opción fiable es un macetón grande con sustrato específico, agua de lluvia o agua acidificada y un control del pH cada pocos meses. Plantarlas en tierra de jardín alcalina exige un trabajo constante que casi nadie mantiene.
Qué plantas piden cada pH
Las acidófilas, es decir, las que necesitan un suelo entre 5,5 y 6,5, son la camelia (Camellia japonica), el rododendro y la azalea (Rhododendron), la hortensia (Hydrangea macrophylla) y el arándano (Vaccinium corymbosum). Fuera de ese rango muestran hojas amarillas, pocas flores y crecimiento lento. Más ideas para ellas en la sección de plantas con flor.
La mayoría de las hortalizas y frutales rinden bien entre 6 y 7; repasad los cultivos en huerto y hortalizas. En suelo alcalino, entre 7 y 8, van bien la lavanda (Lavandula angustifolia), el romero (Salvia rosmarinus), la lila (Syringa vulgaris) y la clemátide (Clematis). La cal y la dolomita sientan mal a arándanos y rododendros: no las echéis en sus bancales.
Dos análisis que no son el pH
Un análisis completo de laboratorio trae dos siglas más. La CIC, capacidad de intercambio catiónico, indica cuántos nutrientes retiene el suelo: alta, funciona como una despensa; baja, como un colador que pierde el abono con cada riego. Un suelo arenoso puede tener una CIC de 5 y uno arcilloso superar 30.
La RAS, relación de adsorción de sodio, avisa de que el sodio domina y el suelo se sella; es frecuente en el valle del Ebro. El yeso agrícola aporta calcio sin cambiar el pH y desplaza al sodio.
Lo que más me preguntáis
¿Puedo bajar el pH de las macetas con vinagre?
Se puede, pero el ácido cítrico se dosifica mejor: 1 g por litro para empezar, y comprobad con una tira que el riego queda entre 6 y 6,5. La solución duradera es el agua de lluvia.
¿Sirve la ceniza de la chimenea para encalar la huerta?
Sube un poco el pH, pero aporta sales y potasio de golpe. Un puñado por metro cuadrado al año basta, solo si la medición salió ácida, y lejos de arándanos y camelias.
¿Por qué se pone amarilla mi camelia si la abono?
Casi siempre porque el pH ha subido y la raíz no alcanza el hierro, aunque esté en la tierra. Medid el sustrato y, si pasa de 6,5, regad con agua de lluvia o acidificada. Un quelato de hierro EDDHA os saca del apuro mientras tanto.
— Maite, desde el caserío
