Abeja melífera: vida en la colmena y colmenar pequeño

Un tarro de miel de 500 g es la vida entera de cerca de mil abejas, porque cada obrera produce, en sus pocas semanas de verano, apenas medio gramo. Esa cifra explica casi todo lo que pasa dentro de una colmena. La abeja melífera (Apis mellifera) no funciona sola: forma parte de una colonia de decenas de miles de individuos en la que cada una cambia de trabajo a medida que se hace mayor.

Aquí repaso lo que ocurre dentro, del huevo a la abeja adulta, qué hace cada oficio, cómo se fabrican la cera y la miel y qué necesita un colmenar pequeño en un jardín húmedo del norte. Es una guía para decidir con calma, no un curso de apicultura.

Abeja melífera: vida en la colmena y colmenar pequeño

Del huevo a la abeja: 21 días dentro de la celda

Del huevo a la abeja en la celda de cera

La reina pone cada huevo en el fondo de una celda, de pie, y en plena primavera puede llegar a más de mil quinientos huevos al día. Si lo fecundó, nacerá una hembra; si no, un zángano. A los tres días eclosiona una larva blanca, sin patas, que las nodrizas visitan sin descanso.

Lo que decide si esa larva será obrera o reina es la comida. Todas reciben jalea real los primeros días, pero la futura reina la recibe durante toda la fase de larva y en una celda más grande, colgada del panal como una bellota. Las obreras pasan pronto a una papilla de miel y polen. Hacia el día nueve, las abejas de interior sellan la celda con cera y, dentro, la larva se convierte en pupa: se forman las patas, las alas, los ojos y el aguijón, a oscuras y sin que nadie la toque.

Los plazos son distintos para cada casta: 16 días la reina, 21 la obrera y 24 el zángano. Al terminar, la abeja roe la tapa y sale ya formada. Una obrera nacida en primavera o en verano vive unas seis semanas, desgastada por el trabajo. Las que nacen a finales de verano viven meses, porque casi no crían y pasan el invierno apretadas en racimo alrededor de la reina.

Los oficios de la colmena

Los oficios de las abejas dentro de la colmena

Nadie manda en la colmena. La reina no da órdenes: pone huevos y su olor, una feromona (una señal química), mantiene unida a la colonia. Las obreras, todas hijas suyas, se reparten el trabajo por edad, y los plazos son orientativos, no un reloj.

En los dos primeros días de vida, la obrera limpia celdas. Del tercer día al undécimo es nodriza y alimenta a las larvas. Hacia la segunda semana le llegan las glándulas de cera y se hace constructora; después recibe el néctar que traen las compañeras, lo trabaja y ventila la colmena aleteando. Sobre los 18 días pasa a guardiana en la piquera, que es la puerta de la colmena, donde reconoce por el olor a las suyas y echa a avispas y abejas ladronas. Solo hacia las tres semanas sale a pecorear, a buscar néctar, polen y agua.

Si faltan pecoreadoras, algunas abejas de interior se adelantan al campo. En el norte, además, las guardianas se enfrentan a la avispa asiática (Vespa velutina), que acecha delante de las piqueras: si veis un nido, avisad al ayuntamiento o a vuestro servicio de medio ambiente y no lo toquéis.

Los zánganos, por último, no recogen nada ni pican. Su único trabajo es aparearse con reinas vírgenes en pleno vuelo, lejos de su colmena. Se toleran de primavera a verano y las obreras los expulsan en otoño, cuando la comida escasea.

De la cera a la miel

De la cera y el néctar a la miel

Las obreras jóvenes, de unas dos o tres semanas de vida, segregan cera por unas glándulas del abdomen, en escamas transparentes que amasan con las mandíbulas. Cada abeja saca unas ocho escamas en medio día, y para medio kilo de panal hacen falta cientos de miles. Por eso las colonias reutilizan la cera año tras año. El hexágono no es un capricho: deja las celdas pegadas sin huecos y gasta la menor cantidad de cera posible.

La miel empieza en el campo. La pecoreadora vuelve con el buche lleno de néctar, que es casi todo agua, entre un 60 y un 80 %, y se lo cede a una obrera joven de las que trabajan dentro. Mientras lo mastica, unas enzimas rompen el azúcar del néctar en azúcares más sencillos. Después, el agua sobrante hay que sacarla. Las ventiladoras se alinean y aletean sin parar para mover el aire hasta que la humedad baja al 18-20 %.

Solo entonces cierran la celda con una tapa fina de cera. Esa tapa es la señal que debéis buscar: una celda opérculada tiene miel madura y estable, y una celda abierta puede fermentar. Nunca se extrae miel de panales sin cerrar.

Un colmenar pequeño en el jardín del norte

Un colmenar pequeño bien situado en el jardín

Antes de comprar nada, hay papeleo y vecinos. En España las colmenas se inscriben en el registro de explotaciones ganaderas de la comunidad autónoma, aunque sean dos, y cada comunidad fija las distancias mínimas a casas, caminos y ganado. Preguntad en el ayuntamiento. Si alguien de casa tiene alergia grave a las picaduras, no es buena idea. Y empezad con una o dos colmenas, de un apicultor registrado, y con el consejo de una asociación de apicultores de la zona. Recoger enjambres silvestres sin experiencia es una mala forma de aprender.

Para colocarlas, elegid un sitio que reciba sol de mañana, porque las abejas salen antes. Un seto perenne a unos pocos metros las protege del viento y las obliga a subir al volar, así pasan por encima de los paseantes. Levantad la colmena unos 30-40 cm del suelo, sobre un soporte, con una ligera inclinación hacia delante para que el agua que entre salga por la piquera. En la ladera el enemigo de las abejas es la humedad más que el frío, así que evitad el fondo del valle, donde se acumulan la niebla y el aire frío. Poned además un recipiente poco profundo con piedras o corchos flotantes, que nunca se seque.

La floración decide si la colonia prospera. En la ladera tenéis avellano y sauce a finales de invierno, brezo a continuación, manzano y kiwi en abril, zarzamora y trébol en junio y hiedra (Hedera helix) en octubre y noviembre. Si hay un hueco de tres semanas sin flor, la colonia pasa hambre. En verano, un día de sirimiri impide salir a pecorear, y por eso a una colmena del norte hay que dejarle siempre sus reservas.

Para los tratamientos de la varroa y otras enfermedades hay productos autorizados y calendarios oficiales: los marca el apicultor de la zona o el servicio veterinario, no un blog. Los detalles dependen de cada colmena.

En la España más seca y caliente cambia el problema. Allí hace falta sombra por la tarde, con una parra o un caducifolio plantado al suroeste, y agua asegurada todos los meses secos, que es cuando más la necesitan.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntadas durante años las fechas de lluvia y de helada. Haced lo mismo con las flores: anotad durante un año la primera y la última flor de lo que crece a 300 m alrededor de la colmena. Cuando veáis un hueco en el calendario, ya sabéis qué plantar para tapar ese hueco y con qué antelación.

Lo que más me preguntáis

¿Cuánta miel da una colmena el primer año?

Poca o ninguna que se pueda extraer. Una colonia nueva primero construye panal y reúne sus propias reservas. Contad con un excedente pequeño a partir del segundo año y dejad siempre a las abejas la miel que necesitan para pasar el invierno.

¿En qué se diferencia de un abejorro?

El abejorro (Bombus terrestris) vive en colonias de unas decenas de individuos que duran un año y no guarda miel en cantidad. La abeja melífera forma colonias mucho mayores que sobreviven al invierno, construye panal de cera y almacena reservas. Los dos polinizan bien, y conviene ayudar a los dos.

¿Se puede ayudar a las abejas sin tener colmena?

Sí, y es lo más útil para empezar. Sembrad plantas de flor sencilla que se sucedan desde febrero hasta noviembre, dejad una zona del huerto florecer sin cortar y poned un plato con piedras y agua. No tratéis con productos las plantas en flor. Y en la categoría de fauna e insectos hay más ideas para atraer polinizadores.

— Maite, desde el caserío