Bebederos para aves: dónde ponerlos y cómo mejorarlos

Un bebedero para aves puede pasarse semanas con el agua intacta, y casi nunca es porque en el jardín no haya pájaros. Suele ser porque el recipiente está pensado para el ojo de una persona y no para un herrerillo de doce centímetros, que necesita poca profundidad, un borde donde agarrarse y un matorral cerca al que huir si algo se mueve.

En las líneas siguientes repaso dónde colocarlo y a qué altura, los tres fallos de diseño más comunes y su arreglo, el truco del goteo, el plato a ras de suelo para los animales que no trepan y la limpieza que mantiene el agua sana. Todo con material que tenéis en casa.

Bebederos para aves en el jardín

Dónde ponerlo: altura y refugio

Las aves pequeñas beben con un ojo puesto en el cielo y otro en el suelo. Por eso un plato liso a metro y medio de altura, sin ninguna rama cerca donde posarse, es un cuenco que nadie usa. El petirrojo (Erithacus rubecula), el chochín (Troglodytes troglodytes) y el mirlo (Turdus merula) prefieren beber al nivel del suelo o a poca altura, y los carboneros y herrerillos aceptan un soporte de hasta un metro.

La regla que yo sigo es doble. A menos de 2 m del bebedero debe haber un arbusto denso, un seto o una zarza, para que el ave tenga una escapada inmediata. Pero tampoco pegado al matorral, porque desde dentro de los arbustos un gato puede saltar sin que se le vea venir. Lo ideal es un claro de un par de metros con vista despejada alrededor y refugio a mano.

En jardines con gatos domésticos, mejor un soporte de 60 a 100 cm de altura que el suelo desnudo. Si no hay gatos, el nivel del suelo entre plantas bajas funciona de maravilla: enterrad hasta el borde un plato plano de terracota, de modo que el pájaro aterrice en la tierra y entre andando, como si fuera la orilla de un charco.

Dónde ponerlo: altura y refugio

Tres fallos de diseño y su arreglo

Cuando un bebedero queda vacío de visitas, casi siempre falla en una de estas tres cosas. Las tres se corrigen en cinco minutos.

Demasiado profundo

Muchos recipientes de jardín llevan 8 o 10 cm de agua. Un herrerillo (Cyanistes caeruleus) o un mosquitero no hacen pie y no se atreven a entrar. Colocad una piedra plana en el centro para crear un escalón: el agua en esa zona no debería pasar de 2 o 3 cm, y en el punto más hondo, de 5 cm como máximo.

Demasiado liso

La cerámica vidriada y el plástico brillante no dan agarre y el ave resbala. Cubrid el fondo con grava de río o piedras pequeñas de 1 a 2 cm. Así se forma una pendiente suave, el agarre es natural y los insectos que se acercan a beber también tienen dónde apoyarse.

Demasiado quieto

El agua inmóvil se ve poco desde arriba y no se oye. Una bomba solar flotante pequeña, de las que cuestan pocos euros, mueve la superficie y la hace brillar. Las aves que van de paso lo notan y se paran, aunque no hayan visitado nunca vuestro jardín. Si la ponéis, que no sea muy fuerte: un borboteo suave, no una fuente.

Y una pieza más que casi todos olvidan: una rampa de salida. Una rama rugosa o una tablilla apoyada en diagonal, desde el fondo hasta fuera del bebedero, permite salir a cualquier animal que caiga en un recipiente hondo. Un pájaro mojado y agotado, o un erizo joven, puede ahogarse sin ella.

Tres fallos de diseño y su arreglo

El goteo: cómo llamar a los pájaros con una botella

El sonido de una gota que cae sobre el agua atrae la atención, y su movimiento hace destellos de luz en la superficie. Es la forma más barata de anunciar el bebedero, sobre todo en primavera y otoño, cuando pasan en migración currucas, mosquiteros y papamoscas que no conocen el sitio.

Se hace con una botella de plástico de reciclaje, de 1,5 a 5 L. Os lo explico por pasos:

  • Con una aguja gruesa o un clavo fino, haced un agujero diminuto en el tapón o en el fondo de la botella.
  • Llenadla de agua, colgadla de una rama o de un gancho y bajadla hasta unos 30 o 45 cm por encima del centro del bebedero.
  • Ajustad el agujero, agrandándolo muy poco a poco, hasta que caiga una gota cada uno o dos segundos.

Con ese ritmo, una botella de 1,5 L dura aproximadamente medio día, así que conviene llenarla por la mañana. El agua en movimiento ayuda a que no se asienten larvas de mosquito, pero no sustituye a la limpieza: sigue haciendo falta cambiar el agua del bebedero.

Un segundo plato, a ras de suelo

Un bebedero en pedestal sirve a las aves que se sienten seguras al descubierto. No sirve a los sapos, a las salamandras, a los escarabajos de suelo ni al erizo (Erinaceus europaeus), que no trepan. Para ellos, lo mejor es un segundo plato directamente en el suelo.

Servirá un plato de terracota de unos 25 cm de ancho, con 2 cm de agua como mucho y con dos o tres piedras planas dentro, para que cualquier bicho que caiga pueda salir. Ponedlo en la base de un muro o al borde de un arbusto, con cobertura a menos de 1 m. Rellenadlo cada dos o tres días y frotadlo una vez por semana. Aquí no pongáis bomba: los animales de suelo prefieren agua quieta.

Es una forma sencilla de ver especies discretas, como el sapo que se sienta en el agua a primera hora del día. Mirad desde lejos y no los cojáis: la fauna silvestre se observa, no se maneja. Si veis un erizo, dadle solo agua. Nunca leche, que no la digiere.

Un segundo plato, a ras de suelo

Limpieza: agua fresca y nada de jabón

Un bebedero sucio hace más daño que ninguno. El agua que lleva más de dos o tres días parada cría mosquitos, y en los meses cálidos, mosquito tigre. El fondo se cubre en poco tiempo de una capa verde y resbaladiza que las aves evitan. Además, las aves comparten agua, y las enfermedades se contagian de unas a otras si el recipiente está sucio.

Mi método es simple. Cada dos o tres días, o cada uno o dos en pleno calor, tirad el agua y frotad el fondo con un cepillo duro que sea solo del bebedero. Aclarad con agua fría del grifo. No uséis jabón, lejía ni vinagre: dejan restos que no se ven y huelen a cosa nueva para los pájaros. Si algún día encontráis aves muy decaídas o muertas junto al bebedero, retiradlo un par de semanas, lavadlo bien y avisad al centro de recuperación de fauna de vuestra comunidad.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado el día de cada cambio de agua, con una raya al lado del cuaderno del tiempo. Parece una tontería, pero es lo único que me ha servido para no olvidarme las semanas de mucho trabajo en la huerta. Colgad un papel cerca del bebedero o poned una alarma en el móvil cada dos días: la regularidad pesa más que cualquier diseño.

Limpieza: agua fresca y nada de jabón

Lluvia, heladas y días de viento sur

En mi caserío llueve ciento y pico días al año, y el bebedero se rellena solo, pero también se llena de hojas, polen y barro de las salpicaduras. En otoño pasadle la mano cada día o dos. Cuando entra una helada, sobre todo en los valles del interior, romped la capa de hielo cada mañana con agua tibia (nunca caliente) y no añadáis sal ni anticongelante.

Cuando sopla el viento sur, seco y templado de otoño, el agua se evapora en pocas horas, y los platos tan bajos se quedan vacíos antes de mediodía. Mirad por la tarde.

Para quienes vivís en zonas más calurosas y secas de España, colocad el bebedero en sombra, mejor bajo un arbusto, y cambiad el agua a diario en pleno verano. Una botella de goteo ayuda mucho, pero necesita rellenarse más a menudo. Si queréis más ideas para atraer fauna, tenéis más consejos en la sección de Fauna e insectos.

Lo que más me preguntáis

¿Qué aves vendrán primero a un bebedero nuevo?

Lo normal es que lleguen petirrojos, herrerillos, carboneros, gorriones y jilgueros. En primavera y otoño, con las migraciones, pueden aparecer currucas y mosquiteros. Dadles unas semanas: un bebedero nuevo tarda en entrar en su ruta diaria.

¿Puedo poner agua con azúcar o miel?

No hace falta, y no lo recomiendo. Las aves del jardín necesitan agua limpia, no mezclas que fermentan con el calor y atraen avispas. Con agua fresca y un poco de paciencia es suficiente.

¿Y si el bebedero atrae mosquitos?

Pasa solo si el agua queda parada más de dos o tres días. Cambiadla con esa frecuencia, frotad el fondo y probad el goteo de botella, que mantiene la superficie en movimiento. Con eso la mayoría de los problemas se acaban.

— Maite, desde el caserío