Hormigas en el jardín y la casa: remedios que funcionan

Cuando las hormigas aparecen en fila por la encimera o rodean un rosal, la primera reacción es buscar un veneno rápido. Casi siempre es un error: en la cocina basta con cortar el camino, y en el jardín suelen hacer más bien que mal. Lo que de verdad importa es saber por dónde entran, qué buscan y si hay detrás un problema de pulgones.

Aquí veréis cómo funcionan los rastros de las hormigas, qué hacer dentro de casa, qué conviene en el jardín, por qué aparecen en el hibisco y qué remedios que circulan por internet dejo fuera. Con eso podréis decidir en cinco minutos si hay que actuar o solo mirar.

Hormigas en el jardín y la casa: remedios que funcionan

Por qué las hormigas siguen una fila

Por qué las hormigas siguen una fila

Una hormiga exploradora sale a buscar comida. Cuando encuentra una fuente dulce o grasa, vuelve al nido dejando en el suelo una huella química, la feromona. Las demás siguen esa huella, y en pocas horas hay una fila. Es un sistema de comunicación, no una invasión organizada, y por eso mismo se puede interrumpir sin ningún veneno.

Dos especies son las más comunes por aquí. La hormiga negra de jardín (Lasius niger) hace nidos bajo piedras y losetas, y entra en casa buscando dulces. La hormiga argentina (Linepithema humile) forma colonias enormes cerca de la costa y avanza en filas muy densas. Una sola fila en la cocina suele ser la primera; si veis muchas a la vez, el nido está cerca.

Lo que tienen en común es que cuando matáis solo las que veis, la huella sigue ahí. En minutos llegan otras por la misma ruta. Esa es la razón de que los sprays comerciales den una sensación de victoria que dura una tarde. Para resolverlo hay que actuar sobre tres cosas: el rastro, la comida y la entrada.

Dentro de casa: borrar el rastro y cerrar la entrada

Dentro de casa: borrar el rastro y cerrar la entrada

Primero seguid la fila con la vista hasta ver por dónde entra: una rendija junto a la ventana, el hueco de una tubería o una grieta del zócalo. Luego pasad un paño empapado en agua con un chorrito de vinagre por todo el recorrido, incluida la entrada. El vinagre borra la huella, y sin ella la fila se desorganiza. Hacedlo en superficies que lo resistan, no en mármol ni en piedra natural.

Después, cerrad el hueco. Un poco de silicona o masilla en la grieta evita que vuelvan, y es la parte que más se olvida. Guardad el azúcar, la miel y las migas en recipientes cerrados, y no dejéis platos de la mascota con restos toda la noche. Si ponéis una barrera de canela molida en el umbral, que sea seca y fina: desanima a algunas, aunque no es una solución definitiva y deja de servir con la humedad.

Si la fila persiste, hay cebos comerciales autorizados para uso doméstico que las propias hormigas llevan al nido. Seguid la etiqueta al pie de la letra y colocadlos fuera del alcance de niños y mascotas. Yo no preparo mezclas caseras con productos del botiquín o de la limpieza, porque su dosis es difícil de controlar y pueden dañar a quien no queréis dañar.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado el día y el lugar exacto por donde entró cada fila. Con dos o tres anotaciones se ve el patrón: casi siempre es la misma grieta, y casi siempre en la misma semana de lluvia fuerte. Eso os dice dónde sellar y cuándo vigilar, sin gastar nada.

En el jardín: convivir y redirigir

En el jardín: convivir y redirigir

Fuera de casa, las hormigas hacen un trabajo útil: airean la tierra, descomponen restos y sirven de alimento a pájaros y lagartijas. No hace falta acabar con ellas. Solo hay un par de situaciones donde conviene intervenir: cuando el nido está dentro de una maceta, o debajo de un bancal de siembra donde las raíces se quedan al aire.

Para una maceta con un nido, sumergidla en un cubo de agua hasta el borde durante media hora. Las hormigas salen y buscan otro sitio. En el suelo del huerto, aflojad la tierra con la horquilla y regad con agua sola; el nido se traslada. No echéis sal, bicarbonato ni mezclas en el suelo: dañan las raíces y la vida de la tierra, y en nuestra arcilla se quedan atrapados.

Algunas aromáticas pueden desanimar el paso, como la menta, la lavanda o el romero plantados en el borde de un paseo. El efecto es modesto, y no os prometo que las aleje del todo. Las aromáticas mediterráneas, además, necesitan macetas con buen drenaje y refugio de la lluvia en nuestras laderas. En la ladera, las hormigas suben a casa sobre todo en otoño, cuando el sirimiri encharca los nidos y buscan terreno seco.

El clima de aquí lo condiciona todo: lluvia casi todo el año, veranos suaves de 20 a 25 °C con algún día de viento sur, heladas de noviembre a abril en el interior y arcilla ácida que se encharca. En el sur y el interior de España, más cálidos y secos, la presión es mayor en verano y las hormigas buscan el agua dentro de las casas: allí importa dejar menos charcos y goteos.

Hormigas en el hibisco: no se comen la flor

Si veis un botón de hibisco (Hibiscus rosa-sinensis) cubierto de hormigas, no está siendo devorado. La planta produce néctar en la base de los sépalos, la parte verde que envuelve el botón, y las hormigas van a beberlo. A cambio, vigilan el botón y apartan a otros insectos pequeños que sí podrían dañarlo. Es un intercambio normal en muchas plantas, y suele terminar cuando la flor se abre.

No hay que rociar nada en ese caso. Mirad solo si, además del néctar, hay otra cosa: hojas pegajosas, brotes tiernos encogidos o puntitos verdes agrupados en el envés. Entonces las hormigas no van al néctar, sino a los pulgones, a los que cuidan para quedarse con su melaza. Ahí sí hay un problema que tratar.

Contra el pulgón empezad por lo más suave: un chorro de agua a presión media, retirarlos a mano con un paño húmedo y dejar que las mariquitas hagan el resto. Si la plaga sigue, comprad un producto autorizado en un centro de jardinería y seguid la etiqueta. Cortad las ramas que sirvan de puente entre un arbusto y otro, porque por ahí pasan las hormigas con su ganado.

Remedios que dejo fuera

Circulan muchos cebos con ácido bórico o bórax, a veces sobre cáscaras de plátano, y son los que más aparecen en las redes. No los recomiendo: son productos tóxicos para otros insectos, entre ellos las abejas, y para mascotas, y no son un plaguicida autorizado para el jardín. Una cáscara de plátano sola, sin esos añadidos, no controla nada.

Tampoco aconsejo verter litros de bicarbonato disuelto sobre el hormiguero. Sin pruebas de que funcione, ensucia la tierra con sales y daña las raíces cercanas. Y los cebos de bicarbonato con azúcar, aunque se repiten mucho, no tienen respaldo serio. Los posos de café, el limón o la pimienta quedan en el apartado de costumbres: no hacen daño, pero tampoco hay que esperar milagros.

Para más ideas sobre otras plagas, tenéis la sección de plagas y enfermedades.

Lo que más me preguntáis

¿Por qué vuelven si ya limpié la fila?

Lo normal es que la entrada siga abierta o que haya comida accesible. Limpiar borra la huella, pero otra exploradora puede abrir un camino nuevo. Sellad la grieta y guardad lo dulce, y repetid la limpieza durante unos días.

¿Las hormigas dañan las plantas del huerto?

Por sí solas, casi nunca. Lo que dañan es el sistema de raíces cuando hacen su nido justo debajo, y favorecen a los pulgones. Si veis las dos cosas, tratad el pulgón y trasladad el nido con agua sola.

¿Cuándo debo llamar a un profesional?

Cuando el nido esté dentro de las paredes o del forjado, o cuando las filas vuelvan cada semana a pesar de haber sellado y limpiado. Un servicio de control de plagas localiza el nido, algo que desde fuera es difícil.

— Maite, desde el caserío