Una sansevieria olvidada tres semanas en un pasillo sigue verde y firme, mientras que un ficus lira recién comprado tira la mitad de las hojas en cuatro días. La diferencia no está en la mano de quien las cuida, sino en lo que cada planta soporta. Si buscáis plantas de interior fáciles y no queréis gastar el dinero en macetas que acaban en el contenedor, lo sensato es empezar por las que perdonan.
Aquí encontraréis seis especies que aguantan poca luz y riegos espaciados, el motivo por el que casi todas mueren por exceso de agua y no por falta, las plantas bonitas que conviene dejar para más adelante y una forma barata de multiplicar lo que ya tengáis. Todo pensado para una casa del norte, con días nublados y calefacción en invierno.
Primero, la luz de vuestra casa
Antes de elegir planta, mirad vuestras ventanas. En el País Vasco hay muchos días de nubes bajas y sirimiri, y una habitación que parece luminosa a las doce puede quedarse en penumbra la mayor parte del año. Una regla práctica: a más de 2 m de una ventana ya es sombra, y a 1 m con cortina fina hay luz suficiente para casi todas las especies de esta lista. Si en el sitio elegido tenéis que encender la lámpara para leer a mediodía, la planta también lo nota.
En invierno añadid un segundo factor, la calefacción. Seca el aire y evapora el agua de la maceta, pero las plantas, con menos luz, gastan menos agua, así que se riega menos de lo que se supone. Para quien vive en la España más cálida, el problema es el contrario: el sol directo de una ventana al sur en julio quema las hojas en una tarde. Corred la planta 1 m hacia dentro o poned un visillo, y lo mismo vale para el resto del artículo.
Seis plantas que perdonan casi todo
Todas se encuentran en cualquier vivero o en Leroy Merlin y Bauhaus, y una maceta pequeña suele costar menos de 10 €. Os las dejo por orden de resistencia, de la más dura a la que pide algo más de atención.
Sansevieria

La sansevieria o lengua de suegra (Dracaena trifasciata) es la campeona del olvido. Tolera desde un rincón en sombra hasta un alféizar soleado, y en una casa del norte basta con regarla cada 2 o 3 semanas en verano y una vez al mes en invierno. Su único enemigo es el platillo lleno de agua: las raíces se pudren y las hojas se ablandan desde la base.
Zamioculca

La zamioculca (Zamioculcas zamiifolia) guarda el agua en unos rizomas gruesos bajo la tierra, por eso aguanta semanas secas y un salón poco iluminado. Regadla cuando el sustrato esté seco en toda la maceta, más o menos cada 2 o 3 semanas. Si las hojas amarillean, casi siempre ha recibido más agua de la cuenta.
Aspidistra

La aspidistra (Aspidistra elatior) es la planta de los portales y los pasillos oscuros de toda la vida. Crece despacio, soporta temperaturas de 10 a 25 °C y se conforma con luz de sombra. Regadla cuando los 3 cm superiores de tierra estén secos y no la pongáis nunca al sol directo, que le deja manchas marrones.
Potos

El potos (Epipremnum aureum) se cuelga de un estante o trepa por una cuerda, y se adapta a cualquier orientación sin sol directo. Va bien entre 15 y 28 °C. Se riega cuando el sustrato está seco en los 2 o 3 cm de arriba, más o menos una vez por semana en verano, y si las hojas se arrugan o cuelgan, es sed.
Cinta

La cinta (Chlorophytum comosum) tiene raíces carnosas que almacenan agua y por eso perdona un riego tardío. Prefiere luz clara sin sol directo y temperaturas de 13 a 27 °C. Cuando las puntas se ponen marrones, suele ser cal del agua del grifo o aire muy seco, y se arregla regándola con agua de lluvia o con agua que haya reposado un día.
Espatifilo

El espatifilo (Spathiphyllum wallisii) es la única de la lista que pide cierta atención, aunque avisa con tiempo: cuando tiene sed, las hojas se desploman de forma dramática y vuelven a levantarse en un par de horas tras un buen riego. Quiere el sustrato ligeramente húmedo, luz media y entre 18 y 27 °C. A cambio, da flores blancas en interior.
Los errores de principiante
El primero es regar por calendario en vez de mirar la tierra. Casi todas las plantas de esta lista prefieren quedarse un poco secas que encharcadas, y una raíz ahogada acaba con más plantas que cualquier olvido. Si dudáis, esperad un día más.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado desde siempre el día de cada riego, y os recomiendo lo mismo con cada planta nueva. Anotad la fecha y, durante dos meses, hundid un palillo de madera 5 cm en la tierra antes de regar: si sale limpio y seco, regad; si sale con tierra pegada, esperad. Pasado ese tiempo ya conoceréis el ritmo de vuestra casa, que es el que cuenta.
El segundo error es comprar diez plantas de golpe, y os lo digo por experiencia. Empezad con una, o con tres como mucho, y convivid un mes con ellas antes de ampliar la colección: así descubrís cuánta luz tiene de verdad la casa y a qué ritmo secan las macetas. El tercero es usar una maceta sin agujeros de drenaje; si queréis un cubretiestos bonito, dejad la maceta de plástico dentro y vaciad el agua sobrante a los diez minutos.
Un último aviso: no compréis plantas para limpiar el aire de casa. Se repite mucho, pero en un salón normal el efecto es despreciable y los estudios de laboratorio no se trasladan a una vivienda real; ventilad cinco minutos cada día y tendréis más resultado. Compradlas porque os gusta verlas.
Plantas bonitas que conviene dejar para después
Hay plantas que se venden por miles y sobreviven poco en un salón corriente. El ficus lira (Ficus lyrata) suelta hojas en cuanto lo movéis de sitio o le da una corriente. El collar de perlas (Senecio rowleyanus) se pudre si regáis de más y se seca si regáis de menos. El culantrillo (Adiantum capillus-veneris) es un helecho nativo de nuestras fuentes y roquedos, y un solo día sin humedad bajo la calefacción lo deja crujiente. La atrapamoscas (Dionaea muscipula) pide pleno sol, agua sin minerales y un invierno frío, y la calatea (Calathea) pide humedad alta constante y agua sin cal.
No son malas plantas; piden condiciones que una casa media no tiene. Lo mismo ocurre con las plantas con flor que se compran en el supermercado. Quitadles las flores marchitas y alguna flor abierta para que la planta no se agote, ponedlas en el sitio más luminoso, y protegedlas del frío durante el trayecto a casa, que es lo que más daño hace. Para más ideas de cuidados de este tipo, mirad la sección de cuidados básicos.
Multiplicar lo que ya tenéis
Las plantas fáciles son también las más fáciles de multiplicar, y es la forma más barata de llenar la casa. La cinta produce hijuelos colgando de largas varas: cortad uno con raíces incipientes y plantadlo en una maceta pequeña con sustrato universal húmedo. El potos enraíza en un vaso de agua en 2 o 3 semanas; cambiad el agua cada pocos días y pasad a la tierra cuando las raíces midan 5 cm. La pilea (Pilea peperomioides) echa hijuelos al pie de la madre, y el ficus elástico (Ficus elastica) también se multiplica por esqueje, aunque con más lentitud.
Las tres condiciones valen para casi cualquier esqueje: sustrato húmedo con buen drenaje, buena luz sin sol directo las primeras semanas y paciencia. Hay quien siembra siguiendo la luna menguante, y no hay prueba de que eso cambie algo; lo importante es el esqueje sano y la luz.
Lo que más me preguntáis
¿Cada cuánto tengo que regar una planta de interior?
No hay una frecuencia válida para todas. En una casa del norte, el sustrato tarda entre 1 y 3 semanas en secarse según la planta, la maceta y la estación. Comprobad con el dedo o con un palillo, y regad solo cuando esté seco en los centímetros superiores.
¿Puedo poner estas plantas en un baño sin ventana?
No, por mucha humedad que haya. Ninguna planta vive de la luz de una bombilla de baño que se enciende cinco minutos al día. Si el baño tiene una ventana pequeña, sí funcionan el potos o la sansevieria cerca del cristal.
¿Son seguras si tengo gatos o perros?
Varias de las plantas de esta lista no se deben mordisquear, entre ellas la sansevieria, el potos, la zamioculca y el espatifilo. Colocadlas en alto o en una habitación cerrada, y si vuestro animal muerde alguna, consultad con el veterinario.
— Maite, desde el caserío
