Flores silvestres de España: bordura, árboles y semillas

Una lista de flores silvestres «españolas» puede llevaros a plantar medio continente americano sin saberlo. La gaura, la amapola de California o el cosmos florecen mucho y se venden en todos los viveros, pero no son de aquí. Las flores silvestres autóctonas de España son las que han crecido siglos en nuestros ribazos, y en un jardín del norte cuestan menos trabajo y alimentan a más insectos.

Esta guía separa lo que es autóctono de lo que solo se anuncia como tal, y recorre lo que podéis hacer con ello: una bordura de poco mantenimiento, árboles que florecen en primavera, bolas de semillas, guardar vuestras propias semillas y las pocas flores que se pueden comer.

Flores silvestres de España: bordura, árboles y semillas

Una bordura de flores de aquí

Las especies de mejor resultado en una bordura atlántica son la margarita mayor (Leucanthemum vulgare), la milenrama (Achillea millefolium), el aciano (Centaurea cyanus), la amapola común (Papaver rhoeas), la malva silvestre (Malva sylvestris) y la viborera (Echium vulgare). Todas crecen en cunetas y prados de la península, atraen abejas silvestres, abejorros y sírfidos, y se conforman con un suelo pobre. La caléndula (Calendula officinalis) no es silvestre de aquí, pero se naturaliza fácil, florece mucho tiempo y también sirve de cebo para polinizadores.

Una bordura de flores de aquí

La regla de la bordura silvestre es sencilla: sol, buen drenaje y poco más. Un exceso de abono o de agua da mucha hoja y pocas flores, y las plantas caen con la primera lluvia fuerte. En el norte, donde el suelo suele ser pesado y arcilloso, mezclad arena gruesa en la zona de siembra y, si el terreno encharca, levantad la bordura 20–30 cm. Durante el primer verano dadles agua hasta que arraiguen; después, olvidaos de ellas. Segad una vez al año, a finales de otoño, y dejad los tallos secos hasta entonces como refugio de insectos. Con esta mezcla tendréis color desde mayo hasta octubre, con la milenrama y la margarita al principio, el aciano y la malva en pleno verano y la viborera hasta el final.

Para quien vive en zonas secas y calurosas, la lavanda (Lavandula stoechas) y la salvia son una buena compañía de la bordura, porque aguantan el sol y la sequía. En el norte pedid siempre que el suelo drene bien, porque con 1.000 mm de lluvia al año, la lavanda pudre su base.

Árboles que florecen en primavera

La lista que circula de seis «árboles autóctonos» mezcla especies de aquí con otras de América. Tres de esos seis no son de aquí: el tulipero (Liriodendron tulipifera), la magnolia de hoja grande (Magnolia grandiflora) y el árbol de nieve (Chionanthus virginicus); son árboles bonitos y adaptados, pero de gran tamaño, y no aportan lo mismo que uno local para la fauna. El árbol del amor (Cercis siliquastrum) viene del Mediterráneo oriental y está naturalizado desde hace siglos.

Árboles que florecen en primavera

De los que sí son de aquí, el cornejo macho (Cornus mas) abre unas florecillas amarillas a finales del invierno, antes que las hojas, y da frutos rojos en agosto que aprovechan los pájaros. El guillomo (Amelanchier ovalis) lleva flores blancas en abril y bayas azul oscuro en verano. Y para un jardín atlántico hay tres más, muy fáciles: el endrino (Prunus spinosa), el espino albar (Crataegus monogyna) y el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia). Los tres florecen entre marzo y mayo y dan fruto a los mirlos y las currucas.

Una floración temprana también ayuda a la fauna: en marzo, cuando casi no hay otra flor abierta, un endrino cubierto de flores es una despensa para los abejorros reina recién despertados. Plantadlos en otoño o a finales de invierno, con un hoyo del doble de ancho que el cepellón. Dejad espacio: un espino adulto cubre 4–5 m de ancho.

Bolas de semillas sin hacer daño

Una bola de semillas es una mezcla de tierra, papel y semillas que se deja secar y se coloca en un hueco del jardín. Funciona para rincones que no sabéis cómo cubrir. Remojad unos minutos papel de periódico o cartón fino roto en trozos pequeños, escurridlo y mezcladlo con tierra o compost, a razón de unas tres partes de tierra por una de papel. Añadid una cucharada de semillas por cada taza de mezcla, formad bolas del tamaño de una nuez y dejadlas secar 2–3 días a la sombra.

Bolas de semillas sin hacer daño

Elegid semillas de especies autóctonas de vuestra zona, de las que hemos hablado, y no una mezcla de nombre bonito de origen incierto. Y lanzadlas solo en terreno vuestro o con permiso. Tirar bolas en un monte, una duna o un espacio protegido puede introducir especies que no pertenecen allí. Mejor momento: de septiembre a noviembre, antes de las lluvias, o en marzo-abril. Las babosas se comen muchas semillas, así que no esperéis que nazcan todas.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que las bolas germinan mejor si caen en tierra recién rascada con el rastrillo, sin hierba encima. Una bola echada sobre césped denso casi nunca prospera: la semilla tiene que tocar la tierra.

Guardar las semillas de vuestras flores

Guardar semillas es la forma más barata de repetir el jardín cada año, y las flores de arriba son fáciles porque sus semillas son grandes. La regla: esperad a que la cabeza se seque en la planta. Cortada verde, la semilla no ha madurado y no germina. Está lista cuando la cabeza es marrón, crujiente, y las semillas se sueltan al frotarla entre los dedos.

Guardar las semillas de vuestras flores

En el norte llueve en otoño, así que cortad las cabezas en un día seco, cuando empiecen a dorarse, y terminad de secarlas en casa, sobre papel, durante una semana. Guardadlas en sobres de papel, apuntando por fuera especie y año de recogida, y metedlos en un tarro con tapa, en un sitio fresco, seco y oscuro. Evitad las bolsas de plástico cerradas: la humedad atrapada cría hongos. Así duran de 2 a 4 años. Las más agradecidas son la caléndula, el aciano, la amapola y la margarita mayor.

Flores que también se comen, con cabeza

Hay flores de jardín con tradición en la cocina: los pétalos de caléndula en arroces y ensaladas, las flores de borraja en ensalada, los pétalos de rosa en mermelada y las flores de saúco (Sambucus nigra) en buñuelos o sirope. Las del diente de león, en ensalada o buñuelos. Usadlas solo si estáis seguros de la especie y de que nada las ha tratado: cultivo propio sin productos químicos o proveedor ecológico, nunca de floristería, de cuneta ni de zonas con herbicidas. Si dudáis de una planta, no la comáis. Como cualquier comida, probad poca cantidad la primera vez y no hagáis de ellas un uso medicinal: aquí hablamos solo de cocina y decoración de platos. Las bayas del saúco no se comen crudas.

Lo que más me preguntáis

¿Se puede sembrar cualquier mezcla de flores silvestres?

Conviene mirar la etiqueta. Si no detalla las especies y de dónde viene la semilla, es mejor evitarla. Una mezcla de autóctonas de vuestra zona se adapta al clima y alimenta a los insectos del lugar.

¿Cuándo es el mejor momento para sembrarlas en el norte?

Lo más seguro es el otoño, de septiembre a noviembre, sobre tierra rascada. La humedad del invierno ayuda a que germinen y en primavera ya hay planta. Si se os pasa, sembrad en marzo-abril.

¿Por qué mi bordura no florece?

Casi siempre por exceso de abono y de agua, o por sombra. Las flores silvestres necesitan sol y suelo pobre. Dejad de abonar, no reguéis y, si hay hierba muy alta, rascad la tierra en otoño antes de volver a sembrar.

— Maite, desde el caserío