Cada semana sale de la cocina un cubo de restos, y casi todos los trucos que circulan prometen más de lo que dan: la piel de plátano que lo arregla todo, el pan enterrado junto a las raíces, el pescado fermentado en un bote. Los restos de cocina como abono funcionan, pero de una forma más modesta y más útil de lo que se cuenta. Casi todo vale para el compost, y solo unas pocas cosas valen para echarlas directamente a la maceta o al bancal.
A continuación veréis qué aporta de verdad cada resto, cómo prepararlo, cuánto echar y qué debe quedarse fuera del cubo. Ninguno sustituye a un buen compost ni a un abono equilibrado; son un complemento barato que, además, reduce lo que tiráis a la basura.
Qué hace un resto de cocina por la tierra
Conviene empezar por lo que no hace. Una piel de plátano o una cáscara de huevo contienen nutrientes, pero en cantidades pequeñas y lentas de liberar. Lo que sí aportan es materia orgánica, el alimento de las lombrices y de los microbios que mantienen la tierra suelta y viva. Por eso el beneficio se nota al cabo de meses y no de días.
La regla del compost cabe en una frase: mezclad restos húmedos, que son los verdes (verdura, fruta, posos), con restos secos, que son los marrones (hojas secas, cartón sin tinta, paja). Dos o tres puñados de marrón por cada puñado de verde evitan el olor y la papilla. Si el montón huele a podrido, le falta marrón.
Lo que va directo a la planta
Estos cinco restos se pueden aplicar sin pasar por el compost, siempre en poca cantidad y con la preparación correcta.
Posos de café

Los posos usados aportan materia orgánica y algo de nitrógeno, y a las lombrices les gustan. Lo que no hacen es acidificar la tierra: ya usados, su pH queda casi neutro, así que no sirven como remedio para hortensias azules. Extendedlos un día en una bandeja para que se oreen, porque húmedos crían moho, y mezcladlos con la tierra en una capa de 1 cm como máximo. Una capa gruesa forma una costra que no deja pasar el agua.
Cáscaras de huevo

Aportan calcio, pero solo si las laváis bien, las secáis y las moléis hasta dejarlas casi en polvo; un mortero o un molinillo de café viejo hacen el trabajo. Una cucharada sopera por maceta de 20 cm basta. Los trozos grandes tardan años en deshacerse. Tampoco frenan a las babosas, aunque se repita mucho, y la podredumbre del fondo del tomate se debe sobre todo a un riego irregular, no a que falte calcio en la tierra.
Pieles de plátano

Tienen potasio, que ayuda a la floración y al cuajado de los frutos. Cortadlas en trozos pequeños y enterradlas a 5 cm de profundidad junto a la planta, sin etiquetas; si el plátano no es ecológico, lavadlo antes. Tardan semanas en desaparecer. También podéis dejarlas 48 horas en agua y regar con el líquido rebajado a la mitad, pero es un abono flojo y huele pronto: no lo repitáis más de una vez cada tres semanas.
Aguas de cocción y de aclarado

El agua de cocer verduras, patatas o huevos, y la del aclarado del arroz, se puede usar para regar una vez fría, siempre sin sal, porque la sal daña las raíces y se acumula en la tierra. Aportan muy pocos minerales: su utilidad real es ahorrar agua, no abonar. En interior, el almidón del arroz alimenta moho y mosquitos del sustrato, así que reservad esa agua para el exterior.
Ceniza de la lumbre

Os lo digo por experiencia: en mi caserío la ceniza de la lumbre es lo único que nunca falta. Contiene potasio y calcio, pero sube el pH. Usadla solo si es de madera sin tratar, un puñado por metro cuadrado y año como máximo, y nunca junto a hortensias, camelias, rododendros ni arándanos. En el País Vasco, donde la lluvia ya acidifica el suelo, es un recurso para tomates y frutales, no para todo.
Lo que va al compost
Restos de verdura y fruta

Pieles, corazones, hojas exteriores y tallos: todo al montón, picado en trozos de unos 3 cm para que se deshaga antes. Los cítricos y la cebolla, con moderación, porque en cantidad frenan a las lombrices. El pan viejo solo en trozos pequeños y mezclado en el centro; si lo dejáis en la superficie, atrae ratas, y enterrado suelto junto a las plantas se enmohece sin alimentarlas.
Los restos de verdura también pueden volver a crecer. La base de un puerro, de una cebolleta, de un apio o de una lechuga, con 2 cm de agua en un vaso, echa raíces en una semana y se pasa a una maceta; no esperéis una hortaliza entera, pero sí hojas para cocinar. Las patatas de la compra no las plantéis, porque pueden llevar enfermedades y tratamientos contra la germinación: usad patata de siembra.
El truco de la libreta
En el vivero aprendí a tapar cada capa de restos frescos con un puñado de hojas secas. Guardad una bolsa de hojas junto al compostador, y cada vez que vaciéis el cubo, cubrid. No salen moscas, no huele y el montón no se encharca.
Lo que nunca debe entrar

Pescado, carne, huesos, lácteos, aceite y comida cocinada atraen ratas, zorros y perros, y huelen mucho. Los trucos de enterrar restos de pescado o de fermentarlos en un bote funcionan en otros climas y en fincas grandes, pero en un jardín pequeño y húmedo son un problema de vecindad. Solo una compostadora cerrada y preparada para ello admite pequeñas cantidades.
El norte y el resto de España
Aquí la lluvia es el enemigo del compost: un montón abierto se empapa en octubre y se queda frío y malo. Cubridlo con una tapa o una chapa, y añadid más marrón en invierno, cuando cae menos verde y llueve más. En el bancal, el agua se lleva los nutrientes de la superficie, de modo que es mejor aplicar poco y a menudo que mucho de golpe.
En la España más seca y caliente el problema es el contrario. El compost se reseca en dos semanas: regadlo cuando lo toquéis, cubridlo con cartón y situadlo a media sombra. La ceniza y las cáscaras de huevo sobran en esos suelos alcalinos; los posos y las pieles de verdura, en cambio, ayudan a retener humedad. Para más ideas de cuidados básicos, pasad por la sección de cuidados básicos.
Lo que más me preguntáis
¿Cuánto tarda en estar listo el compost de cocina?
En un montón frío, entre seis y doce meses; si lo volteáis cada dos semanas y mantenéis la mezcla de verde y marrón, puede estar en tres o cuatro. Está listo cuando huele a bosque y ya no se reconocen los restos.
¿Puedo usar el agua de hervir verduras si lleva sal?
Mejor no. La sal se acumula en la tierra y daña las raíces, sobre todo en macetas, donde no hay lluvia que la lave. Si la habéis salado, tirad el agua o usadla para fregar el suelo.
¿Los restos de cocina atraen ratas?
Los vegetales crudos, casi nunca. Los cocinados, el pan, la carne y el pescado, sí. Usad una compostadora cerrada con base de malla fina, y no dejéis restos frescos sin cubrir.
— Maite, desde el caserío
