Agave: por qué florece una vez y qué hacer después

Un agave que ha pasado quince o veinte años como una roseta de hojas carnosas puede lanzar en unas semanas un tallo más alto que una casa de dos plantas. Cuando acaba de florecer, la planta madre se seca. No es una enfermedad ni un descuido vuestro: es lo normal en el agave, y conviene saberlo antes de asustarse.

Aquí explico por qué florece una sola vez, qué pasa con la roseta después, cómo separar los hijuelos que deja y qué cambia cuando el agave vive en un clima lluvioso como el nuestro, donde el invierno es más peligroso para él que cualquier otra cosa.

Ficha rápida

Nombre científico
Agave americana (y otros agaves de maceta)
Luz
Pleno sol; en el norte, el sitio más luminoso que tengáis
Riego
Muy poco: cada 2 o 3 semanas en verano, casi nada en invierno
Temperatura mínima
Hasta -5 °C si el sustrato está seco; la humedad fría lo pudre
Toxicidad
Savia irritante; tóxica para perros y gatos

Por qué el agave florece una sola vez

Por qué el agave florece una sola vez

Los botánicos lo llaman monocarpismo, que significa dar fruto una sola vez en la vida. El agave pasa años acumulando azúcares y agua en la roseta. Cuando tiene reserva suficiente, que según la especie y las condiciones tarda entre 8 y más de 25 años, gasta todo en un solo esfuerzo: un tallo que puede crecer varios centímetros al día, con flores en lo alto, y después las semillas. Lo que no gasta en flores no le sirve para nada más, y la roseta madre muere en los meses siguientes.

No lo dejan a la suerte. Antes de florecer, casi todos los agaves producen hijuelos en la base, y algunas especies, bulbilos (pequeñas plantitas) en el propio tallo floral. Son clones de la madre y suelen tener ya raíz propia cuando ella se acaba. El relevo está asegurado.

El agave en el norte húmedo

En el País Vasco el agave tiene dos enemigos: la lluvia y las heladas combinadas con el agua. Un agave plantado en nuestra tierra arcillosa, que retiene agua en invierno, se pudre por la raíz antes de que el frío le haga daño. Lo sensato es cultivarlo en una maceta grande con agujeros, en sustrato muy drenante (mitad sustrato para cactus y mitad grava o perlita), y resguardarlo de noviembre a marzo en un porche o una galería luminosa. Aquí os ayudará la sección de suculentas y cactus.

Con tan poca luz, un agave de maceta del norte tarda más en florecer y puede que no lo haga nunca. Si alguna vez veis el tallo, ya sabéis que es una buena señal de que la planta ha estado a gusto. En el sur y en el litoral mediterráneo, donde el agave aguanta en tierra todo el año, florece antes, y ahí el hijuelo es casi una cuestión de tiempo.

Qué agave elegir para una maceta

No todos los agaves valen para un tiesto. El Agave americana de la ficha llega a 1,5 o 2 m de anchura y acaba pidiendo un patio; sus hojas terminan en una espina dura que se clava a la altura de los ojos de los niños, así que ponedlo lejos de los pasos. Para un balcón pequeño es mejor el Agave parryi, una roseta compacta de unos 40 cm, o el Agave attenuata, de hojas suaves y sin espinas, aunque este último no tolera ninguna helada y debe entrar en casa en cuanto bajen las noches de 5 °C.

Cualquiera de ellos pide lo mismo: sol, una maceta más ancha que alta y riego espaciado. Comprobad antes de regar que el sustrato está seco hasta el fondo, metiendo un dedo o un palillo de madera. En una maceta de 30 cm, un riego abundante cada dos o tres semanas en verano es suficiente. Con las lluvias de otoño, mantenedlo bajo cubierta, porque el exceso de agua es la primera causa de muerte de un agave en el norte, mucho antes que la edad.

Qué hacer cuando aparece el tallo

Qué hacer cuando aparece el tallo

Tenéis dos opciones. La primera, y la que os recomiendo, es dejarlo crecer. Es un espectáculo que no se repite, y las semillas o los hijuelos continúan la planta. Si el tallo va a chocar con un techo o un tendedero, moved la maceta antes de que crezca.

La segunda opción es cortar el tallo en cuanto brota. Se hace en la producción de tequila y mezcal para que la piña conserve los azúcares, y en una planta de adorno puede retrasar el agotamiento, pero no hay garantía de que la planta no florezca después. Si lo hacéis, usad guantes gruesos y gafas: la savia irrita la piel y las espinas de la punta pinchan fuerte. Y apartad a los perros y gatos mientras trabajáis.

Cuando la roseta madre se ha secado del todo, podadla a ras del sustrato con una sierra o un cuchillo limpio. Hasta entonces dejadla donde está: sigue pasando energía a los hijuelos.

Cómo separar y plantar los hijuelos

Si no hay hijuelos ni bulbilos, quedan las semillas, que se pueden sembrar, aunque es lento. Con hijuelos, es un trabajo de cuatro pasos.

Esperar a que tengan tamaño

Esperar a que tengan tamaño

Esperad a que cada hijuelo tenga al menos un tercio del tamaño de la madre y raíces propias. Más pequeños, se secan. Si hay muchos, elegid tres o cuatro sanos y quitad los demás, o competirán por agua y por sitio.

Separar con una herramienta limpia

Separar con una herramienta limpia

Regad un día antes, sacad la maceta o apartad la tierra y cortad la unión entre el hijuelo y la madre con un cuchillo afilado y desinfectado con alcohol. Llevad guantes y evitad el contacto de la savia con los ojos.

Dejar cicatrizar la herida

Dejar cicatrizar la herida

En el vivero aprendí que cualquier planta recién cortada se pudre menos si la herida cicatriza al aire. Dejad el hijuelo de dos a cuatro días a la sombra, en un sitio seco y con ventilación, hasta que el corte esté seco y duro.

Plantarlo en una maceta con drenaje

Plantarlo en una maceta con drenaje

Poned una maceta algo más ancha que el hijuelo, con agujeros y una capa de grava en el fondo, y llenadla con el sustrato drenante de antes. Plantad con la base apenas enterrada y no reguéis hasta pasada una semana. Después regad poco: el hijuelo tarda un par de años en ser una planta independiente.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntada la fecha de cada trasplante y de cada primer riego. Con las suculentas ayuda mucho: si un hijuelo se arruga a las tres semanas, miráis la libreta y sabéis si ha sido sed o exceso de agua, en lugar de adivinar.

Lo que más me preguntáis

¿Se puede salvar el agave después de florecer?

La roseta madre, no. Pero la planta continúa en sus hijuelos, y si no hay ninguno, en las semillas. Por eso, si veis que se acerca la floración, es buen momento para vigilar la base y buscar hijuelos.

¿Cuántos hijuelos dejo junto a la madre?

Mientras la madre vive, dejad dos o tres de los más sanos. Si queréis una mata que conserve el volumen, quitad el resto para que no compitan. Después de que la madre muera, separad también esos.

¿Cuántos años tarda un agave de maceta en florecer en el norte?

Entre 15 y 30 años si está a gusto, y puede que nunca. La poca luz del invierno y la maceta limitan la reserva que necesita. No lo toméis como un fracaso: un agave que no florece es una planta que sigue viva.

— Maite, desde el caserío