Sustrato para bancales elevados: capas y mezcla

Llenar un bancal con sacos de sustrato para bancales elevados sale caro y, en el norte, además se queda corto. Un bancal de 1,2 × 2,4 m con 25 cm de relleno pide unos 700 litros: son 14 sacos de 50 litros, a unos 10 € cada uno, 140 € solo en tierra. Y la lluvia compacta esos sustratos ligeros hasta que, a la segunda temporada, el nivel ha bajado un palmo.

Hay otra manera, más barata y con más vida dentro: rellenar por capas, con materiales de la zona y sin cavar. Aquí tenéis las medidas del marco, las capas en orden, la mezcla de la capa de cultivo, los rellenos que conviene evitar y lo que cambia en un huerto donde llueve ciento y pico días al año.

Cómo rellenar un bancal elevado paso a paso

Son cinco pasos y una tarde de trabajo si tenéis el material a mano. Lo grueso va abajo, lo fino arriba y la cobertura al final.

Medir el marco y elegir sitio

Medir el marco y elegir sitio

Haced el bancal de 1 a 1,2 m de ancho, para llegar al centro desde los dos lados sin pisar la tierra. El largo es el que os quepa. De altura bastan 25 cm; si queréis cultivar zanahoria o patata, subid a 40 o 60 cm. Dejad pasillos de 60 a 80 cm, que es lo que necesita una carretilla, y cubridlos con corteza de pino o astillas para que no crezca la hierba.

Orientad el lado largo de norte a sur, así las dos caras reciben sol. Buscad un sitio con al menos 6 horas de sol directo en verano; en los valles húmedos eso es más difícil de lo que parece, así que mirad dónde cae la sombra de la casa en julio, no en marzo. La madera sin tratar aguanta unos cuatro o cinco años aquí; el castaño o el alerce duran más. Ladrillo y piedra no se pudren nunca.

Poner cartón en el fondo

Poner cartón en el fondo

Si el bancal está sobre hierba, no hace falta quitarla. Extended cartón liso, sin cinta ni tinta brillante, con solapes de 15 cm, y mojadlo bien para que se pegue al suelo. Tapa la luz a la hierba, y las lombrices se lo comen en una temporada.

No pongáis una capa de grava en el fondo si el bancal está sobre tierra: no mejora el drenaje y le quita hueco a las raíces. Solo tiene sentido sobre una terraza o un suelo duro, y entonces el marco necesita agujeros de salida del agua, además de 5 cm de grava para que no se tapen.

Echar la capa gruesa

Echar la capa gruesa

Encima va el material basto: ramas finas, restos de poda triturados, hojas y paja. En un bancal de 25 cm, poned 10 cm; en uno hondo de 60 cm, llegad a la mitad. Pisadlo un poco y regadlo. Esa capa se descompone despacio, guarda agua para el verano y deja pasar el exceso en invierno.

Dos avisos. Usad hojas y restos ya medio secos, no hierba fresca ni serrín, que se calientan o se apelmazan. Y no pongáis madera gruesa arriba del todo: al descomponerse gasta nitrógeno, y lo gasta justo donde están las raíces.

Preparar la mezcla de cultivo

Preparar la mezcla de cultivo

La capa de cultivo es la que importa y debe medir de 15 a 20 cm como mínimo. Mezclad por volumen, con una carretilla o un cubo como medida: la mitad de compost maduro, un cuarto de tierra de huerto de buena procedencia y un cuarto de corteza de pino fina o de perlita. Si vuestra tierra es arcillosa, como casi toda la de mi valle, subid la corteza al 30 % para que el conjunto drene.

El compost maduro huele a bosque y no tiene trozos sin descomponer; si huele a basura, dejadlo reposar unos meses. Muchos ayuntamientos reparten compost de recogida orgánica a precio simbólico, y los viveros lo venden a granel más barato que en saco. Una vez mezclado todo en el bancal, regad a fondo y esperad de tres a cuatro días antes de plantar, porque el conjunto se asienta.

En el vivero aprendí por qué no conviene copiar el sustrato de semillero: es fino, ligero y casi estéril porque está pensado para germinar semillas en una bandeja, no para sostener un huerto durante años. Un bancal quiere estructura y bichos vivos.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que todos los bancales se hunden el primer otoño. Clavad una estaca y marcad en octubre la altura del relleno; si en el siguiente octubre ha bajado más de 5 cm, añadid compost hasta recuperar el nivel. Con esa marca no os pasa lo que a mí con el primer bancal, que fui rellenando a ojo y acabé con las raíces de los puerros al aire.

Acolchar la superficie

Acolchar la superficie

Cubrid con 5 cm de paja, hojas trituradas o hierba seca sin semillas. El acolchado retiene humedad, mantiene la temperatura del suelo más estable y frena la hierba sin necesidad de plásticos. En el norte tiene además otra función: amortigua el golpe de la lluvia, que de lo contrario forma una costra encima de la tierra.

Dejad 5 cm libres alrededor de cada tallo, sobre todo con lechugas y acelgas: con tanta humedad, el acolchado pegado es refugio de babosas.

Rellenos que no conviene usar

Lo que va dentro del bancal acaba en lo que coméis, y hay cosas que no se ven ni se huelen. Revisad estas antes de comprar o aceptar material.

La tierra de origen desconocido o de obra puede traer escombros, restos de combustibles o herbicidas persistentes, que dañan tomates y judías durante años. Preguntad de dónde viene y no aceptéis tierra de una excavación en zona industrial. Los sacos que dicen «orgánico» en letras grandes merecen la vuelta: leed la lista de ingredientes de la parte de atrás y huid de los que mencionan lodos de depuradora o biosólidos. Fiaos de los ingredientes con nombre claro: corteza compostada, fibra de coco, perlita, humus de lombriz.

El estiércol fresco quema las raíces y puede llevar patógenos, así que solo vale cuando ha compostado al menos seis meses. Y la turba, que está en muchos sustratos baratos, se extrae de turberas que necesitan milenios para formarse. No la uséis de base: el compost cumple mejor su papel.

Entre los materiales seguros están el compost casero, la fibra de coco, el humus de lombriz, el mantillo de hojas bien descompuesto y la perlita hortícola. Lo he comprobado en mis bancales: con esos cinco ingredientes se resuelve casi cualquier mezcla.

Qué sustrato para cada hortaliza

La mezcla de 50-25-25 sirve para casi todo, pero podéis afinarla según lo que sembréis. Las hojas, como la lechuga, la rúcula, la espinaca y la acelga, agradecen un punto más de fibra de coco o de humus, que mantienen la humedad pareja sin encharcar. Las raíces, como la zanahoria, el rábano, el nabo y la remolacha, necesitan una tierra suelta, sin piedras y con algo de arena fina; huid del compost a medio hacer o del estiércol, que deforma la raíz y la hace bifurcarse.

Las coles, el brócoli y la coliflor son las más exigentes: compost bien maduro, una tierra firme y reposición de abono a mitad de ciclo. En el norte son las reinas del bancal, porque aguantan la humedad y el frío. Plantad las altas, como tomates o judías de enrame, en el lado norte del bancal para que no den sombra a las bajas.

Si vais a llenar macetas o jardineras de terraza y balcón, no uséis tierra de huerto sola, porque se apelmaza y asfixia las raíces. Allí conviene una mezcla más ligera: dos partes de compost o fibra de coco y una de perlita.

El bancal bajo la lluvia

Un bancal elevado drena mucho mejor que el suelo arcilloso de abajo, pero la lluvia de otoño e invierno también lava los nutrientes del relleno. Dejad el acolchado puesto todo el invierno y reponed 5 cm de compost fresco cada otoño en lugar de cambiar la tierra. Así la mezcla mejora año a año, en lugar de agotarse.

Una nota para el sur y el interior de la Península: allí el bancal se seca en horas, así que haced el marco algo más ancho que alto, subid el acolchado a 8 cm y plantead un riego por goteo. Y subid la proporción de compost, porque retiene mejor el agua.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo llenar el bancal solo con compost?

Es mejor no pasar de la mitad. El compost solo suele ser muy rico en sales y se compacta con la lluvia, y las raíces jóvenes sufren. Mezclado con tierra y corteza aguanta más años y nutre sin quemar.

¿Cada cuánto hay que cambiar la tierra del bancal?

No hace falta cambiarla. Lo único que se repone es el compost de la superficie, unos 5 cm cada otoño, y el acolchado cuando se haya descompuesto. Si un año notáis la tierra dura o con costra, airead con una horca sin voltearla.

¿Vale la pena poner malla en el fondo?

Solo si tenéis topos o ratones de campo, que en las laderas son frecuentes. Una malla metálica de 13 mm bajo el cartón los frena, y no estorba a las lombrices. Si no hay problema de roedores, el cartón es suficiente.

— Maite, desde el caserío