Proteger las macetas del calor en el balcón parece un problema del sur, pero también ocurre en el País Vasco: basta una semana de viento sur, con 30 °C o más, y un balcón orientado al oeste para que las raíces sufran. El síntoma es engañoso, porque la planta se marchita aunque la tierra esté húmeda, y mucha gente responde regando más, justo lo contrario de lo que hace falta.
Aquí veréis por qué se recalienta una maceta, cómo elegir color y material, qué hacer con la doble maceta y el acolchado, y cómo dar sombra al muro con trepadoras. Al terminar sabréis qué cambiar primero en vuestro balcón con el menor gasto posible.

Por qué las raíces sufren antes que las hojas
Una planta puede aguantar un aire caliente durante unas horas, pero las raíces trabajan mal por encima de cierta temperatura. Cuando el sustrato se calienta mucho, la raíz fina deja de absorber agua con normalidad y, además, el agua del sustrato se evapora más deprisa. El resultado son hojas caídas por la tarde que se recuperan de noche, y bordes secos que aparecen una semana después.
En la ladera el sol de verano no es tan fuerte como en el sur, y la mayoría de los días las nubes protegen. Por eso nadie se prepara, y por eso el primer día de viento sur y cielo despejado sorprende a las macetas. Un balcón de cara al oeste recibe el sol directo justo cuando el muro ya está caliente, y suma calor de las dos fuentes.
Ahí está la diferencia entre mirar la planta y mirar el contenedor. Poned la mano sobre la pared de la maceta a las cuatro de la tarde: si no podéis dejarla ahí unos segundos, las raíces de dentro están pasando un mal rato. Esa prueba, sin termómetro, os dice cuáles son las macetas que hay que cambiar de sitio o de material.
Un detalle importante: la planta de balcón tiene poca masa de tierra, y la tierra de una maceta pequeña se calienta y se enfría con mucha rapidez. Cuanto mayor es el volumen de sustrato, más lenta es la subida de temperatura, de modo que cambiar a un contenedor mayor ya ayuda por sí solo.
Color y material de la maceta
Una maceta negra al sol puede llegar a unos 54 °C en la zona de las raíces, mientras que una clara, en las mismas condiciones, se queda cerca de los 32 °C. Es una diferencia de casi veinte grados y la planta, el sol y el riego son idénticos; solo cambia el color. El plástico negro con el que vienen muchas plantas del vivero es el peor caso.
La solución más directa es cambiar a un contenedor blanco o de color claro, que refleja el calor en lugar de absorberlo. La terracota sin pintar es neutra y transpirable: deja pasar algo de humedad por la pared, y esa evaporación enfría un poco. Tiene un inconveniente, y es que el sustrato se seca antes, de modo que en julio hay que mirar el riego más a menudo.

Si no queréis tirar las macetas oscuras, hay dos remedios baratos. El primero es pintarlas por fuera con pintura clara apta para exterior; el segundo es envolverlas con arpillera o con tela clara húmeda en los días más duros. Evitad el metal sin recubrimiento: una jardinera metálica al sol se calienta muchísimo y cuesta enfriarla.
Doble maceta
Es el método que más uso. Poned la maceta oscura dentro de otra mayor y clara, con una cámara de aire de unos 2 o 3 cm entre las dos. El aire hace de aislante, y la maceta exterior recibe el sol sin pasar el calor a las raíces. Dejad un par de ladrillos o unos tacos en el fondo para que la interior no quede sumergida en el agua que escurre. Un cubremacetas de este tipo cuesta entre 6 y 15 €, y se amortiza en un verano.
Acolchado y riego: cuándo y cuánto
Una capa de acolchado de 3 a 4 cm sobre el sustrato protege las raíces superficiales del calor que viene desde arriba. Valen la corteza de pino, la tierra de hoja o la gravilla clara. La gravilla clara además refleja luz, pero en pleno sol puede calentarse, así que en macetas muy expuestas es mejor la corteza o la tierra de hoja, que se mantienen más frescas.
El riego se ajusta al calor. En los días de 30 °C regad temprano, antes de las ocho, o al caer la tarde, y evitad el mediodía: el agua fría sobre un sustrato muy caliente se evapora rápido y la planta casi no la aprovecha. Regad despacio, hasta que escurra por los agujeros, y vaciad el plato a los 20 minutos, porque un plato lleno al sol se convierte en una sopa caliente.
En el norte hay otro riesgo, el contrario: tras una semana de calor llega el sirimiri y las macetas con plato lleno y sin drenaje se encharcan. Por eso insisto en el drenaje y en un acolchado que deje respirar la tierra. El truco es dar menos agua pero mejor repartida, con el dedo como único medidor.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado el día de cada ola de viento sur, y casi siempre el calor viene acompañado de un día de cielo limpio justo antes. Si el parte anuncia viento sur, mover las macetas más delicadas a la pared del este o al fondo del balcón la víspera cuesta cinco minutos y os ahorra una planta.
Dar sombra al muro, no solo a la maceta
Unas macetas en la barandilla quedan bonitas y ayudan a los insectos, pero apenas enfrían el interior de la casa. Lo que más efecto tiene es cubrir de verde el muro que recibe el sol de la tarde. Una pared cubierta de trepadoras queda notablemente más fría que una fachada sin vegetación, y esa diferencia pasa también a las macetas que están junto a él, porque dejan de recibir calor reflejado.
No hace falta cubrir toda la fachada. Concentrad el verde en el lado oeste o suroeste, que es el que más recalienta. Una sola trepadora en enrejado, frente a la ventana que da al oeste, rinde más que muchas macetas sueltas.
Entre las plantas posibles, la parra (Vitis vinifera) y la glicinia (Wisteria sinensis) son de hoja caduca: dan sombra densa en verano y dejan pasar la luz en invierno, cuando más falta hace en nuestro clima nublado. La glicinia pesa mucho y es vigorosa, así que pide soporte firme. Si preferís hoja perenne, el jazmín estrella (Trachelospermum jasminoides) da pantalla todo el año, y la madreselva (Lonicera periclymenum) florece con abundancia.

Plantadlas en macetas grandes, de 50 litros o más, con un enrejado resistente y bien sujeto al muro. Prefiero las trepadoras que se enroscan en un soporte, porque las de raíces aéreas estropean el revoco. El primer año regad con regularidad, incluso a diario en verano, porque es cuando la planta arraiga; después consume mucha menos agua. Mirad también el peso total y las fijaciones: el viento en un balcón no perdona. Si queréis más ideas, la sección de terraza y balcón tiene otros trucos.
Una nota para el sur y el interior
En las zonas más cálidas y secas de España los 40 °C son normales en julio. Allí todo lo anterior cuenta doble: maceta clara y grande, doble maceta, acolchado de 5 cm y sombra sobre el muro. Colocad las macetas en el lado este o norte del balcón y dejad solo al sol fuerte las plantas que lo aguantan de verdad, como el romero o la lavanda.
Lo que más me preguntáis
¿Es mejor la maceta de terracota o la de plástico claro?
Las dos valen. La terracota respira y enfría algo por evaporación, pero el sustrato se seca antes. El plástico claro conserva mejor la humedad y pesa menos, aunque no deja pasar aire. En el norte, con lluvia frecuente, me quedo con la terracota.
¿Sirve poner un plato de agua bajo la maceta para refrescarla?
No es buena idea. El agua estancada se calienta al sol y las raíces se pudren con facilidad, sobre todo en una región húmeda. Mejor un acolchado en la superficie y vaciar el plato a los pocos minutos de regar.
¿Cuándo hay que mover las macetas durante una ola de calor?
En cuanto el parte anuncie viento sur o más de 30 °C, llevadlas a la zona del balcón que no recibe sol de la tarde. Si pesan demasiado, cubrid la maceta por fuera con tela clara y regad por la mañana temprano.
— Maite, desde el caserío
