Huerto en cestos de ropa y sacos de rafia

Un huerto en cestos de ropa y sacos de rafia cuesta una fracción de lo que piden las jardineras de tienda. Un cesto de plástico del bazar sale por unos 3 €, ya trae agujeros por todas partes, admite entre 40 y 60 litros de sustrato y se mueve con una mano. Un saco de rafia vale todavía menos y se guarda doblado en invierno.

Estos recipientes funcionan de verdad, siempre que se resuelvan tres cosas: el forro, el drenaje y el sustrato. Aquí tenéis cómo prepararlos paso a paso, qué cultivar en cada uno y cómo evitar que el sol de verano cueza las raíces. Con ello, una terraza pequeña se convierte en un huerto para toda la temporada.

Preparar el cesto de ropa paso a paso

Paso 1: elegir un cesto de color claro

Paso 1: elegir un cesto de color claro

Buscad cestos blancos, beige o gris claro. El plástico oscuro absorbe calor y en verano las raíces de la pared sufren. Si solo encontráis uno negro, envolvedlo por fuera con un trozo de tela de saco. Antes de nada, comprobad que no huele a producto químico y lavadlo con agua para quitar polvo de almacén.

Paso 2: forrar las paredes y dejar libre el fondo

Paso 2: forrar las paredes y dejar libre el fondo

Las ranuras laterales airean las raíces, pero dejan escapar el sustrato. Forrad solo el interior de las paredes con malla geotextil, tela de saco o malla antihierbas, y dejad el fondo sin cubrir para que el agua salga. Si el cesto tiene el fondo cerrado, haced ocho o diez agujeros con un clavo caliente o un taladro. Un forro de bolsa plástica entera bloquea el drenaje y encharca la tierra, así que evitadlo.

Paso 3: llenar con sustrato ligero

Paso 3: llenar con sustrato ligero

Una mezcla que funciona bien es la mitad de compost, un cuarto de tierra y un cuarto de perlita o corteza fina. El compost nutre, la tierra da cuerpo y la perlita aporta el aire que evita la pudrición. Llenad hasta unos 3 cm del borde, regad a fondo y esperad un día a que asiente. Si baja, completad con más mezcla.

Sacos de rafia: transpirables y baratos

Paso 4: formar el aro y hacer agujeros

Paso 4: formar el aro y hacer agujeros

Doblad el borde del saco hacia fuera dos o tres veces hasta formar un aro rígido. Sin él, el saco se hunde al regar. En el fondo haced entre ocho y diez agujeros con tijeras o un clavo: la rafia es porosa, pero no drena por sí sola. Si tenéis una cooperativa agraria cerca, preguntad allí: a menudo regalan sacos de yute ya usados, que también sirven.

Paso 5: llenar y apoyar sobre un plato

Paso 5: llenar y apoyar sobre un plato

En un tejido flexible, la tierra pesada se compacta. Mezclad fibra de coco, compost y perlita en proporciones de unos cinco, tres y dos. Colocad el saco sobre una bandeja o un plato si está en balcón, y vaciad el agua sobrante a los diez minutos. La rafia barata aguanta dos o tres temporadas al sol; el yute natural dura más.

Qué cultivar en cestos y sacos

Patatas

Patatas

El cultivo estrella de ambos recipientes. Poned tres o cuatro patatas de siembra sobre 15 cm de sustrato y añadid tierra a medida que crezcan los tallos, es decir, aporcad. En el norte, plantad desde mediados de marzo en la costa y en abril en los valles interiores. Al cosechar, volcad el cesto o el saco sobre una lona y las patatas salen limpias. Esperad a que las hojas se sequen del todo antes de recoger, y dejad las patatas un día a la sombra para que la piel se endurezca.

Zanahorias

Zanahorias

Necesitan al menos 25 cm de sustrato suelto y sin piedras. Si el cesto es poco hondo, elegid variedades cortas como Chantenay o Nantesa. Sembrad directamente en abril y aclarad hasta dejar unos 3 cm entre plantas. No las trasplantéis, porque la raíz se tuerce, y mantened el sustrato siempre algo húmedo para que no se abran ni se amarguen.

Aromáticas

Aromáticas

La albahaca (Ocimum basilicum) pide sol y calor, el romero (Salvia rosmarinus) exige drenaje perfecto y el perejil (Petroselinum crispum) cabe en la profundidad de un cesto estándar. La hierbabuena (Mentha spicata) se contiene mejor en recipiente que en tierra libre, donde invade todo. El cebollino se divide cada primavera para multiplicarlo gratis.

Lechugas, cebollas y judías enanas

Lechugas, cebollas y judías enanas

Las lechugas tienen raíces superficiales y caben cuatro o seis en un cesto grande; cortad las hojas exteriores. Las cebollas, de ocho a diez por cesto separadas 10 cm. Las judías de mata baja, cuatro o cinco por recipiente, no necesitan tutor.

Con el tomate cherry, el pimiento de Padrón y el pepino se puede, pero es más exigente: una planta por cesto, tutor firme y riego regular. El calabacín es el más difícil, porque pide mucho volumen de raíces y agua. Si lo probáis, usad el saco más grande y no esperéis la cosecha de una planta en suelo.

Riego, calor y abono en el norte

En la ladera llueve a menudo, y los agujeros laterales dejan que el exceso salga sin problema; es una de sus mejores ventajas. Aun así, el sustrato de un cesto se agota antes que el de una maceta grande. Abonad con humus de lombriz o con compost diluido en el agua de riego, cada dos o tres semanas mientras dure la cosecha, porque las plantas gastan los nutrientes del recipiente. Si veis las hojas pálidas y el crecimiento parado, es la señal de que toca abonar.

Con sirimiri y cielos nublados, los cestos tardan en secar, así que comprobad con el dedo antes de regar. Y como la pared tiene muchas ranuras, el viento sur de verano seca el borde rápido: si notáis la capa superior dura, regad a fondo hasta que salga agua. Los cestos claros y los sacos transpirables toleran bien los 20–25 °C habituales del verano atlántico.

En zonas del sur y de la meseta, donde el verano supera con frecuencia los 35 °C, hay que regar a diario, a veces dos veces, y poner los cestos a sol de mañana y sombra de tarde.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que, si hacéis un cesto con tres marcas de rotulador cada cinco centímetros por dentro, sabéis cuánto sustrato queda tras asentar. Rellenad hasta la marca para no pasaros ni quedaros cortos, y apuntad la fecha de siembra en un trozo de cinta pegado al asa.

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Lo que más me preguntáis

¿Hace falta forrar el cesto por dentro?

Sí, en las paredes, porque las ranuras dejan escapar la tierra. Usad malla geotextil, tela de saco o malla antihierbas, y dejad el fondo abierto para que el agua salga. Un forro plástico cerrado impide el drenaje y pudre las raíces.

¿Cuántas veces hay que regar un saco de rafia?

Depende del tiempo. En verano atlántico, cada dos o tres días con sol; con lluvia, casi nada. La tela transpira y el sustrato seca antes que en plástico, así que comprobad con el dedo a unos 3 cm de profundidad.

¿Cuánto dura el cesto o el saco?

El cesto de plástico aguanta varias temporadas si no se queda al sol todo el día. El saco de rafia barato se degrada con la luz en dos o tres años, mientras que el yute natural y los grow bags de geotextil duran bastante más. Guardadlos secos y doblados en invierno.

— Maite, desde el caserío