Malas hierbas sin herbicida: qué funciona de verdad

En cuanto abril trae el primer sol después de las lluvias, el huerto se llena de verde donde no lo habéis sembrado. Y con las malas hierbas llegan las recetas de internet: un kilo de sal en un cubo, vinagre con lavavajillas, sales de Epsom en una botella. Parecen baratas y rápidas, y casi todas son una mala idea para el suelo que luego vais a cultivar.

Aquí os explico por qué desconfío de esos herbicidas caseros, qué cinco métodos sin herbicida controlan de verdad las hierbas en el norte, cómo reconocer una mala hierba que conviene tocar con guantes, la lechetrezna moteada, y cómo adaptar todo si vivís en la España seca y calurosa.

Sal, vinagre y sales de Epsom: por qué las dejo en la despensa

La sal no desaparece del suelo. Se queda, la lluvia la reparte y mata lo que toque, incluidas las raíces de vuestros frutales, el seto de al lado y los microorganismos que hacen fértil la tierra. Durante años nada vuelve a crecer en ese trozo. En el norte, con tantos días de lluvia, además, se lava hacia los bordes y llega a donde menos queréis. Las recetas que mezclan un kilo de sal con tres litros de agua no son ecológicas, son una forma de dejar un camino estéril.

El vinagre de cocina, con un 5 % de acidez, solo quema las hojas que moja. Una mala hierba anual joven se resiente, pero una perenne de raíz profunda rebrota a las pocas semanas, y vuelta a empezar. La versión de venta como «vinagre hortícola», con un 20 % de ácido acético, es corrosiva para la piel y los ojos y no es un herbicida autorizado para uso doméstico. Las sales de Epsom (sulfato de magnesio) son un abono, no un herbicida: no hay motivo para pensar que maten nada, y sí para que se acumulen en el suelo. Con jabón o sin él, ninguna receta casera sustituye a un producto con autorización de uso no profesional, y ese siempre va con su etiqueta.

Hay una excepción práctica: el agua hirviendo que sobra de cocer patatas, vertida con cuidado sobre las juntas de un camino pavimentado, seca las hierbas pequeñas sin dejar residuos. Solo en zonas sin plantas deseadas cerca, con cuidado de no escaldaros.

Cinco métodos que sí funcionan

Ninguno es instantáneo, y esa es la verdad incómoda del asunto: el control de las malas hierbas se gana con constancia y no con un bote. En el vivero aprendí que cinco o diez minutos de trabajo bien hechos, repetidos cada semana, valen más que una mañana entera de pelea en junio. Estos son los cinco que uso.

Acolchar el suelo

Acolchar el suelo

Una capa de 5 a 8 cm de paja, corteza, hojas trituradas o cortes de césped sin semillas tapa la luz y frena la germinación. Poned antes una hoja de cartón sin tinta sobre las hierbas ya nacidas y encima el acolchado. Con la humedad del norte el material se descompone en una temporada y alimenta la tierra, así que lo repondréis cuando veáis el suelo asomar. Entre las hortalizas funcionan también las plantas tapizantes: el trébol enano y el tomillo rastrero compiten con las adventicias por la luz y por el agua.

Escardar con el suelo húmedo

Escardar con el suelo húmedo

Arrancad a mano al día siguiente de llover, cuando la tierra está húmeda pero no encharcada: la raíz sale entera y con poco esfuerzo. Aquí el suelo es arcilloso y pesado, y pisarlo empapado lo compacta, así que esperad a que no se pegue a las botas. Para las de raíz pivotante, como el diente de león y el cardo, hace falta un desplantador o una escardilla estrecha que llegue por debajo de la corona, porque un trozo de raíz que se queda vuelve a brotar. Lo importante es llegar antes de que florezcan: una sola planta suelta miles de semillas.

Agua hirviendo y llama en caminos

Agua hirviendo y llama en caminos

Para las juntas de las losas y la grava de los caminos, donde no cultivaréis nada, el agua hirviendo y el quemador de llama de gas marchitan las hierbas jóvenes. El quemador no se usa para quemar, sino para pasar la llama despacio hasta que la hoja se oscurece y pierde brillo, pocos segundos por planta. Nunca lo uséis en verano ni cerca de hierba seca, setos secos o madera, y comprobad antes la normativa de vuestro municipio sobre el uso de fuego en el campo. Os lo digo por experiencia: un descuido con el quemador cuesta más que mil horas de escarda.

Cubrir con una lona opaca

Cubrir con una lona opaca

Para recuperar un bancal descuidado, cubridlo con una lona opaca o con cartón y piedras durante seis a ocho semanas. Sin luz, las hierbas se agotan. La versión mediterránea, la solarización con plástico transparente de cuatro a seis semanas en pleno verano, aprovecha el calor para eliminar además semillas; en el norte, con tantos días nublados, funciona peor, y la lona opaca es la opción más segura. En la España seca y soleada, en cambio, el plástico transparente es excelente de julio a agosto.

Abonos verdes y rotación

Abonos verdes y rotación

Un bancal en descanso nunca debería quedarse desnudo. Sembrad en otoño centeno con veza o trébol, que cubren el suelo, ahogan a las adventicias y mejoran su estructura. Cortadlos antes de que granen y dejadlos sobre la tierra o incorporadlos con la azada. Rotar los cultivos cada temporada, además, corta el ciclo de las hierbas que prefieren un tipo de cultivo, y reduce la escarda del año siguiente. Si queréis más ideas, visitad huerto y hortalizas.

Lechetrezna moteada: mala hierba, guantes obligatorios

La lechetrezna moteada (Euphorbia maculata) crece pegada al suelo formando una esterilla en juntas de aceras, céspedes y bancales. Se reconoce por los tallos finos y rojizos, las hojitas ovaladas con una mancha rojiza en medio y la savia blanca y lechosa que sale al cortarla. Esa savia irrita la piel y, si llega a los ojos, escuece mucho. Arrancadla siempre con guantes, lavaos las manos después y no os toquéis la cara. Si os cae en un ojo, lavad con agua abundante y acudid al médico.

No la comáis ni dejéis que la coman vuestras mascotas ni el ganado; ante la duda, llamad al veterinario. Tampoco hay que fiarse de las publicaciones que la confunden con otra lechetrezna de uso tradicional: no tiene usos seguros como remedio casero. Tiradla a la basura y no al compost si hay animales con acceso. Y recordad que, como cualquier otra anual, se controla antes de que dé semilla.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntada la fecha de la primera escarda de cada año, y casi siempre cae entre finales de marzo y principios de abril, cuando pasa la última helada de la costa. Apuntad la vuestra: es el día en el que más barato sale ganar la temporada.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo usar vinagre solo entre las losas del camino?

Es lo más inocuo de las recetas, pero solo quema las hojas y la raíz rebrota, así que acabaréis repitiendo cada pocas semanas. Prefiero el agua hirviendo, un cepillo de acero para juntas o la llama. Y si queréis un herbicida, que sea uno autorizado para uso no profesional, siguiendo la etiqueta.

¿Cuánto dura un acolchado de paja?

Una temporada, más o menos, y menos aún si llueve mucho. Cuando empecéis a ver tierra entre la paja, añadid otra capa fina encima. No hace falta retirar la vieja: se convierte en humus.

¿Puedo echar las malas hierbas al compost?

Sí, si todavía no han florecido ni llevan semillas, y siempre que no sean de raíz que rebrota con un trozo, como la grama. Esas, secadlas al sol sobre una lona unas semanas antes de compostarlas, y la lechetrezna moteada, a la basura.

— Maite, desde el caserío