Un huevo encontrado en un rincón del gallinero, o un cartón del mercado sin fecha, plantea siempre la misma duda: cuántos días lleva ahí. Para saber si un huevo está fresco no hace falta ningún aparato, solo un vaso de agua, un plato blanco y dos minutos. La prueba se basa en algo físico muy sencillo que cambia a medida que pasan los días.
Aquí veréis cómo hacer la prueba de flotación y leerla sin equivocaros, qué mirar al romper el huevo en un plato, cómo encontrar los nidos escondidos de las gallinas (Gallus gallus domesticus) y cómo guardar los huevos para que duren más. Al terminar sabréis cuándo usar un huevo y cuándo tirarlo sin remordimientos.
Qué cambia dentro del huevo con los días
La cáscara parece sólida, pero está llena de poros diminutos. Con el paso de los días, parte del agua del huevo se evapora por ellos y entra aire en su lugar. Ese aire se junta en el extremo ancho, donde forma una bolsa llamada cámara de aire. Un huevo recién puesto casi no la tiene. Uno de tres semanas la tiene grande.
Esa bolsa es la clave de la prueba. Cuanto más grande es, más flota el huevo. El agua, por tanto, funciona como un reloj sencillo: no mide los días con exactitud, pero separa lo reciente de lo antiguo. Y funciona igual con huevos de casa que con los comprados, así que sirve también para cartones sin fecha de puesta.
Hay una cosa que la prueba no puede decir: si el huevo se ha estropeado por otras causas, como una grieta, suciedad en la cáscara o un almacenaje demasiado caliente. Por eso conviene usarla junto con la vista y el olfato, como veréis más abajo. Si un huevo huele mal al romperlo, tiradlo aunque se haya hundido.
La prueba del agua paso a paso
Preparar el vaso con agua fría

Llenad un vaso alto o un tarro de cristal con agua fría del grifo, hasta unos doce centímetros de altura. Tiene que ser lo bastante profundo para que el huevo quede cubierto del todo. Si el huevo está muy sucio, limpiadlo antes con un paño seco, sin mojarlo. Luego mirad la cáscara: si tiene una grieta, no hace falta la prueba, hay que descartarlo.
Meter el huevo con cuidado

Bajadlo con una cuchara grande para que no golpee el fondo y no se agriete. Soltadlo y esperad unos diez segundos, hasta que se quede quieto. Si probáis varios, haced una tanda a la vez en vasos distintos o sacad cada huevo y secadlo antes de meter el siguiente, para no mezclar resultados.
Leer cómo se coloca

Si se hunde y queda tumbado en el fondo, es muy reciente: de uno a dos días. Si se hunde pero se levanta y queda de punta, tiene más o menos una semana o dos y todavía sirve para cocinar. Si queda a media altura, flotando entre dos aguas, tiene unas tres semanas: usadlo pronto y hacedlo bien cocido. Si flota en la superficie, la bolsa de aire es enorme. Tiradlo, no merece la pena el riesgo.
Las edades son orientativas, porque dependen también de la temperatura del almacén y del grosor de la cáscara. Lo he comprobado con cartones del mercado sin fecha: la prueba acertó siempre con los extremos, el muy fresco y el muy viejo. El tramo intermedio es el que pide más ojo.
Abrir el huevo: clara, yema y chalaza
Romper el huevo en un plato llano

Antes de mezclarlo con otros ingredientes, abridlo sobre un plato blanco y llano. En uno fresco, la yema se mantiene alta y redonda, y la clara forma dos zonas: una densa, pegada a la yema, y otra más líquida alrededor. En un huevo viejo, la yema se aplana y la clara se extiende y se vuelve acuosa. Es la misma señal que daba el agua, vista desde dentro.
Mirar los detalles sin asustarse

Dos cosas suelen asustar y no deberían. Las hebras blancas y retorcidas junto a la yema son las chalazas: sostienen la yema en el centro, y cuanto más marcadas y elásticas, más reciente es el huevo. No son un embrión. Una pequeña mancha roja es un vaso diminuto que se rompió al formarse el huevo; no dice nada de su edad y se retira con la punta de un cuchillo.
El color de la yema, entre amarillo pálido y naranja intenso, depende de la comida de la gallina, no de la frescura. Tampoco el color de la cáscara, blanco o marrón, indica nada fuera de la raza. Si la cáscara sale fina, rugosa o blanda de forma repetida, el cambio suele estar en la alimentación del gallinero; si dura, consultad con el veterinario.
Cómo encontrar los nidos escondidos
Buscar donde la gallina se siente a salvo

Si el número de huevos baja sin motivo y las gallinas salen bien alimentadas, probablemente alguna pone fuera del nidal. Buscad en lugares tranquilos y resguardados: detrás de la leñera, bajo zarzas y helechos, entre la hierba alta del borde del prado o debajo de los arbustos. En la ladera, cuando llueve mucho, suelen preferir los huecos secos bajo los aleros y los cobertizos.
Observar ayuda más que rastrear. Una gallina que se aleja del grupo, cacarea al volver y regresa siempre al mismo punto os está enseñando el sitio. También podéis encerrarlas hasta media mañana, que es cuando suelen poner, y soltarlas luego. Si dejáis un huevo falso de cerámica en el nidal elegido por vosotros, muchas lo adoptan sin discusión.
Cuando encontréis un nido escondido, no os fiéis de la fecha: todos los huevos de ese montón se prueban uno a uno en el agua. Los que se queden en el fondo se usan; el resto, al compost. Retirad también el material del nido, porque otras gallinas volverán a ponerlo allí si lo dejáis.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado que una fecha escrita vale más que una buena memoria. Con un lápiz blando, marcad la fecha de puesta en cada huevo recogido, o anotadla en la caja. Cuando el cartón se mezcle con otros, no tendréis que adivinar la edad: solo usaréis la prueba del agua en los que no tengan marca.
Guardarlos bien y adaptarlo al clima del norte
No lavéis los huevos hasta el momento de usarlos. La cáscara tiene una cutícula natural, una película fina que tapa los poros y frena la entrada de aire y de suciedad. Si está sucia, cepillad en seco o limpiad con un paño apenas húmedo justo antes de cocinar. Guardadlos con el extremo estrecho hacia abajo, en un lugar fresco y sin olores fuertes, porque la cáscara los absorbe.
En el norte, donde el verano ronda los 20 a 25 °C, la humedad es alta y las heladas llegan entre noviembre y abril, el principal enemigo es la humedad: nidos con paja mojada ensucian la cáscara y favorecen las grietas. Cambiad la cama a menudo y recoged los huevos a diario. Un cobertizo fresco sirve casi todo el año, pero en los días de viento sur conviene pasarlos al frigorífico.
En el sur y el interior cálido de España, donde las temperaturas suben mucho, es mejor guardarlos siempre en frío. Para más temas de animales, tenéis la sección de mascotas y animales de granja.
Lo que más me preguntáis
¿Puedo fiarme solo de la prueba del agua?
Es muy fiable para estimar la edad, pero no detecta todo. Complementadla siempre con una grieta visible, el olor al romperlo y el aspecto de la clara. Ante la duda, tirad el huevo.
¿Qué hago con los huevos que flotan a media altura?
Usadlos pronto y bien cocidos, nunca crudos ni a medio hacer. Son aptos para tortillas bien cuajadas o para repostería que se hornee. Si queda alguna duda al abrirlos, descartadlos.
¿Por qué la yema cambia de color de una temporada a otra?
Depende de lo que come la gallina. Con hierba fresca, insectos y maíz, la yema es más oscura; con pienso comercial, más pálida. No tiene relación con la frescura del huevo, y el color de la cáscara tampoco.
— Maite, desde el caserío
