Llevan una semana de lluvia y sirimiri, y una mañana de agosto el calabacín amanece con una capa blanca como de harina, o las hojas del tomate con manchas pardas que avanzan en dos días. Lo primero que se hace es buscar un remedio casero contra los hongos en el móvil, y ahí aparecen recetas de bicarbonato, ajo y canela que prometen curarlo todo.
Os cuento qué enfermedad es cada una, por qué el norte húmedo la favorece, qué prevención funciona de verdad, qué hay de cierto en cada receta de despensa y qué productos autorizados conviene tener a mano cuando lo casero no basta.
Primero el diagnóstico: hongo, bacteria o virus

Acertar con la enfermedad es más de media batalla, porque cada grupo se trata de forma distinta. Los hongos son los más frecuentes y dejan señales reconocibles. El oídio o cenicilla es una capa blanca y polvorienta sobre las hojas del calabacín, el pepino o el rosal. El mildiu da manchas amarillas por encima y un moho grisáceo por debajo. La botritis es un moho gris y peludo sobre frutos, flores y tallos heridos. La mancha negra del rosal (Diplocarpon rosae) forma manchas negras con un halo amarillo. Y el mildiu del tomate y la patata (Phytophthora infestans) marca manchas pardas y húmedas que se extienden en pocos días.
Las bacterias dan manchas angulares de aspecto aceitoso y pudriciones blandas con mal olor. Un fungicida no las arregla: se cortan las partes enfermas y se limpian las herramientas. Los virus se notan por hojas con dibujo de mosaico, claras y oscuras, o enrolladas y deformes. No tienen cura: la planta se arranca entera, se tira en la basura y nunca al compost, para que no pase al resto del huerto.
Cómo cambian los hongos con la lluvia del norte

En el País Vasco el aire húmedo y las noches templadas de verano son el mejor aliado de los hongos. El mildiu del tomate, que vive de hojas mojadas durante horas, llega con las tandas de lluvia de julio a septiembre. La botritis aparece en fresas, uvas y flores marchitas, y la mancha negra viaja con las salpicaduras de lluvia sobre el rosal. Curiosamente el oídio prefiere días secos con noches húmedas, y lo veréis a finales de verano en calabacines, rosales y manzanos de rincones resguardados.
Para quien vive en la España más seca y calurosa, el cuadro cambia. Allí domina el oídio, porque el mildiu solo aparece en primaveras lluviosas. La regla es la misma: reducid las horas en las que la hoja está mojada y cuidad la ventilación.
La prevención que de verdad funciona

Casi todo lo que evita un hongo no se compra. Dejad espacio entre plantas, unos 50 cm entre tomates y entre 80 y 100 cm entre calabacines, para que el aire seque las hojas. Regad en la base y por la mañana, sin mojar el follaje, y acolchad la tierra con paja o corteza para que la lluvia no salpique esporas hacia arriba. Rotad cada año las familias en el huerto, sin repetir tomate o patata en el mismo sitio hasta pasados tres años, y elegid variedades resistentes cuando existan. Una cubierta de plástico o una marquesina sobre los tomates, abierta por los lados, hace más contra el mildiu que cualquier pulverización; os lo digo por experiencia.
Quitad enseguida las hojas con manchas, metedlas en una bolsa y no las echéis al compost. Desinfectad las tijeras con alcohol de 70° entre una planta y la siguiente. Y no abuséis del nitrógeno: un abono demasiado rico produce brotes blandos y muy atacables, mientras que una nutrición equilibrada deja la planta más firme.
El truco de la libreta
En el vivero aprendí a apuntar la fecha de la primera mancha de cada año, junto con la lluvia de las dos semanas anteriores. Con unos pocos años de notas sabréis cuándo vigilar y cuándo cubrir los tomates, y os adelantaréis a la enfermedad en vez de ir detrás.
Remedios de despensa: qué hay detrás de cada uno

Bicarbonato de sodio
Es preventivo, nunca curativo. Aplicado antes de que se vea la capa blanca puede dificultar la germinación de las esporas del oídio, pero con la enfermedad ya instalada casi no hace nada. Tampoco es un producto autorizado para proteger plantas, el sodio se acumula en el suelo y a dosis altas quema la hoja, así que no os doy una receta. Y echarlo en polvo alrededor de tomates y pepinos, o pulverizarlo sobre el suelo, no desinfecta la tierra y sí la estropea con el tiempo. La mezcla con leche no mejora nada: es la leche sola la que trabaja.
Leche
Es el remedio casero con más respaldo, sobre todo contra el oídio de calabacín y pepino. Se ha probado diluida al 10 %, es decir, una parte de leche entera por nueve de agua, pulverizada por la mañana cada semana y tras las lluvias. No hay motivo para llegar al 40 % que circula en algunas recetas: huele mal y no cura más. Sirve para prevenir o frenar un oídio incipiente, no para rescatar una planta cubierta.
Ajo, canela y manzanilla
Hay estudios de laboratorio en los que extractos de ajo o canela frenan hongos en una placa, pero eso no equivale a curar una planta en el huerto, y la fuerza del cocimiento casero cambia cada vez. No he visto pruebas fiables de que un caldo de ajo y canela con leche sea el fungicida potente que prometen. La canela en polvo, en capa fina sobre el sustrato de los semilleros, es inofensiva y la usan muchos hortelanos, pero lo que de verdad evita que las plántulas se caigan es el sustrato limpio, el riego escaso y la ventilación. Espolvorearla sobre una hoja dañada tampoco la repara, y cada 15 días en todas las plantas de casa sobra. La manzanilla fría para regar semilleros no hace daño, aunque no hay pruebas de que proteja de nada.
Cuando hace falta algo más: productos autorizados
Si el hongo avanza pese a todo, usad productos autorizados para uso no profesional y seguid la etiqueta al pie de la letra. Para el oídio sirven el azufre, que no se debe aplicar con más de 25 o 30 °C porque quema la hoja, y el bicarbonato de potasio, que no es lo mismo que el de sodio de la cocina. Contra el mildiu del tomate, el cobre funciona solo como preventivo, antes de que aparezca la infección. Con el uso repetido el cobre se queda en la tierra y perjudica a los organismos que la mantienen viva, de modo que respetad la dosis exacta del envase y no repitáis más veces de las indicadas.
Comprobad que el producto esté autorizado para ese cultivo y respetad el plazo de seguridad entre el último tratamiento y la cosecha. Aplicad al atardecer, para no dañar a las abejas, y nunca mezcléis productos entre sí. Para otras plagas y enfermedades de planta, pasad por la sección de plagas y enfermedades.
Lo que más me preguntáis
¿Se puede curar una planta con virus?
No. Ningún producto cura un virus. Arrancad la planta, tiradla a la basura, limpiad las herramientas con alcohol y no plantéis la misma familia en ese lugar durante un año, por prudencia.
¿Cada cuánto hay que pulverizar?
Depende del producto: la etiqueta manda. La leche diluida se repite una vez por semana y después de la lluvia, siempre por la mañana y nunca a pleno sol del mediodía. Si el hongo sigue avanzando después de dos o tres aplicaciones, cambiad de estrategia en lugar de repetir.
¿Puedo comer hortalizas que he tratado?
Con un producto comercial, solo cuando haya pasado el plazo de seguridad que indica la etiqueta. Con la leche no hay plazo, pero lavad igualmente las hortalizas antes de comerlas, como siempre.
— Maite, desde el caserío
