Aloe vera en maceta: cuidados, abono y multiplicación

Un aloe que se pudre por abajo, con las hojas blandas y translúcidas, casi nunca ha pasado sed: ha pasado agua. Y el contrario, el aloe pálido y alargado, casi siempre ha pasado oscuridad. Las dos cosas se arreglan con el sitio y el riego, y por eso el aloe vera en maceta es una de las plantas más agradecidas que existen, si se entienden esas dos reglas.

En el vivero vi pasar cientos de macetas de aloe, y las que volvían con problemas eran las mismas por las mismas razones. Aquí tenéis el cultivo en seis pasos: maceta y sustrato, luz y riego, abono, cosecha del gel, hijuelos y elección de especie, todo adaptado al clima húmedo del norte.

Ficha rápida

Nombre científico
Aloe vera
Luz
Sol directo o luz muy clara; al menos 4 a 6 horas
Riego
Solo con el sustrato seco del todo; cada 2 o 3 semanas en verano
Temperatura mínima
No bajar de 5 °C; sin heladas
Sustrato
Muy drenante: mitad universal, mitad arena gruesa o perlita

Plantar bien: maceta y sustrato

Elegir maceta y mezcla

Elegir maceta y mezcla

Lo primero es el agujero. Una maceta de barro con agujeros grandes es lo ideal, porque el barro deja respirar las raíces y absorbe parte de la humedad. Elegid una que sea solo un poco más ancha que el cepellón: un aloe en un tiesto enorme guarda tierra mojada que no usa, y de ahí viene la podredumbre.

La mezcla que mejor me ha funcionado es mitad sustrato universal y mitad arena gruesa o perlita, o bien sustrato específico para cactus. Cubrid el agujero con un trozo de teja rota y llenad. En el norte, donde la tierra tarda tanto en secarse, aflojad todavía más la mezcla: podéis subir la parte mineral hasta dos tercios.

Luz y riego

Dar luz de verdad

Dar luz de verdad

El aloe pide sol. Colocadlo en la ventana más luminosa, al sur o suroeste, con cuatro a seis horas de sol directo al día. Con poca luz no se muere deprisa, pero se estira, las hojas se abren hacia los lados y pierde el porte compacto. Desde mayo hasta septiembre puede salir al balcón, siempre bajo alero para que no le caiga la lluvia, y acostumbrándolo al sol en una semana para que no se queme.

La temperatura ideal ronda 18 a 28 °C. No bajéis de 5 °C: las hojas se vuelven acuosas y la planta se pierde. En el País Vasco eso significa entrarlo en octubre y no sacarlo hasta que pase la última helada, entre marzo y abril según el valle.

Regar poco

Regar poco

Regad solo cuando el sustrato esté seco de arriba abajo; para comprobarlo, meted un palillo hasta el fondo y mirad si sale limpio. En verano suele tocar cada dos o tres semanas, y en invierno una vez al mes o menos. Echad agua hasta que salga por el fondo y vaciad el plato al cabo de un cuarto de hora.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que, en los inviernos húmedos de mi valle, una maceta dentro de casa tarda hasta el doble en secarse que en verano, así que el calendario engaña. Apuntad en una etiqueta pegada a la maceta la fecha del último riego. Parece una tontería, pero evita el error más común, que es regar «por si acaso». Si dudáis entre regar hoy o esperar unos días, esperad: el aloe lo tolera y la podredumbre no.

Abonar sin pasarse

Un abono suave en primavera y verano

Un abono suave en primavera y verano

El aloe necesita muy poco abono. De abril a septiembre, un abono líquido para cactus y suculentas, que lleva menos nitrógeno y algo más de fósforo y potasio, a media dosis de la indicada en el envase, una vez cada cuatro a seis semanas. No abonéis en otoño ni en invierno, ni una planta recién trasplantada o seca.

Los abonos caseros que circulan, de cáscaras de huevo, posos de café o piel de plátano remojados, aportan muy poco y tardan semanas en hacer algo. Lo que sí hacen es mantener húmedo el sustrato y favorecer el moho, justo lo que un aloe no quiere. Si queréis reciclar algo, echadlo al compostador y usad un abono de tienda.

Cosechar el gel

Cortar una hoja y sacar el gel

Cortar una hoja y sacar el gel

Cortad una hoja grande y externa, cerca de la base, con un cuchillo limpio, y no más de una o dos a la vez. Dejadla de pie en un vaso unos 10 minutos para que escurra la savia amarilla, que es amarga e irritante y no es el gel. Después lavad la hoja, quitad los bordes con espinas, abridla en dos a lo largo y sacad con una cuchara la pulpa transparente.

El gel fresco se guarda en la nevera en un bote cerrado hasta una semana, o se congela en cubitos. Aquí solo hablo de cultivo: para cualquier uso sobre la piel o para comer, no os fiéis de lo que cuentan las redes, y si dudáis, preguntad a un farmacéutico.

Multiplicar por hijuelos

Separar los hijuelos

Separar los hijuelos

El aloe se multiplica solo: echa hijuelos, pequeñas plantas que brotan junto a la base. No intentéis hacer esquejes con una hoja suelta, como veréis en algunos vídeos: una hoja de aloe casi nunca echa raíces y lo normal es que se pudra. Esperad a que el hijuelo tenga 5 a 10 cm y varias hojas propias.

En primavera, sacad la planta de la maceta, apartad la tierra y cortad el hijuelo con un cuchillo limpio y algunas raíces. Dejadlo secar a la sombra dos o tres días para que cierre la herida, plantadlo en una maceta pequeña con mezcla drenante y esperad una semana antes del primer riego. Si no sale con raíces, no lo forcéis: poned el hijuelo en el sustrato seco y paciencia.

Elegir la especie

Tres aloes para tres sitios

Tres aloes para tres sitios

Con el nombre de aloe se venden especies distintas. El aloe vera (Aloe vera) es el de roseta compacta y hojas verde grisáceo con dientes blancos, el más común en interior. El aloe arborescente (Aloe arborescens) es un arbusto ramificado que supera el metro, aguanta mejor el frío y la sequía y florece en invierno con espigas rojas o naranjas; en jardines de la costa mediterránea y en zonas sin helada va muy bien. El aloe aristata (Aloe aristata) es pequeño y denso, con hojas cortas y punta de dientes blancos, ideal para una maceta pequeña en interior.

Los nombres comerciales de variedades como «aloe chino» o «de Zanzíbar» se usan de forma poco clara, y no he podido confirmar su origen. Mejor comprad por el nombre científico de la etiqueta. Para cualquiera de ellos valen las mismas reglas: sustrato drenante, riego solo con la tierra seca y luz clara.

Si veis manchas algodonosas blancas entre las hojas, son cochinillas. Frotad con un algodón con alcohol de farmacia o aplicad jabón potásico de uso doméstico, siguiendo la etiqueta. Más cuidados en la sección de Suculentas y cactus y de Plagas y enfermedades.

Lo que más me preguntáis

¿Por qué se le ponen marrones las puntas al aloe?

Casi siempre es sol fuerte de golpe, falta de agua prolongada o sales del abono. Cambiad poco a poco al sol, regad a fondo cuando toque y quitad las puntas secas con tijera limpia.

¿Se puede dejar el aloe fuera en invierno en el norte?

No lo haría. Entre la lluvia y el frío de noviembre a marzo se pudre o se hiela. En la costa más suave puede aguantar bajo un porche, pero con 5 °C ya está en el límite, y es mejor dentro de casa.

¿Cuándo hay que trasplantarlo?

Cada dos o tres años, en primavera, o cuando los hijuelos llenen la maceta. Usad sustrato nuevo y no reguéis hasta pasada una semana.

— Maite, desde el caserío