Una hoja amarilla no es un diagnóstico, es un síntoma, y el mismo síntoma puede tener cuatro causas que se arreglan de formas contrarias. Quien riega más una planta que ya se ahoga, o abona una que solo tiene sed, la remata sin querer. Las hojas de las plantas cuentan lo que pasa en la raíz y en el ambiente, pero hay que leerlas en un orden.
Aquí os explico en qué fijaros antes de tocar nada, seis señales muy frecuentes con su causa más probable, cómo se ven en una monstera y en un ficus lyrata y qué cambia en una casa del norte, donde la luz escasea y la calefacción reseca el aire. Ninguna señal justifica por sí sola echar un producto.
Primero observar: el orden que ahorra errores
Tres preguntas, siempre en este orden. La primera: ¿qué hojas están mal, las viejas o las nuevas? Algunos nutrientes, como el nitrógeno, la planta los traslada de las hojas viejas a las nuevas cuando escasean, así que su falta se nota abajo. Otros, como el hierro, no se mueven, y su falta se nota en los brotes jóvenes. La segunda: ¿cómo es el daño, uniforme, en las puntas, en manchas o en agujeros? Y la tercera: ¿cómo está el sustrato a 5 cm de profundidad? Metedle un dedo o un palillo de madera.
Después, mirad el envés con una lupa o con la cámara del móvil. Casi todas las plagas empiezan por abajo. Y si la duda persiste, sacad la planta del tiesto: las raíces sanas son blancas o beige y firmes, y las enfermas son marrones, blandas y huelen a podrido.
Una advertencia importante: el síntoma llega con retraso. La hoja que hoy se pone marrón refleja lo que pasó hace dos o cuatro semanas. Por eso conviene mirar el historial de riegos y de sitio antes de culpar a lo último que hicisteis. Para los cuidados de base, repasad nuestra categoría de cuidados básicos.
Seis señales y lo que suelen significar
Hojas amarillas que empiezan por abajo

Si amarillean las hojas más viejas y los brotes siguen verdes, puede faltar nitrógeno, pero en una planta de interior lo habitual es el exceso de agua. Os lo digo por experiencia: en el vivero se perdían más plantas por agua que por sed. Si el sustrato está empapado, esperad a que se seque los 5 cm superiores antes de regar y vaciad el plato a los 15 minutos. Ante la duda, sacad la planta: cortad las raíces podridas con tijera limpia y pasadla a un sustrato más aireado.
Puntas y bordes marrones y secos

Suele ser aire seco, riegos muy irregulares o sales acumuladas del abono y del agua dura, que dejan una costra blanca en el sustrato. Regad abundantemente hasta que salga agua por abajo, que lava parte de las sales, y alejad la planta de radiadores. Recortad lo seco siguiendo la forma de la hoja. No pulvericéis: moja un momento y no sube la humedad de la habitación.
Hojas pálidas y tallos largos y débiles

La planta se estira buscando luz y pierde color. Acercadla a la ventana, a menos de 1 m, y girad la maceta un cuarto de vuelta cada semana para que crezca recta. Con poca luz gasta menos agua, así que regad con más calma.
Manchas marrones redondas con halo amarillo

Apuntan a hongos o bacterias, que prosperan con hojas mojadas y poco aire. Quitad las hojas afectadas con una tijera desinfectada con alcohol, regad siempre al sustrato y no a la hoja, y separad la planta de las demás. Si las manchas se extienden rápido, consultad en un vivero de confianza: existen productos autorizados, y se usan siguiendo la etiqueta. Para esto no hay ningún remedio casero probado.
Hoja joven amarilla con los nervios verdes

Es la clorosis férrica: hay hierro en el sustrato, pero la raíz no lo toma, sea porque el agua es muy caliza o porque las raíces sufren por encharcamiento. Revisad primero el riego y el drenaje. Si el problema sigue, un quelato de hierro, usado según la etiqueta, y agua de lluvia para regar suelen bastar. No echéis vinagre en el riego, porque cambia el pH de forma imprevisible.
Agujeros, pegajosidad o hilos en el envés

Eso ya son bichos. Los agujeros en plantas de exterior suelen ser de orugas o caracoles; en interior, una hoja pegajosa con bolitas blancas algodonosas indica cochinilla, y una tela fina con puntos diminutos indica araña roja, típica del aire seco. Limpiad con un bastoncillo con alcohol o un paño húmedo, aislad la planta y revisadla cada semana durante tres semanas. Si veis hormigas subiendo por el tallo, buscad pulgón o cochinilla.
Monstera y ficus lyrata, dos casos prácticos
La monstera (Monstera deliciosa) cuenta mucho con sus manchas. Marrones y secas en el borde, casi siempre aire seco o riego irregular. Marrones y blandas, con el tallo oscuro en la base, exceso de agua. Blanquecinas o amarillentas en el lado que da al cristal, quemadura de sol de mediodía. Y negras, frío o corriente por debajo de unos 10 °C. Las raíces aéreas no son un síntoma, son normales.
El ficus lyrata (Ficus lyrata) es más sensible a los cambios. Las manchas marrones que empiezan en el centro de la hoja y avanzan suelen venir de un sustrato encharcado, y los bordes crujientes, del aire seco o de la sed. Si tira hojas tras una mudanza o una corriente, es estrés: dejadlo quieto en un sitio luminoso, sin sol directo, y limpiadle el polvo con un paño húmedo cada dos semanas.
En redes circula una mezcla de leche con bicarbonato para quitar las manchas del ficus. No hay prueba de que funcione, y la mayoría de esas manchas vienen del riego, no de un hongo. Un líquido graso sobre la hoja solo añade otro problema.
El norte: poca luz, mucha humedad y calefacción
En el País Vasco la luz de invierno es escasa y las plantas gastan menos agua: en diciembre muchas piden riego cada 10 o 14 días, no cada semana. El exceso de agua es aquí el diagnóstico más repetido. Con sirimiri y la casa cerrada, la humedad sube y aparecen hongos si no ventiláis; abrid diez minutos al día. Por contra, la calefacción reseca el aire y quema las puntas.
En la España más seca y soleada, la lectura cambia: las hojas se queman antes por el sol que pasa a través del cristal, y el aire acondicionado reseca igual que la calefacción.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntadas las fechas de lluvia y de helada, y eso me permite ver qué pasó semanas antes de un daño. Haced lo mismo con cada planta: una nota con la fecha de cada riego y de cada cambio de sitio. Cuando una hoja se estropee, miráis la libreta hacia atrás, y la causa suele estar ahí.
Lo que más me preguntáis
¿Hay que cortar la hoja amarilla o marrón?
Si más de la mitad está dañada, sí: no volverá a ponerse verde y la planta gasta energía en mantenerla. Si solo son las puntas, recortad lo seco con tijera limpia y dejad el resto.
¿Cuánto tarda en notarse la mejora?
Las hojas estropeadas no se recuperan. Lo que mejora es el crecimiento nuevo, y se nota entre 3 y 6 semanas después de corregir la causa. Si cambiáis tres cosas a la vez, no sabréis cuál funcionó.
¿Abono una planta con hojas amarillas?
Casi nunca como primera medida. Una planta con raíces dañadas o con poca luz no aprovecha el abono, y las sales extra queman más. Corregid antes el riego y la luz, y abonad solo en primavera y verano, con la dosis de la etiqueta. Si necesitáis más ayuda, os ayudará la sección de plagas y enfermedades.
— Maite, desde el caserío
