En mi caserío las babosas no son una plaga de verano, son una estación más. Basta una semana de sirimiri para encontrar las lechugas recién plantadas reducidas a un esqueleto de nervios y un rastro plateado alrededor. Lo he comprobado cada primavera durante años: contra las babosas y los caracoles no hay un truco único, hay un conjunto de costumbres.
Aquí os cuento por qué el norte los favorece, qué cuatro medidas dan resultado sin echar veneno en la tierra y qué animales de la ladera trabajan gratis para vosotros por la noche. También cómo mover un caracol sin hacerle daño, para quien prefiera no matar.
Por qué el norte es su paraíso
Las babosas y los caracoles respiran y se mueven con la piel húmeda. Con aire seco se deshidratan, por eso se esconden de día y salen de noche o cuando llueve. En el País Vasco, con ciento y pico días de lluvia al año, suelos arcillosos que no se secan y noches frescas, tienen condiciones casi perfectas desde marzo hasta noviembre. La babosa gris (Deroceras reticulatum) es la que más estragos hace en el huerto: se come las plántulas por el tallo y las hojas tiernas, y puede poner huevos incluso en invierno si el suelo no se hiela.
Tenéis que entender su ritmo para vencerlo. Un adulto sale una o dos horas después de anochecer, come, y antes del amanecer vuelve a un refugio húmedo: bajo una piedra, un tiesto, una tabla, una mata densa o el borde del acolchado. Las puestas, unas bolitas translúcidas, aparecen en huecos oscuros del suelo. Por eso las medidas que dan resultado son las que cambian el sitio, no las que persiguen al bicho.
Para la España más seca y caliente el problema es menor y más estacional: casi solo aparecen tras una lluvia o junto a los puntos de riego. Allí conviene regar por goteo y de mañana, y casi no hará falta nada más.
Cuatro medidas que funcionan sin veneno
Salir de caza con linterna

Es la medida más antigua y la que más rápido baja la población. Salid con una linterna entre una y dos horas después de ponerse el sol, sobre todo después de lluvia, y recoged las babosas que veáis sobre las plantas y los bordes del bancal. Durante dos semanas seguidas, el número cae de forma notable porque los adultos son los que ponen los huevos. Un cubo con agua jabonosa o un bote cerrado basta para llevároslas lejos.
Colocar refugios trampa

Si las babosas buscan un lugar oscuro y húmedo para dormir, dadles uno donde os convenga. Poned tablas, tejas viejas o macetas boca abajo, de unos 30 cm de lado, sobre la tierra desnuda del borde del huerto. Cada mañana levantad el refugio y recoged lo que haya debajo. Funciona mejor si la superficie está ligeramente húmeda y si lo dejáis cinco o seis días antes de empezar, para que los animales lo adopten.
Regar de mañana y despejar el suelo

El agua de última hora de la tarde deja el suelo mojado justo cuando las babosas salen. Regad de mañana, a pie de planta y sin salpicar, para que a la noche la superficie esté seca. Retirad también las hojas muertas, los tablones olvidados y los restos de poda del borde del huerto, que son su dormitorio. Un acolchado grueso protege el suelo, pero junto a lechugas y fresas se convierte en un escondite: allí dejadlo en una capa fina de 2 cm o menos.
Proteger las plántulas más tiernas

Las plántulas recién trasplantadas son las que más sufren. Cultivad los semilleros en bandejas elevadas sobre una mesa o un palé y no plantéis en el bancal hasta que tengan cuatro o cinco hojas verdaderas, cuando aguantan algún bocado. Las bandas de cobre en el borde de los tiestos dan una pequeña descarga a las babosas y las frenan bien. Si recurrís a un producto, que sea a base de fosfato férrico, autorizado para uso no profesional, y respetad la dosis de la etiqueta. Nada de metaldehído: es tóxico para perros y erizos.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado que los años de más sirimiri pierdo más plántulas, pero que cuando empiezo la recogida nocturna en marzo, antes del primer trasplante, la población de verano es la mitad. Las que se capturan en marzo son las madres de todas las demás. Llevad vuestra propia cuenta: apuntad cuántas recogéis cada noche durante dos semanas y veréis cómo la cifra baja.
Tres aliados que cazan de noche
El lución, ese lagarto sin patas

El lución (Anguis fragilis) parece una culebra pequeña, pero es un lagarto que ha perdido las patas. No es venenoso ni agresivo. Lo distinguís porque parpadea, porque tiene la piel lisa y brillante y porque se mueve despacio. Se alimenta de babosas, larvas y lombrices entre la hojarasca. Es una especie protegida, y si lo veis en el huerto es buena señal: significa que el suelo tiene humedad, refugios y una cadena de alimento sana. Muchos mueren por un azadonazo en primavera, al remover la tierra por primera vez, así que mirad antes de cavar bajo las lajas y los montones de leña.
El erizo y el sapo partero

El erizo (Erinaceus europaeus) come babosas, caracoles y escarabajos por la noche, y el sapo partero (Alytes obstetricans) hace lo mismo cerca del agua. Para ellos, dejad un rincón sin segar, un montón de ramas y de hojas, una abertura de 13 cm en la parte baja de la valla y un plato de agua poco profundo. Lo que necesitan es suelo vivo, no comida añadida.
Los pájaros, los escarabajos y las lagartijas

El mirlo y el zorzal remueven la hojarasca de día y se llevan las babosas pequeñas. Los escarabajos del suelo (carábidos) y las lagartijas de los muros de piedra hacen su parte sin que los veáis. Una pared de piedra seca, una pila de leña y un seto mixto les dan casa. No hay que hacer nada más que no echar veneno, porque los animales mueren por comer presas envenenadas.
Mover un caracol sin hacerle daño
Si queréis llevar un caracol fuera del bancal en lugar de matarlo, hay un detalle que importa: no lo arranquéis de golpe. Se pega a la superficie con el pie y la succión es fuerte; si tiráis de la concha, podéis dañar el tejido que la une al cuerpo. Apoyad un dedo encima sin apretar y esperad unos 30 segundos. Él mismo afloja el agarre y entonces lo levantáis con la palma abierta. Soltadlo a 20 o 30 m, mirando hacia donde iba. Algunos volverán, pero a 30 m tardan varios días y, mientras, las plántulas ganan un respiro.
Lo que más me preguntáis
¿Sirven las cáscaras de huevo para frenar a las babosas?
Muy poco. Se cuenta que los bordes cortantes las detienen, pero con la lluvia se ablandan y se hunden en el barro, y las babosas pasan por encima sin problema. Es mejor invertir ese esfuerzo en la recogida nocturna y en los refugios trampa; si queréis más ideas contra otros bichos del huerto, mirad la sección de plagas y enfermedades.
¿Es verdad que la cerveza atrae y mata a las babosas?
Las atrae, sí, y se ahogan, pero también atrae a las de los huertos vecinos y hay que vaciar la trampa a diario. Si la usáis, enterrad un vaso hasta el borde, a unos 2 m de las plantas que queréis proteger, no pegado a ellas.
¿Cómo sé si una serpiente de mi huerto es un lución?
Mirad si parpadea, si la cola se desprende al agarrarla y si la piel es lisa y brillante. Una culebra no tiene párpados móviles. En cualquier caso, no lo toquéis más de lo necesario y dejadlo irse tranquilo: es un cazador de babosas protegido.
— Maite, desde el caserío
