Una luz verde, fija y sin parpadeos, en la hierba junto al muro a finales de junio: eso es una hembra de luciérnaga común (Lampyris noctiluca) esperando a que pase un macho. Son las luciérnagas que más preguntas me traen y las que peor se entienden, porque la parte que se ve dura apenas unas semanas y la parte que importa ocurre dos años antes, bajo la hojarasca.
Aquí os cuento cómo es su ciclo de vida, qué hace la larva en el suelo, qué cosas del jardín las perjudican y qué cambios sencillos las dejan quedarse, también en el norte húmedo. Os adelanto algo que sorprende: ninguna flor las atrae. Lo que cuenta es el suelo.

Dos años bajo tierra y unas semanas de luz
La hembra pone los huevos en verano, sobre suelo húmedo, entre hierba y hojarasca. De ellos salen unas larvas que pasan uno o dos años enteros en la capa superficial de la tierra, y en el clima fresco del norte lo habitual es que sean dos. Al final de ese tiempo la larva se transforma en pupa durante unas pocas semanas, a finales de primavera, y de la pupa sale el adulto.
El adulto no está para comer. Su vida es corta, de unas dos o tres semanas, y la dedica a encontrar pareja. La hembra no tiene alas, parece una larva grande y es la que brilla con luz fija desde un tallo de hierba o una piedra. El macho sí vuela, tiene los órganos de luz muy pequeños y se guía por la luz de la hembra. Veréis a los machos volar bajo y despacio, sobre todo a la media hora de ponerse el sol, en las noches templadas y sin viento de mediados de junio a julio.
Por eso una luz fija a ras de suelo es una hembra, y un punto tenue que se mueve en el aire es un macho que busca. No hace falta más código que ese.
Qué hace la larva y por qué conviene tenerla
La larva es plana, oscura, segmentada, con manchas claras en los bordes de cada anillo, y mide entre 1 y 3 cm según la edad. Parece una cochinilla de la humedad alargada y es fácil que la confundáis con otro bicho si la sacáis con la azada. Vive a pocos centímetros de profundidad y sale de noche a cazar.
Su presa son caracoles y babosas pequeños. Los muerde, les inyecta un jugo digestivo y después absorbe el contenido ya disuelto. Es un cazador muy eficaz en la capa del suelo, aunque casi nadie lo ve nunca. Algunas larvas emiten además un brillo muy tenue, que se nota si de noche apartáis con cuidado la hojarasca húmeda.
En el norte, con tanta babosa, una población de larvas es una ayuda real. No os prometo que acabe con las babosas de la huerta, porque no lo hace. Pero un suelo que tiene larvas de luciérnaga es un suelo vivo, con presas, humedad y refugio, y eso es justo lo que no queremos estropear.
Lo que las perjudica sin que lo notéis

Casi todo lo que daña a la luciérnaga se hace con buena intención. Los insecticidas y los productos para el césped llegan al suelo y a las presas de las que se alimenta la larva, y los cebos contra babosas la dejan sin comida o la envenenan de rebote. Dado que la larva tarda dos años en hacerse adulta, el efecto aparece con retraso: un verano de fumigación y, dos veranos después, noches sin luz.
Hay otras causas menos obvias. Remover los parterres a finales del invierno o en primavera destruye larvas y pupas. Retirar toda la hojarasca en otoño quita la capa húmeda donde viven. Segar el prado al ras cada semana elimina el refugio de los adultos, que descansan de día en la hierba. Y el alumbrado exterior encendido toda la noche confunde a los machos, que vuelan hacia las farolas y no hacia la hembra, y tapa el brillo de las hembras en el suelo.
Os lo digo por experiencia: en mi caserío la zona donde más luces veía hace años era la que nadie tocaba, un rincón de hierba alta junto al muro de la cuadra. No era un jardín bonito. Era el que funcionaba.
Cómo atraerlas: hábitat, no flores
Las luciérnagas no necesitan néctar, así que no hay planta mágica. Los listados de plantas que circulan funcionan sobre todo porque forman matas densas que guardan sombra y humedad en el suelo, que es lo que buscan las larvas y sus presas. Un tapiz de tomillo rastrero (Thymus serpyllum) o de milenrama (Achillea millefolium) sirve, pero un montón de hojas bajo un seto sirve igual. Lo que importa son estas medidas:
- Dejad un rincón sin segar, con hierba de más de 15 cm, desde mayo hasta agosto como mínimo.
- Mantened la hojarasca bajo arbustos y setos durante todo el año, y poned encima piedras planas o troncos viejos, que conservan la humedad.
- Apagad las luces exteriores de mayo a julio, o instalad un sensor de movimiento que las encienda solo un momento.
- Renunciad a insecticidas, herbicidas y cebos antibabosas en todo el jardín, no solo en ese rincón.
No labréis ni remováis esa zona hasta que acabe el verano. Si necesitáis arreglar un parterre, hacedlo en septiembre u octubre, cuando los adultos ya han puesto sus huevos.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntada la fecha de la primera noche del año en que veo una luz fija en la hierba. Si en cuatro o cinco años cae en la misma semana de junio, sé que el rincón sigue vivo. Si un año no aparece, repaso qué hice el otoño anterior: casi siempre fue limpiar de más.
El norte húmedo y el sur seco

La lluvia nos regala una ventaja: la hojarasca del norte casi nunca se seca y el sirimiri mantiene el suelo fresco hasta bien entrado el verano. Las babosas abundan, así que las larvas encuentran comida. Lo único que juega en contra es el frío de algunos veranos nublados, que retrasa a los adultos hasta julio, y los jardines demasiado limpios.
Para quien vive en zonas secas y calurosas, el problema es el contrario: el suelo se reseca y las larvas buscan lo húmedo. Conservad un rincón a la sombra de un arbusto, con una capa gruesa de hojas de unos 10 cm, y regadlo de vez en cuando sin encharcar. El resto del jardín puede seguir siendo jardín. Más animales útiles del huerto, en la sección de fauna e insectos.
Lo que más me preguntáis
¿Las luciérnagas pican o hacen daño a las personas?
No, no pican ni muerden a las personas y no transmiten nada. Lo mejor que podéis hacer es mirarlas sin cogerlas, porque el adulto tiene una vida muy corta y no merece que lo gastemos en un bote de cristal.
¿Puedo llevarme larvas a casa para criarlas?
Mejor que no. Necesitan humedad, presas vivas y dos años de cuidados que un tarro no da, y casi todas mueren. Si queréis más luciérnagas, cuidad el rincón donde ya viven y dejad que ellas hagan el resto.
Tengo un jardín grande y nunca veo luciérnagas, ¿por qué?
Puede que no haya población cerca o que la hayan perjudicado la luz exterior, los productos del césped o una limpieza excesiva. Corregid esas causas y tened paciencia: como la larva tarda dos años, los primeros resultados llegan al segundo verano, no al siguiente.
— Maite, desde el caserío
