Compost casero: qué echar y cómo hacer que se caliente

Un montón de restos de cocina y poda puede convertirse en tierra oscura y suelta en cuatro meses, o quedarse un año entero hecho una pasta que huele a establo. La diferencia casi nunca está en la compostera: está en lo que echáis y en cómo lo mezcláis.

El compost casero es un abono que fabrican bacterias, hongos y pequeños animales a partir de restos vegetales. Aquí veis qué materiales sirven y cuáles no, por qué un montón llega a calentarse, qué atajos de internet no funcionan, quién vive dentro, qué compostera elegir y cómo llevar el año con la lluvia del norte.

Qué echar al compost y qué dejar fuera

Qué echar al compost y qué dejar fuera

Todo el asunto se resume en dos familias. Los materiales verdes son húmedos y ricos en nitrógeno: peladuras de fruta y verdura, posos de café, siega fresca y restos de la huerta. Los materiales marrones son secos y aportan carbono: hojas caídas, ramitas troceadas, paja, cartón sin tintas y papel normal. La proporción que mejor me ha funcionado es de dos partes de marrón por una de verde, medidas a ojo en volumen, no en peso.

Un poco de preparación acelera mucho. Trocead las peladuras gruesas en pedazos de 2 o 3 cm y machacad las cáscaras de huevo, que enteras tardan más de un año en desaparecer. Repartid los posos de café por el montón en vez de volcarlos en un bloque, porque se apelmazan. Vaciad las bolsitas de infusión, ya que muchas llevan plástico en la malla, y tirad la bolsa al contenedor de resto. La siega de césped va en capas de 5 cm como máximo, siempre cubierta con material seco; sola se compacta y fermenta sin aire. Las cáscaras de nuez y avellana son lentas, pero dejan huecos por donde respira el montón.

Y esto es lo que debe quedarse fuera, aunque en las redes lo veáis en alguna lista:

  • Carne, pescado y huesos: pudren mal, huelen a distancia y atraen ratas y gatos.
  • Lácteos, grasas y aceites: forman una película que impide el paso del aire y ralentiza todo.
  • Excrementos de perros y gatos: pueden llevar parásitos que el montón doméstico no elimina.
  • Malas hierbas con semilla o con raíz que rebrota: el compost de casa no siempre alcanza calor suficiente para matarlas.
  • Plantas enfermas, por ejemplo con mildiu u oídio: las esporas sobreviven y las devolveríais al bancal.

Por qué se calienta un montón y cómo lograrlo

Por qué se calienta un montón y cómo lograrlo

Cuando la mezcla está bien equilibrada, las bacterias se multiplican muy deprisa y el centro del montón sube hasta 55 o 65 °C. Ese calor es la señal de que todo va bien, y además acorta el proceso a tres o cuatro meses. Para que se produzca hace falta volumen: un cubo de un metro por lado (1 m³) retiene el calor; una compostera pequeña de 300 litros también compostará, pero tibia y más despacio, en seis a doce meses.

La humedad debe ser la de una esponja escurrida. Si cogéis un puñado y apretáis, tiene que soltar como mucho una gota. Si chorrea, falta material seco; si se deshace como polvo, regad un poco. Y el aire se cuida con ramitas gruesas en el fondo, que forman una rejilla, y con un volteo cada dos o tres semanas durante los primeros meses, pasando lo de fuera al centro.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado el día en que monto cada montón y el día de cada volteo, porque la memoria engaña. A la semana de montar, clavad en el centro un palo de escoba, dejadlo cinco minutos y tocadlo: si sale caliente y húmedo, el montón trabaja; si sale frío y seco, regad y añadid verde; si huele a amoniaco, echad marrón y voltead.

Cuatro falsos atajos que circulan por redes

Se comparte mucho que ciertos descuidos «aceleran» el compost. Os lo digo por experiencia: casi todos lo retrasan. El primero es no trocear nada. Es verdad que las ramas gruesas dejan huecos de aire, y por eso van al fondo, pero un resto grande tarda años en descomponerse; lo razonable es cortar a 2-5 cm y reservar unas pocas ramas para la base.

El segundo es dejar que crezcan calabazas o tomates dentro. Esas plantas son semillas que sobrevivieron, absorben la humedad del montón y no lo airean de manera útil; arrancadlas y volved a echarlas. El tercero es no voltear en meses: un montón quieto también acaba siendo compost, pero en un año y con bolsas sin oxígeno que huelen mal. El cuarto es echar cítricos y cebollas a puñados para corregir el pH o espantar larvas. Una cáscara de naranja de vez en cuando no pasa nada, aunque en cantidad frena la descomposición, y no hay prueba de que sus aceites controlen mosquitas. Para las moscas, lo que funciona es tapar siempre lo fresco con una capa de hojas secas.

Quién vive dentro del montón

Quién vive dentro del montón

Un montón en marcha es una cadena alimentaria. Los primeros comedores son las bacterias, los hongos, los actinomicetos (que dejan esos hilos blancos con olor a bosque, nada de moho peligroso), las cochinillas de humedad, los milpiés, los colémbolos y las lombrices. Después vienen los que se comen a los anteriores, como ciertos ácaros y nematodos, y arriba están los depredadores: ciempiés, escarabajos de tierra, estafilínidos y pseudoescorpiones. Todos juntos convierten un cubo de restos en humus, y verlos es buena señal.

La lombriz roja (Eisenia fetida) aparece cuando el centro ya no pasa de 35 °C, y no antes. En las zonas cálidas de España aparece también la mosca soldado negra (Hermetia illucens), cuya larva es grande, gris oscura y aplanada, de unos 2 cm; si la veis, dejadla trabajar, porque el adulto no pica ni entra en casa. La larva de la mosca doméstica, en cambio, es pequeña, pálida y lisa, y avisa de que hay demasiada humedad o restos animales mal tapados. Se corrige añadiendo material seco y volteando.

Tipos de compostera y dónde colocarla

Tipos de compostera y dónde colocarla

El cajón de madera de palés, con dos compartimentos, es lo más práctico para un huerto: en uno se monta y en otro madura. El compostador de plástico cerrado, de 300 a 400 litros, vale para jardines pequeños; calienta menos, pero guarda mejor la humedad. La pila libre sobre el suelo funciona si tenéis mucha materia. Para balcones existe el vermicompostador de bandejas, con lombrices rojas, que pide 15-25 °C y raciones pequeñas.

Hay una variante útil para bancales: la torre de lombrices. Necesitáis un trozo de tubo de drenaje, de medio metro y unos 12 cm de ancho. Taladradlo con agujeros de 1 cm, separados 5 cm, por su parte inferior y enterradlo en medio del bancal, de modo que sobresalgan 10 cm. Echad un puñado de compost con lombrices, tapadlo con una tapa y alimentadlo cada semana con restos pequeños. Las lombrices entran y salen por los agujeros y abonan despacio la tierra de alrededor. No calienta; es un abonado lento.

Colocad cualquier compostera en semisombra, sobre tierra desnuda para que entren los organismos del suelo, a salvo del viento y cerca de la cocina, para no dejar de usarla en los días de lluvia. Un cubo con tapa en la encimera evita el viaje diario.

Clima del norte, calendario y uso del compost

En mi caserío el enemigo del montón es el agua, no la sequía. Ciento y pico días de lluvia empapan un montón destapado y lo dejan sin aire, así que cubridlo con una lona o con un tejadillo y echad cartón seco cuando huela agrio. En invierno el proceso se frena pero no se detiene; en marzo y abril, con la subida de temperatura, es el momento del primer volteo grande. En junio se alcanzan los 55-60 °C, y en octubre las hojas caídas son el mejor carbono del año: guardadlas en sacos para el resto de los meses.

Para el interior y el sur de España el problema es el contrario: en julio y agosto el montón se seca. Regadlo una o dos veces por semana y moved la compostera a media sombra. Os puede servir mirar más ideas de huerto y hortalizas.

El compost está listo cuando es oscuro, se deshace entre los dedos, huele a tierra de bosque y no se reconocen los restos. Tamizadlo con una malla de 10 mm, devolved lo grueso al montón nuevo y extended 2-3 cm sobre el bancal en otoño o primavera. Las lombrices lo arrastrarán hacia abajo en semanas; no esperéis un cambio de la noche a la mañana, la tierra mejora temporada tras temporada.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo compostar en un balcón sin jardín?

Sí, con un vermicompostador de bandejas y lombrices rojas. Echad raciones pequeñas, nada de cítricos en cantidad, carne ni lácteos, y mantenedlo entre 15 y 25 °C, a la sombra. Con cuatro peladuras al día basta.

¿Por qué salen mosquitas diminutas de mi compostera?

Suelen ser moscas de la fruta, que llegan atraídas por los restos dulces recién echados. Enterrad lo fresco bajo unos 5 cm de material seco o de compost viejo y tapad el cubo de la cocina. En una semana desaparecen casi siempre.

¿Se puede echar ceniza de chimenea?

Solo un puñado muy fino por capa y únicamente si procede de madera sin tratar. Aporta potasio, pero alcaliniza el montón, así que evitadla si el compost va destinado a hortensias, arándanos o plantas de tierra ácida.

— Maite, desde el caserío