Cultivo del tomate: del semillero a la cosecha en el norte

Un tomate de huerta tarda unos 140 días en pasar de semilla a fruta, y en una tierra de lluvia y nubes cada semana cuenta. El cultivo del tomate en el norte tiene un enemigo que en el sur casi no existe, el mildiu, y varios aliados que conviene aprovechar: una siembra bien calculada, el tallo enterrado y un techo sobre las plantas.

Aquí tenéis el ciclo completo en seis pasos, con fechas pensadas para la costa y los valles vascos, lo que cambia si vivís en una zona más seca y caliente, las ideas de moda que no recomiendo y cómo reconocer el punto exacto de la cosecha.

Ficha rápida

Nombre científico
Solanum lycopersicum
Siembra
Semillero de marzo a principios de abril; trasplante de mayo a junio
Luz
Pleno sol, 6–8 horas diarias
Marco de plantación
60–90 cm entre plantas
Cosecha
De finales de julio a octubre

Sembrar en semillero y repicar

Antes de sembrar, elegid la variedad según el sitio. Las determinadas, de porte bajo, dan toda la cosecha en pocas semanas y se llevan bien en maceta de 20 litros o más. Las indeterminadas siguen creciendo hasta el otoño y dan fruta durante meses, pero necesitan tutor alto y más atención. En el norte conviene preguntar en el vivero por variedades tempranas y de piel gruesa, que maduran antes de que llegue el otoño húmedo. Comprad semillas o plantel de una fuente fiable: una planta sana de partida ahorra muchos disgustos.

Sembrar entre 8 y 10 semanas antes del trasplante

Sembrar entre 8 y 10 semanas antes del trasplante

La fecha de siembra se calcula hacia atrás desde el trasplante. En la costa vasca la última helada llega hacia mediados de marzo, en los valles interiores en abril y en la llanura alavesa a finales de abril o principios de mayo. Como el tomate se planta cuando las noches pasan de 10 °C de forma estable, el trasplante cae entre mediados de mayo y junio, y la siembra, entre mediados de marzo y principios de abril.

Usad sustrato de semillero ligero y sembrad a 0,5 cm de profundidad. Para germinar piden calor: 22–25 °C, y nunca menos de 18 °C. Cuando asomen las plántulas, bajad un poco la temperatura y dadles toda la luz posible junto a una ventana. Una siembra demasiado temprana en un piso del norte, con días cortos y cielo cubierto, da plantas largas, finas y torcidas.

Repicar con cuatro a seis hojas verdaderas

Repicar con cuatro a seis hojas verdaderas

Las hojas verdaderas son las que salen después de las dos primeras, que son redondeadas y pertenecen a la semilla. Cuando la plántula tenga entre cuatro y seis, pasadla a una maceta de 9–10 cm. Regad poco: el fallo más común de esta fase es el exceso de agua, que da plantas blandas y alargadas que no se recuperan. Es mejor un sustrato que se seque ligeramente entre riegos.

Trasplantar y sostener las plantas

Trasplantar enterrando el tallo

Trasplantar enterrando el tallo

Cuando la planta mida 15–20 cm, acostumbradla durante una semana al aire libre, unas horas más cada día. Después plantadla enterrando el tallo hasta las primeras hojas verdaderas: de la parte enterrada salen raíces nuevas y la planta queda más firme. Dejad 60–90 cm entre plantas, para que corra el aire. Ponedlas en el sitio más soleado, a 6–8 horas de sol directo, y con la tierra mejorada con compost para que drene bien.

Poner tutor y quitar brotes y hojas bajas

Poner tutor y quitar brotes y hojas bajas

Clavad un tutor de 1,8–2 m junto a cada planta el mismo día del trasplante, para no dañar luego las raíces. Si la variedad es indeterminada, la que crece sin parar, pellizcad los brotes que nacen entre el tallo y cada rama. Si es determinada, la de porte bajo, no los quitéis: darían menos fruto. Cuando la planta llegue a 60 cm, retirad las hojas de abajo hasta la altura del primer racimo. Así corre el aire y la lluvia no salpica barro con esporas a las hojas.

Regar, defender y cosechar

Regar al pie y acolchar

Regar al pie y acolchar

El tomate quiere riego regular: unos 25–40 litros por m² a la semana en verano si no llueve, repartidos en dos o tres riegos largos, de forma que la tierra quede húmeda a 15 cm de profundidad. Las subidas y bajadas de humedad agrietan el fruto y provocan la podredumbre apical, esa mancha negra en la base. Cubrid el suelo con 5–7 cm de paja o mantillo y regad siempre al pie, sin mojar las hojas. Abonad con compost al plantar y con un abono rico en potasio cuando cuaje el primer racimo.

Cosechar según el color

Cosechar según el color

Un tomate se corta cuando está del todo coloreado y cede un poco al apretarlo con suavidad. Se retira girándolo o con tijeras, dejando el cáliz. Si llegan lluvias largas o el mildiu avanza, recoged los frutos que ya empiezan a cambiar de verde a rosado, la llamada etapa de ruptura. Terminan de madurar dentro de casa en una capa, a temperatura ambiente y lejos del sol directo, aunque el sabor no iguala al de un tomate madurado en la mata.

El mildiu y el clima del norte

Con ciento y pico días de lluvia al año, el mildiu (Phytophthora infestans) es el verdadero problema. Se anuncia con manchas pardas en hojas y tallos y avanza rápido con humedad y temperaturas suaves. Lo he comprobado cada verano: un techo de plástico transparente, un porche o un invernadero abierto por los lados reducen el riesgo mucho más que cualquier pulverización. Regad al pie, separad bien las plantas y retirad las hojas enfermas, sin echarlas al compostador.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que las plantas que más tomates dan en un año de lluvia son las que tienen el primer racimo a 40–50 cm del suelo y ninguna hoja por debajo. Cortad esas hojas en cuanto el primer racimo esté formado, y no antes.

Para quien vive en zonas más secas y calurosas, el problema es el contrario: por encima de 30–32 °C de día o por debajo de 10 °C de noche, las flores se caen sin cuajar. Allí conviene trasplantar antes, en abril, dar sombra ligera a mediodía y acolchar más grueso. Otro enemigo de la humedad son las babosas, que se comen las plantas jóvenes recién trasplantadas. Recoged las que veáis al anochecer y proteged las primeras semanas con una barrera de cáscara de nuez triturada; la cinta de cobre da resultados irregulares. Una caléndula o una albahaca junto a las tomateras atraen polinizadores al huerto, pero no esperéis que alejen plagas por sí solas.

Podéis ver más cultivos en la categoría de huerto y hortalizas.

Lo que más me preguntáis

¿Sirve la luna para elegir el día de siembra?

No hay pruebas sólidas de que las fases lunares cambien la germinación del tomate. Lo que decide es la temperatura del semillero, la luz y contar las 8–10 semanas hasta el trasplante. Si os gusta seguir la luna, usadla para elegir entre dos días buenos, nunca para adelantar la siembra.

¿Se puede rociar el tomate con aspirina y amoniaco?

No lo recomiendo. Mezclar amoniaco con otros productos puede producir gases irritantes, y el beneficio de la aspirina sobre las hojas no está demostrado. Para mejorar la salud de las plantas, es más útil la ventilación, el techo y el riego al pie.

¿Hay que añadir sal de Epsom al plantar?

Solo ayuda si falta magnesio, y eso se nota en hojas viejas amarillas entre los nervios. En una tierra con compost casi nunca hace falta. Antes de comprarla, probad con un buen abonado de fondo y regad con regularidad.

— Maite, desde el caserío