En mi caserío tengo una ventana al sur donde un aloe se pone feliz y una ventana al norte donde ese mismo aloe se estiraría hasta caerse de la maceta. Lo he comprobado con tres plantas distintas y siempre pasa lo mismo: no importa lo bien que riegues si la planta está en el sitio equivocado.
La orientación de la ventana es la primera pregunta que hay que hacerse antes de comprar una planta de interior, y mucho antes de hablar de riego o de abono. Aquí os cuento qué luz entra por cada fachada en una casa del norte, qué especies aguantan en cada una y cómo comprobarlo vosotros mismos sin aparatos.

Cómo cambia la luz según la orientación de la ventana
Hay un dato que casi nadie tiene en cuenta: la luz no depende solo de hacia dónde mira el cristal, sino de lo que tiene delante. Un alero, un árbol del jardín, el muro del vecino o una cortina espesa pueden convertir una ventana al sur en una ventana a la sombra. Y la distancia importa más de lo que parece. A un metro del cristal la planta recibe bastante menos luz que pegada a él, y a dos metros la diferencia ya es enorme.
Pensad la luz en tres niveles. La luz directa es la que cae con el sol sobre las hojas durante varias horas. La luz brillante indirecta es la de una habitación clara, con el sol entrando solo un rato o rebotando en una pared. La luz escasa es la de un cuarto donde nunca da el sol, pero en el que se puede leer a mediodía sin encender nada. Casi todas las plantas de interior se adaptan a uno de esos tres niveles, y por eso conviene identificar el vuestro antes de elegir.
En el vivero aprendí a no fiarme de la intuición de los clientes: casi todos decían que su salón era muy luminoso, y casi siempre se referían a la luz que ven ellos, que es engañosa porque el ojo se adapta. Una planta no se adapta tan deprisa.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado a qué hora entra el sol en cada ventana de la casa en cada estación: unas columnas con diciembre, marzo, junio y septiembre. Hacedlo un día despejado de cada estación, con el móvil mirando la hora en que la mancha de sol toca el suelo y la hora en que se va. Con cuatro apuntes tendréis un mapa de la casa mejor que cualquier etiqueta de tienda, y veréis que el sol de invierno, bajo y débil, no es el mismo que el de junio.
Ventana al sur o al suroeste: la más soleada
Es la fachada con más horas de sol directo, y la única en la que las plantas de pleno sol prosperan de verdad dentro de casa. Aquí van bien las suculentas y los cactus: la echeveria (Echeveria elegans), el aloe (Aloe vera), el árbol de jade (Crassula ovata) o el cactus bola (Mammillaria). Pegadas al cristal, con el sol de la mañana y del mediodía, mantienen la forma compacta y los colores intensos.

Con todo, tiene dos pegas. La primera es que el cristal funciona como una lupa en pleno verano: una hoja que ha pasado semanas en la sombra y de pronto recibe sol directo de agosto puede quemarse en una tarde. Por eso, si movéis una planta hacia esa ventana, hacedlo poco a poco, durante dos semanas, y poned un visillo fino entre las doce y las seis de la tarde. La segunda pega es que el suelo de la maceta se seca antes, de modo que mirad la tierra con el dedo antes de regar. Sobre cómo ajustar el riego a cada especie hablé en regar plantas de interior según la especie.
En el norte de España, con tantos días nublados, la ventana al sur es una joya. En invierno es casi la única en la que las suculentas no se estiran buscando luz. Si vivís en la España más soleada y seca, en cambio, esa misma ventana en julio puede superar con facilidad los 35 °C junto al cristal, y entonces las suculentas pasan mejor el verano un par de metros hacia dentro.
Ventana al este o al oeste: luz brillante sin quemar
Son las orientaciones más agradecidas. La ventana al este da sol suave de primera hora de la mañana, que apenas calienta, y luz clara el resto del día. La ventana al oeste recibe el sol de la tarde, más intenso y más caliente, sobre todo entre junio y agosto, así que casi siempre necesita un visillo en verano.

Con esta luz van muy bien la mayoría de las plantas de follaje: la mala madre o cinta (Chlorophytum comosum), la costilla de Adán (Monstera deliciosa), la higuera de hoja de violín (Ficus lyrata) y el árbol del caucho (Ficus elastica). Todas piden mucha claridad, pero no soportan que el sol de las cinco de la tarde les dé de lleno. La higuera de hoja de violín, en concreto, deja caer hojas si la mudáis de sitio con frecuencia, así que elegid su rincón y respetadlo.
Un detalle de la ladera: en mi casa la ventana del oeste es la que más sufre el viento y la lluvia de frente, y en invierno se queda bastante fría de noche. Si la ventana es antigua y cierra mal, separad las plantas del cristal unos 10 cm cuando bajen de 8 °C, porque el contacto con el vidrio frío las daña más que la falta de luz.
Ventana al norte y rincones oscuros: pocas opciones, pero buenas
Aquí no entra el sol directo en ningún momento del año, así que la lista de plantas es corta. Las más fiables son la zamioculcas (Zamioculcas zamiifolia), el potos (Epipremnum aureum), el filodendro de hoja de corazón (Philodendron hederaceum) y la aspidistra (Aspidistra elatior), la clásica de los zaguanes de toda la vida. Aguantan, y eso es lo que hay que entender: aguantar no es crecer deprisa. En una ventana al norte esas plantas echan una hoja nueva cada pocas semanas en el mejor de los casos y no florecerán nunca.

La regla práctica es sencilla. Si a mediodía necesitáis encender la luz para leer, la planta también necesita ayuda. En ese caso hay dos soluciones: acercarla a una ventana más clara o poner una lámpara LED de espectro completo a unos 30 cm por encima de las hojas, con un temporizador de 10 a 12 horas al día. La falta de luz se nota en hojas pálidas y tallos largos y finos entre una hoja y la siguiente. Y regad menos: con poca luz la planta gasta menos agua, y una maceta que no se seca en diez días es una invitación a las raíces podridas.
Lo que cambia en el norte y en el resto de España
En el País Vasco, con ciento y pico días de lluvia al año y cielos cubiertos buena parte del invierno, toda la casa es un nivel más oscura que la misma casa en Sevilla o Valencia. Mi consejo es subir un escalón: lo que en el sur sería una ventana al este con luz brillante, aquí se comporta como luz media. Colocad las plantas más exigentes en la ventana al sur y limpiad los cristales por dentro y por fuera dos veces al año, porque la capa de polvo y de humedad puede quitar una parte notable de la luz.
En el centro y el sur de la península ocurre lo contrario: el problema es el exceso. Allí las ventanas al sur y al oeste obligan a poner cortinas finas o a retirar las plantas del cristal en verano, y la ventana al norte, que aquí es la más difícil, resulta ser la más fresca y cómoda para helechos y aspidistras.
Lo que más me preguntáis
¿Cada cuánto hay que girar la maceta?
Un cuarto de vuelta cada semana o cada dos semanas. La planta se inclina siempre hacia la luz y, si no la giráis, queda torcida y con un lado mucho más frondoso que el otro. Hacedlo siempre en el mismo sentido y sin mover la planta de sitio más de lo necesario.
¿Un espejo o una pared blanca ayudan en un rincón oscuro?
Sí, algo. Una pared clara refleja bastante más luz que una oscura, y un espejo enfrente de la ventana devuelve parte de la que entra. No sustituyen al sol, pero pueden subir un poco el nivel de luz en un rincón a dos metros del cristal, lo justo para que una zamioculcas o un potos vivan mejor.
¿Puedo poner una planta de sol detrás de una cortina?
Una cortina fina o un visillo dejan pasar buena parte de la luz y filtran el sol más fuerte de las horas centrales, y son perfectos para las plantas de luz brillante. Una cortina gruesa o de color oscuro, en cambio, deja la habitación en luz escasa aunque el sol pegue fuera, y las suculentas se estiran en pocas semanas. Abrid la cortina de día y cerradla solo cuando la planta no pueda quemarse.
— Maite, desde el caserío
