Cuando trabajaba en el vivero, la pregunta que más veces oí junto al mostrador era siempre la misma: «Tengo las manchas en las hojas, ¿qué le echo?». Y casi siempre la respuesta correcta empezaba con otra pregunta: ¿qué forma tiene la mancha?
Una mancha no es una enfermedad, es un síntoma, y el mismo síntoma tiene causas muy distintas: un hongo, un golpe de sol, un riego mal medido o un bicho que se ha comido media hoja. Si el origen es el riego, un fungicida no lo arregla, y encima gasta dinero. Aquí tenéis cinco patrones claros, la causa más probable de cada uno y el orden en que conviene revisar.
El orden que evita errores
Antes de comprar nada, seguid siempre la misma secuencia. Primero mirad la hoja de cerca, con luz de día, por el haz y por el envés. Segundo, comprobad el riego: meted un dedo 3 o 4 cm en la tierra y ved si está seca, húmeda o empapada. Tercero, pensad en el sol y el viento de los últimos días. Y solo al final, si nada de eso explica el síntoma, sospechad de un hongo o de una plaga.
Una hoja enferma no es siempre una planta enferma. Una planta fuerte tira una hoja manchada y sigue creciendo. Lo que debe preocuparos es que el síntoma avance a hojas nuevas o que se repita sin cambiar nada. Si el problema es de interior, en este artículo sobre el riego explico cómo medir cuánta agua necesita cada especie.
Cinco patrones y lo que dicen
Puntas y bordes secos, sin halo

La punta o el borde se vuelve marrón y quebradizo, y entre la parte seca y la verde no hay ningún anillo amarillo. Casi siempre es falta de agua, aire demasiado seco, un golpe de sol sobre una hoja que no estaba aclimatada o exceso de sales en una maceta. Regad con calma, sacad la planta del sol directo de la tarde y recortad la parte seca con una tijera limpia.
Manchas redondas con halo amarillo

Esta es la mancha típica del hongo. Es redonda, marrón o negruzca, con un halo amarillo alrededor, y a veces con anillos concéntricos. Aparece primero en las hojas bajas y crece cuando hay humedad prolongada. Quitad las hojas afectadas, tiradlas a la basura y regad al pie, sin mojar el follaje. Si el hongo se extiende a hojas nuevas, usad un producto autorizado para uso no profesional siguiendo la etiqueta.
Hojas amarillas con tierra empapada

Si el amarillo empieza por las hojas más viejas, las inferiores, y la tierra huele a humedad o pesa mucho, el culpable es el exceso de riego. Con las raíces sin oxígeno, la planta no puede alimentar sus hojas. Dejad secar el sustrato en la parte alta, comprobad que el agujero de drenaje no está tapado y vaciad el plato a los diez minutos de regar. Con raíz muy dañada, se trasplanta con sustrato nuevo.
Amarillo entre los nervios

Cuando el nervio sigue verde y el tejido de entre nervios se aclara, la planta no absorbe bien un nutriente, normalmente hierro, sobre todo en suelos con cal o con riego de agua dura. En el norte es poco frecuente en tierra, pero se ve mucho en hortensias y azaleas de maceta. Se corrige con un quelato de hierro y regando con agua de lluvia, no con abono a lo loco.
Agujeros y bordes comidos

Los agujeros irregulares y los bordes mordidos son de bichos, no de hongo. Mirad al anochecer con linterna: en mi huerta casi siempre son babosas y caracoles, que dejan un rastro plateado; si veis excrementos negros diminutos, son orugas. Se recogen a mano, se pone una trampa de cerveza o una barrera seca y se protege la siembra joven.
Lo que cambia con el clima del norte
En el País Vasco los hongos son el sospechoso habitual. La humedad dura días, el sirimiri moja las hojas desde el amanecer y las hojas no se secan. Por eso en mi caserío miro dos cosas: que las plantas tengan espacio para que circule el aire y que el riego sea siempre en el suelo, por la mañana. Lo he comprobado una y otra vez: una calabacera bien separada se mancha mucho menos que la que está pegada a la vecina.
En la España seca y calurosa ocurre lo contrario. El primer sospechoso es el sol y el viento, y las manchas por quemadura de hoja o por falta de agua son más comunes que los hongos. La regla de oro allí es regar a primera hora, con el suelo bien empapado cada pocos días en vez de un poco todos los días, y acolchar con paja para que la tierra no se reseque. Si regáis por goteo y con agua dura, mirad también las sales que dejan costra blanca en el borde del sustrato.
Qué hacer según la causa
Para un problema de riego o sol, corregid el hábito y no hagáis nada más: las hojas dañadas no se recuperan, pero las nuevas saldrán sanas. Para un hongo, retirad las hojas afectadas, mejorad la ventilación y aplicad un fungicida autorizado solo si el problema avanza. Las bacterias, que dan manchas negras con aspecto aceitoso, se tratan quitando el tejido infectado y desinfectando las tijeras con alcohol de 70 % entre planta y planta.
Un detalle que me enseñaron en el vivero: no mezcléis el diagnóstico de varias hojas. Una planta puede tener a la vez una hoja quemada por el sol y otra con hongo, y cada una pide cosas distintas. Mirad hoja por hoja, empezando por la más antigua y siguiendo hacia el centro, y anotad lo que veis en cada una antes de decidir.
Los virus, que producen mosaicos de hojas con zonas más claras y más oscuras o hojas enrolladas, no tienen cura. Si la planta es un cultivo de temporada, es mejor arrancarla y tirarla con la basura, no al compost, para evitar que pase a las vecinas. Lavaos las manos y desinfectad las herramientas después.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado, planta por planta, qué hoja manché primero y qué tiempo hizo en las dos semanas anteriores. Es lo único que me permite distinguir un riego mal dado de un hongo de verdad, porque casi siempre la causa está en lo que pasó diez días antes y no en lo que veo hoy. Un cuaderno con fechas vale más que un fungicida.
Lo que más me preguntáis
¿Puedo cortar las hojas manchadas?
Sí, y es lo primero que hago. Cortad solo las que estén muy afectadas, con una tijera limpia, y no quitéis más de un tercio de las hojas de una vez. Tirad los restos a la basura, no al compost.
¿Las manchas se pueden quitar de la hoja?
No. Una hoja manchada se queda así, porque el tejido muerto no se regenera. Lo importante es que las hojas nuevas salgan limpias; si es así, el problema está resuelto aunque la hoja vieja siga fea.
¿Debo pulverizar fungicida por si acaso?
No. Un fungicida aplicado sin diagnóstico no corrige un riego mal dado y gasta dinero. Además, algunos productos manchan o queman las hojas si se aplican con sol. Primero la causa y después el producto.
— Maite, desde el caserío
