En mi caserío las suculentas viven en el alféizar de la cocina, y en la ladera hay muchos meses en que el cielo no se despeja. En el vivero aprendí que una suculenta no se queja con ruido: cambia de color, de forma y de tacto semanas antes de que se estropee de verdad.
Leer las hojas de las suculentas es lo que separa a quien las salva a tiempo de quien las tira en febrero. Aquí os cuento seis señales, qué quiere decir cada una, qué cambiar primero y cómo se complica todo cuando el invierno es gris y lluvioso.
Señales que hablan de la luz
La luz es lo que más falta hace en el norte, así que empiezo por ella. Una suculenta convierte la luz en azúcares y guarda agua en las hojas; si falla una de las dos cosas, se nota en el aspecto.
Roseta cerrada y verde firme

Una planta como la echeveria (Echeveria elegans) que mantiene la roseta apretada, con las hojas pegadas entre sí y un verde parejo, está contenta. No hay nada que arreglar. Os lo digo porque la tentación de mover, regar de más o trasplantar una planta que va bien es enorme, y casi siempre sale mal. Dejadla donde está y apuntad la fecha.
Puntas rojizas, moradas o naranjas

Muchos cultivares enrojecen en los bordes cuando reciben bastante sol o pasan algo de frío. Es un pigmento de protección, parecido a cuando a nosotros se nos oscurece la piel en verano, y no es una enfermedad. En el vivero vendíamos esas plantas más caras justamente por ese color. Lo único que debéis vigilar es que el tono vaya de la mano de hojas firmes: si además se arrugan, el problema es de agua y no de luz.
Verde pálido, casi blanquecino, y manchas secas

Cuando una planta que estaba a la sombra sale de golpe al sol, las hojas se quedan lavadas y aparecen manchas blancas, plateadas o marrones, secas al tacto. Es una quemadura y no se cura: esa mancha queda para siempre. Retirad la planta del sol directo y volved a exponerla poco a poco, empezando por una hora de sol suave de mañana y sumando otra hora cada pocos días a lo largo de dos semanas. Si tras una galerna de verano sale el sol fuerte entre nubes, el mismo principio vale para el balcón.
Tallo estirado y hojas separadas

La etiolación es el crecimiento alargado de un tallo que busca luz: las hojas quedan separadas, pequeñas y apuntando hacia abajo, y la roseta pierde su forma. Es la señal más común en las casas del norte, sobre todo desde noviembre hasta marzo. La parte estirada no vuelve a ser compacta; lo que sí se puede hacer es acercar la planta a la ventana más luminosa y, cuando llegue la primavera, cortar la roseta y volver a enraizarla. Tenéis más sobre este tipo de rescates en la sección de suculentas y cactus.
Señales que hablan del agua
Una suculenta guarda reservas en la hoja, así que el agua se lee en el grosor y en el tacto. Aquí el error habitual es el exceso, mucho más que la falta.
Hojas blandas, translúcidas y como de cristal

Si las hojas de la base se ponen amarillentas, transparentes y blandas al apretarlas con suavidad, la planta ha absorbido más agua de la que puede usar. Las células se llenan, pierden su estructura y la pudrición empieza por las raíces. Dejad de regar, sacad la planta de la maceta y comprobad las raíces: las sanas son claras y firmes, las podridas son oscuras y huelen mal. Si hay podredumbre, cortad hasta tejido sano, dejad secar un par de días y replantad en sustrato seco y mineral.
Hojas arrugadas, finas y flácidas

Es lo contrario: la planta ha gastado su reserva y las hojas se vacían, se arrugan y cuelgan. Se arregla con un riego a fondo, hasta que salga agua por los agujeros, y esperando de nuevo a que el sustrato se seque del todo. Comprobad con un palillo de madera que entra seco hasta el fondo antes de repetir. Lo que no sirve es regar un poco cada día: eso solo moja la superficie, mantiene húmeda la capa donde se acumulan los hongos y no llega a las raíces profundas. Es mejor un riego abundante y largos periodos de sequedad que muchos riegos pequeños, y siempre con un plato que se vacíe a los diez minutos.
Para saber cuánto regar según cada planta tenéis una guía general en regar plantas de interior según la especie.
Qué cambiar primero
Cuando varias señales aparecen a la vez, que es lo normal, tocad una sola cosa cada vez. Si cambiáis luz, riego y maceta el mismo día, no sabréis qué ha funcionado.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado que casi todas las suculentas enfermas que me llegaban al vivero tenían las dos cosas juntas: poca luz y agua de más, porque con poca luz la planta gasta menos agua y la tierra tarda semanas en secarse. Por eso la regla es siempre la misma, más luz primero y menos riego después. Poned una etiqueta con la fecha del último riego y comparad con el aspecto de las hojas a las dos semanas.
El clima del norte lo complica
En el País Vasco los días de invierno son cortos y nublados, y una ventana orientada al norte da poca luz de verdad. Una suculenta necesita varias horas de luz brillante al día; detrás del cristal y con cielo cubierto casi nunca las recibe entre noviembre y febrero. Colocadlas en la ventana más clara, a menos de 30 cm del cristal, o usad una lámpara de cultivo LED encendida unas 10 horas diarias a 20 o 30 cm de las hojas. Limpiad el cristal por dentro y por fuera, porque en un valle húmedo se empaña con facilidad y el polvo y la humedad se llevan una parte importante de la luz que llega a las hojas. Girad también la maceta un cuarto de vuelta cada semana, para que la roseta no se incline hacia el lado de la ventana.
En verano la mayoría aguantan fuera, en un sitio cubierto de la lluvia continua, que pudre más que cualquier sequía. Para quien vive en la España más calurosa y seca, el problema cambia: incluso un balcón orientado al oeste recibe sol directo y fuerte hacia el mediodía en pleno verano, y una malla de sombreo del 30 % evita las quemaduras sin quitarles el sol suave de la mañana.
Lo que más me preguntáis
¿Por qué se ponen rojas mis suculentas en otoño?
Suele ser la combinación de más frío por la noche y bastante luz de día. Es una respuesta normal y vuelve al verde cuando sube la temperatura. Solo me preocuparía si las hojas, además del color, pierden firmeza.
¿Se puede arreglar una suculenta que se ha estirado?
La parte alargada no se acorta, pero la planta sí se puede rehacer. Cortad la roseta con unos 3 cm de tallo, dejad que cicatrice unos días y plantadla en sustrato seco con mucha luz. Del tronco que queda suelen brotar hijuelos nuevos.
¿Cada cuánto debo regar una suculenta de interior?
No hay un calendario, porque depende de la luz, la temperatura y la maceta. En mi casa, en invierno, riego cada tres o cuatro semanas, y en verano cada diez días. Mirad la tierra y las hojas, no el calendario.
— Maite, desde el caserío
