Cuando trabajaba en el vivero, cada primavera llegaba alguien con una orquídea envuelta en una bolsa y cara de funeral: hojas flácidas, maceta que sonaba hueca y ni una raíz verde a la vista. Casi todas se salvaban. Las que no, casi siempre habían recibido un riego diario durante semanas, por pena.
Recuperar una orquídea con raíces dañadas es posible mientras quede alguna raíz viva o la corona sana, que es la base de donde nacen las hojas y las raíces. Aquí os explico cómo saber qué está muerto, qué hay que cortar, cómo replantarla y cuánto tiempo hay que esperar sin tocarla.
Ficha rápida
Qué raíces están vivas y cuáles no
La orquídea mariposa (Phalaenopsis) es la que casi todos tenemos en casa, y de ella hablo aquí. Sus raíces son raras para quien viene de otras plantas: crecen al aire, se agarran a la corteza de un árbol en la naturaleza y no soportan estar mojadas todo el tiempo. Por eso pierden el color verde cuando se secan y lo recuperan al regar. Una raíz plateada y firme no está enferma: está esperando agua.
Una raíz viva es firme al apretarla suavemente y, mojada, se vuelve verde. Una raíz muerta es marrón o negra, blanda como un hilo de lana mojada y, si la apretáis, se queda aplastada y vacía por dentro, porque lo único que sobrevive es la fina piel exterior. Las raíces que salen por encima de la maceta, al aire, son normales; no las cortéis ni las enterréis a la fuerza.
Antes de cortar nada, contad. Si tenéis tres o cuatro raíces vivas, la planta está en buen estado y se recupera deprisa. Si solo queda una, se recupera, pero lentamente. Si no queda ninguna y la corona está firme y verde, hay posibilidades, con más paciencia. Si la corona está blanda o huele a podrido, el caso es casi perdido.
Rescate paso a paso
Hacedlo con la planta fuera de la maceta y en una mesa limpia, con 20 minutos de calma. Necesitáis unas tijeras o una navaja bien afiladas, alcohol de farmacia para desinfectarlas, sustrato específico de orquídeas a base de corteza de pino y una maceta transparente con agujeros.
Sacar la planta y lavar las raíces

Aflojad la maceta apretándola por los lados y sacad la planta con cuidado, sin tirar de las hojas. Quitad todo el sustrato viejo con los dedos; si está pegado, dejad la raíz en agua templada unos 15 minutos y se suelta solo. Lavad bien las raíces bajo un chorro suave para ver en qué estado están.
Cortar todo lo muerto

Desinfectad las tijeras con alcohol y cortad cada raíz marrón, blanda o hueca hasta llegar a tejido firme y verde o blanco. Eliminad también las hojas completamente amarillas, que ya no trabajan para la planta. Las hojas que están solo un poco apagadas dejadlas: todavía almacenan agua y reserva.
Dejar secar los cortes

Dejad la planta al aire, en un sitio seco y con luz suave, entre 2 y 3 horas. Los cortes se cierran solos y se reduce el riesgo de que entre un hongo. Os lo digo por experiencia: con este reposo y las tijeras limpias no hace falta poner nada más sobre las heridas.
Replantar en maceta transparente

Elegid una maceta que quede justa, no grande: una raíz pequeña en un recipiente enorme se queda con el sustrato empapado durante días. Colocad la planta de modo que la corona quede por encima del sustrato, nunca enterrada, y rellenad con corteza sin apretar. La maceta transparente os deja ver el color de las raíces nuevas, que es la mejor señal del progreso.
Regar poco y vigilar

El primer riego, a los dos o tres días del trasplante, con la maceta sumergida unos 10 minutos en agua a temperatura ambiente y escurrida del todo después. Luego esperad a que las raíces se vean plateadas y el sustrato esté casi seco, que suele ser cada 7 a 10 días. Un exceso de agua es lo que mata raíces nuevas, no la falta. Podéis repasar la técnica en la guía de riego de plantas de interior según especie.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado que una orquídea en recuperación mejora más con un riego menos que con un cuidado extra. Cada vez que estéis a punto de regar, meted un palillo de madera en el sustrato hasta el fondo: si sale húmedo y oscuro, esperad dos días más. Apuntad la fecha del riego en la maceta con un rotulador, porque a las tres semanas ya no recordaréis cuál fue.
Luz, temperatura y humedad en el norte
La recuperación depende de la luz tanto como del agua, y en el norte la luz es lo que más escasea. En el País Vasco, con tantos días nublados, una orquídea convaleciente necesita la ventana más luminosa de la casa, orientada al este o al sur, y sin cortina gruesa. El sol directo de la mañana de invierno la soporta bien; el de un mediodía de verano, tras un cristal, le quema las hojas en una hora.
La temperatura ideal se mueve entre 18 y 25 °C. En invierno no pongo las orquídeas sobre el alféizar por la noche: junto al cristal baja a menos de 12 °C y las raíces nuevas lo notan. La humedad del ambiente, con tantas lluvias, suele estar entre el 60 y el 70 %, justo lo que quiere. No hace falta nebulizar, y de hecho conviene no hacerlo: el agua que se queda en la corona con poca ventilación pudre la planta.
Si vivís en zonas más secas y calurosas de España, la situación es la contraria. Con calefacción o aire acondicionado el aire se queda por debajo del 40 %, y la planta lo sufre. Colocad la maceta sobre una bandeja con piedras y un poco de agua, sin que la base toque el líquido, y alejadla de las corrientes. Aquí tenéis más ideas en la sección de plantas con flor.
Lo que no sirve y cuánto hay que esperar
Una hoja suelta no echa raíces, por mucha agua que le pongáis. La planta necesita al menos una raíz viva o la base de la corona intacta; sin ninguna de las dos no hay recuperación. Tampoco funciona abonar fuerte para animarla: una planta sin raíces no absorbe el abono y el exceso de sales quema lo poco que queda. Esperad a ver raíces nuevas de al menos 3 cm y entonces abonad a mitad de dosis.
Las raíces nuevas asoman pasadas entre cuatro y ocho semanas: son puntas verdes brillantes, más claras que las viejas. Hasta entonces la planta puede perder alguna hoja baja, y es normal, porque se alimenta de sus reservas. La recuperación completa lleva varios meses, y la floración nueva, entre seis y doce. Nada de cambiar la maceta otra vez en ese tiempo: cada trasplante cuesta otras semanas.
También hay que decir lo que no os recomiendo. No he visto que la canela sobre los cortes haga ninguna diferencia frente a dejarlos secar. Y los métodos con la planta metida en agua de forma permanente funcionan en manos expertas, pero en un salón normal acaban con la corona podrida más veces de las que salvan.
Lo que más me preguntáis
¿Se puede salvar una orquídea sin ninguna raíz?
Se puede si la corona está firme y verde, aunque lleva más tiempo, a veces un año. Colocadla sobre sustrato húmedo, en un sitio cálido y muy luminoso, y regad lo mínimo. Si la corona se ablanda, ya no tiene remedio.
¿Cuándo debo cambiar el sustrato de mi orquídea?
Cada dos años, o antes si la corteza se ha deshecho y parece tierra oscura. El mejor momento es después de la floración, cuando empieza a echar raíces nuevas. Con la planta sana y el sustrato en buen estado, no la toquéis.
¿Por qué se arrugan las hojas aunque riegue?
Casi siempre es por exceso de riego: las raíces podridas no pueden subir agua y las hojas se deshidratan. Sacad la planta, mirad las raíces y, si están blandas, seguid los pasos de arriba. Si las raíces están sanas, puede ser que haya demasiado sol o que el aire esté muy seco.
— Maite, desde el caserío
