Semilleros de febrero y marzo para plántulas fuertes

En mis libretas tengo apuntado que los semilleros de febrero y marzo me dieron más disgustos de joven que cualquier plaga, y casi siempre por el mismo motivo: sembrar siguiendo el calendario de un sobre pensado para otro clima. En mi ladera febrero todavía hiela de noche y marzo llega cargado de nubes, así que la semilla que se adelanta demasiado acaba en una plántula larga, pálida y torcida.

Os cuento cómo contar las semanas hacia atrás desde la última helada, qué hortalizas se siembran ya y cuáles esperan, y los cinco cuidados que deciden si las plántulas llegan fuertes al huerto. No hace falta invernadero: bastan una ventana, unas bandejas y un poco de método.

Semilleros de febrero y marzo: contad desde la última helada

La regla es sencilla: se cuenta hacia atrás desde el día en que ya no hiela. En la costa vasca la última helada cae a principios o mediados de marzo, en los valles del interior en abril y en la llanada alavesa a finales de abril o primeros de mayo. Una planta friolera no sale al exterior antes de esa fecha, así que su semilla no debe ir a la bandeja demasiado pronto: una plántula que espera ocho semanas dentro de casa, sin luz de sobra, sufre más que otra sembrada a tiempo.

Con esa cuenta, el calendario de mi valle queda así. El pimiento (Capsicum annuum), con sus variedades de Gernika y de Ibarra, y la berenjena (Solanum melongena) se siembran de mediados de febrero a primeros de marzo, porque necesitan de 8 a 10 semanas para llegar a tamaño de trasplante. El tomate (Solanum lycopersicum) va de mediados de marzo en adelante, de 6 a 8 semanas antes de salir. El puerro (Allium porrum) y la cebolla, que crecen despacio y aguantan el frío, pueden empezar en febrero. Lechuga, berza y brócoli se siembran en bandeja desde febrero y salen mucho antes, con un velo ligero las noches frías.

Para quien vive en la España más cálida, la cuenta es la misma y cambia la fecha: en el litoral mediterráneo y en el sur podéis adelantar tres o cuatro semanas, y en la meseta el calendario se parece al nuestro, con más sol y heladas más secas. Mirad cuándo suele ser la última helada en vuestra comarca y restad desde ahí. Más calendarios y cuidados, en la sección de huerto y hortalizas.

Calor y luz: lo que falta en un marzo nublado

Cada semilla tiene su temperatura. El tomate germina bien entre 21 y 24 °C; el pimiento y la berenjena piden 25 °C como mínimo; la lechuga, el brócoli y la berza se conforman con 16 a 21 °C. Un salón normal da 18 o 20 °C, suficiente para las coles pero escaso para el pimiento, que en frío tarda semanas y se pudre antes de nacer. Cuando trabajaba en el vivero teníamos cables calefactores bajo las mesas; en casa vale una manta térmica de semillero con termostato. Quitadla en cuanto asomen las primeras hojas, porque ya no hace falta tanto calor.

La luz es el fallo más común. Una ventana en marzo, con cielo cubierto, rara vez da las 14 o 16 horas de luz que necesita una plántula joven. La planta se estira buscando claridad y queda con el tallo largo, fino y débil: eso se llama ahilamiento y no tiene vuelta atrás. La solución es una lámpara LED de cultivo a unos 10 cm de las hojas, encendida de 14 a 16 horas con un temporizador, y subirla a medida que crecen. Si no tenéis lámpara, poned las bandejas pegadas al cristal de la ventana más luminosa y girad las bandejas cada día.

Cinco pasos para plántulas fuertes

Cada uno de estos pasos resuelve un fallo concreto. Hacedlos en este orden y el semillero se cuida casi solo.

Sembrar en sustrato de semillero

Sembrar en sustrato de semillero

Nada de tierra de la huerta. La tierra del bancal, en mi valle arcillosa y pesada, se apelmaza en la bandeja, drena mal y trae hongos que atacan a la plántula recién nacida. Usad sustrato específico de semillero o una mezcla a partes iguales de turba, vermiculita y perlita: ligera, estéril y con aire. Llenad los alvéolos, humedeced antes de sembrar y enterrad cada semilla a una profundidad de dos veces su grosor.

Etiquetar cada bandeja el primer día

Etiquetar cada bandeja el primer día

Durante las dos primeras semanas el tomate, el pimiento y la albahaca son casi idénticos. Sin etiqueta no sabréis cuál es cuál, y menos si sembráis varias variedades de tomate. Escribid con lápiz o con un rotulador indeleble el nombre, la variedad y la fecha de siembra en una etiqueta de plástico blanco, y clavadla en la bandeja el mismo día.

Regar desde abajo

Regar desde abajo

El chorro desde arriba desplaza las semillas pequeñas y moja el cuello de la plántula, justo donde empieza la pudrición. Poned la bandeja dentro de otra con 2 o 3 cm de agua y dejad que el sustrato beba por abajo durante 20 o 30 minutos. Sacadla antes de que la superficie quede encharcada y dejad escurrir.

Ventilar y aclarar

Ventilar y aclarar

El aire quieto y húmedo de una casa cerrada favorece el moho. Abrid la ventana unos minutos al día cuando no haga frío y pasad la mano suavemente sobre las plántulas dos o tres veces: ese roce las hace más gruesas y firmes. Si han nacido dos o tres por alvéolo, dejad la más fuerte y cortad las demás a ras de sustrato con unas tijeras, sin tirar, para no dañar las raíces vecinas.

Endurecer antes del trasplante

Endurecer antes del trasplante

Una plántula criada a 20 °C en un salón se quema con el primer viento fuerte. Durante 7 a 10 días sacadla al exterior, a un sitio resguardado y de sombra, una o dos horas el primer día y añadid algo más cada jornada hasta dejarla fuera todo el día. Protegedla de la lluvia fuerte y no la plantéis hasta que las noches estén por encima de 10 °C para el tomate y de 15 °C para la berenjena.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado, para cada especie, el día de siembra, el día en que nace y el día en que sale al huerto. Con tres o cuatro años de datos sabéis cuántas semanas tarda en vuestra casa cada hortaliza, y ese dato vale más que el sobre. Anotadlo también cuando algo salga mal: es lo que más enseña.

Cuando el semillero va mal

El fallo más temido tiene nombre: el ahogamiento del cuello, o damping off. La plántula amanece con la base del tallo negra y fina, y cae doblada como si la hubieran cortado. Lo causan hongos del sustrato cuando hay demasiada humedad y poco aire, y no tiene cura una vez que empieza. Retirad las plántulas afectadas con el sustrato que las rodea, regad menos, ventilad y no reutilicéis la bandeja sin lavarla antes con agua caliente y jabón.

Si veis una capa blanca de moho sobre el sustrato, es la misma señal: demasiada agua y poco aire. Raspad la superficie, dejad secar un día y aumentad la ventilación. Y si el ahilamiento ya llegó, no lo arreglaréis, pero con el tomate hay un recurso: al trasplantar, enterrad el tallo hasta las primeras hojas verdaderas, porque echa raíces a lo largo de él y la planta queda firme.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo sembrar tomate en febrero si tengo una ventana al sur?

Se puede, pero no os lo aconsejo en el norte. Un tomate sembrado en febrero estará grande a mediados de abril, cuando todavía no puede salir, y pasará semanas estirado dentro de casa. Esperad a mediados de marzo y sembrad a tiempo.

¿Sirven los envases de yogur o los cartones de huevo como macetas?

Sí, si les hacéis agujeros de drenaje en el fondo. Los de plástico se lavan y se reutilizan; los de cartón se descomponen y se pueden plantar enteros, pero se empapan antes y se enmohecen más fácilmente en una casa húmeda. Cualquier envase vale mientras sea limpio y tenga salida de agua.

¿Cuántas semillas pongo en cada alvéolo?

Dos si la semilla es barata o de germinación dudosa, una si es cara o germina siempre bien. Si nacen las dos, dejad la mejor y cortad la otra. En lechuga y puerro sí podéis poner varias semillas juntas y trasplantarlas en grupo.

— Maite, desde el caserío