En mi caserío, los geranios de la barandilla llegaban cada julio con una melena de flores rojas, y cada septiembre algunos eran una vara desnuda con un penacho de hojas arriba. Mi amona Begoña decía que el geranio no se estira por capricho: se estira porque nadie le ha dicho dónde parar.
Los geranios de balcón se alargan por falta de luz, por exceso de abono y por falta de poda. Aquí os cuento cómo se corrige cada causa, qué hacer mes a mes en el norte húmedo y cómo recuperar una planta que ya está larga y desnuda.
Ficha rápida
Por qué se estiran los geranios
Un tallo se alarga cuando la planta busca luz. A esa deformación se la llama espigado, y se reconoce porque los nudos, los puntos de donde sale cada hoja, quedan muy separados entre sí. En el norte pasa mucho: tenemos días nublados desde octubre hasta abril, y un geranio guardado en un rincón del pasillo o detrás de un cristal sucio recibe una fracción de la luz que necesita.
La segunda causa es el abono rico en nitrógeno, el elemento que empuja el crecimiento verde. Con demasiado, la planta fabrica tallos largos y blandos, de pocas flores, y se tumba con la primera racha de viento. La tercera es lo que llamo el problema de la tijera: un geranio que nunca se corta crece solo por la punta, se hace leñoso en la base y ya no rebrota desde abajo.
Mi libreta de vivero tiene un dato que se repite: los geranios compactos eran siempre los que estaban a la intemperie con luz clara y recibían poco abono; los espigados, los que se criaban a cubierto y abonados a diario para que «crecieran más deprisa».
Cuidados paso a paso
Si seguís este orden, el geranio cambia de forma en una sola temporada. Cada paso corrige una de las causas anteriores.
Dar luz y un sitio ventilado

Poned el geranio donde reciba sol directo la mayor parte del día: una barandilla orientada a sur o a oeste es lo ideal. En el norte, con tantos días grises, aprovechad todo lo que haya y no lo retiréis hacia la sombra «por si se quema»; el geranio aguanta bien el sol atlántico. Dejad entre maceta y maceta unos 10 cm para que circule el aire, porque la humedad estancada favorece el moho gris, el hongo que pudre flores y hojas bajas.
Usad macetas de 20 a 25 cm de diámetro con agujeros de drenaje y un sustrato para plantas de flor mezclado con un puñado de perlita. Una maceta muy grande guarda agua de más y pudre la raíz; una muy pequeña se seca en un día de viento sur.
Pinzar los brotes en primavera

Pinzar es cortar con los dedos o con unas tijeras limpias los 2 o 3 cm de la punta de un tallo, justo por encima de una hoja. La planta, al perder la yema principal, activa las yemas laterales y de un tallo salen dos. Pinzad todos los tallos en abril, cuando ya no haya riesgo de helada, y repetid en junio con los más largos.
Cada pinzado retrasa la floración unas dos semanas, pero la planta que llega a julio tiene el doble de tallos y el doble de flores.
Quitar flores marchitas y abonar con medida

Cada semana, cortad las flores pasadas por el tallo que las sostiene, hasta el nudo más próximo a la base. Así la planta no gasta energía en hacer semillas y prepara nuevas flores. Quitad también las hojas amarillas, que son una puerta de entrada para el moho.
Para abonar, usad un abono líquido para plantas de flor, con más potasio que nitrógeno, a la mitad de la dosis que indica el envase, cada 15 o 20 días de mayo a septiembre. Nada de abono en invierno, y tampoco sobre un geranio recién podado hasta que veáis los primeros brotes verdes: el nitrógeno sobre una planta sin brotes activos solo produce tallos débiles.
Podar para renovar al final del invierno

Esta es la poda que salva al geranio largo. En el norte, el momento es entre mediados de febrero y marzo, con la planta resguardada en un sitio luminoso, y no antes. Acortad cada tallo hasta que le queden tres o cuatro nudos, y cortad siempre sobre uno que mire hacia fuera: el brote nuevo saldrá hacia el exterior y no se cruzará con los demás.
Quitad del todo los tallos duros y sin hojas que no han florecido en dos años. No reguéis en los dos días siguientes al corte, porque la herida se sella mejor seca. En unas tres semanas veréis brotes en los nudos bajos, y ese es el momento de volver a regar con normalidad.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntado que los geranios podados en marzo con una maceta apoyada sobre dos listones de madera, para que el agua escurra del todo, no tuvieron moho en ninguna de las primaveras lluviosas. El plato lleno de agua es el enemigo número uno en el norte: vaciadlo siempre a los 20 minutos de regar.
Pasar el invierno a cubierto

En la costa vasca el geranio aguanta casi todo el invierno fuera si está pegado a un muro y bajo alero. En los valles del interior y en la llanura alavesa, entrad las macetas antes de la primera helada, hacia principios de noviembre. Colocadlas en una habitación fresca y muy luminosa, entre 10 y 16 °C, y regadlas poco: cuando la tierra esté seca a 3 cm de profundidad, no antes. Una vez al mes es suficiente en muchos casos.
Si no tenéis sitio para todas las macetas, quedaos con el esqueje: cortad antes de la helada un tallo sano de 10 cm, quitadles las hojas bajas y plantadlo en sustrato ligeramente húmedo. Con luz clara enraíza en unas pocas semanas.
Geranios en el norte húmedo y en la España seca
Con 100 y pico días de lluvia, el peligro del norte es el exceso de agua más que la falta de sol. Regad por la mañana, directamente al sustrato y sin mojar hojas ni flores, y si la lluvia golpea el balcón, mover las macetas bajo un alero evita que las flores se pudran. Un geranio no se mata por falta de agua en Euskadi: se mata por pudrición de la raíz.
En el sur y en el litoral mediterráneo, el planteamiento cambia. El sol de julio y agosto entre las 13 y las 17 horas puede quemar los bordes de las hojas, y las macetas oscuras se calientan demasiado. Allí conviene una maceta clara, riego más frecuente y media sombra por la tarde; en cambio, muchos geranios pasan el invierno fuera sin problema.
Si queréis más ideas para el balcón, tenéis la sección de terraza y balcón, y para repasar cuánto regar cada planta, mi artículo sobre riego de plantas de interior explica cómo comprobar la humedad del sustrato con el dedo.
Esquejes para renovar la planta
Un geranio de más de tres años suele ser leñoso y flojo de flor, y la forma más barata de renovarlo es por esquejes. Se cortan tallos de 8 a 10 cm con 3 o 4 hojas, se dejan secar un par de horas para que la herida cierre y se plantan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales. Con una temperatura de 18 a 22 °C y luz clara, sin sol directo, echan raíz en 3 o 4 semanas. No los tapéis con una bolsa: el exceso de humedad los pudre.
Lo he comprobado durante años en el vivero: tres esquejes plantados juntos en una maceta de 15 cm forman una mata llena en la misma temporada. Podéis regalar los que sobren, y a la planta madre le sentará bien perder algunos tallos.
Lo que más me preguntáis
¿Por qué mi geranio tiene muchas hojas pero casi no florece?
Casi siempre es exceso de nitrógeno o falta de sol. Dejad de abonar un mes, cambiad al abono para flor con más potasio y colocad la maceta donde le dé el sol directo varias horas. Las flores tardan unas cuatro semanas en volver.
¿Se pueden dejar los geranios fuera todo el invierno en Euskadi?
Depende de dónde estéis. Pegados a un muro y bajo alero, en la costa, suelen aguantar. En los valles interiores una noche a -3 °C acaba con ellos, así que entradlos en noviembre y volvedlos a sacar cuando pase el riesgo de helada, entre marzo y abril.
¿Qué hago si el geranio tiene el tallo negro en la base?
Es pudrición, normalmente por exceso de riego o por un plato siempre lleno. Cortad por encima de la parte negra, dejad un esqueje sano de 10 cm y plantadlo en sustrato nuevo. La mata vieja no suele recuperarse.
— Maite, desde el caserío
