Aloe vera en maceta: especies y cuidados

En mi caserío el aloe vera (Aloe vera) vive en la ventana más clara de la cocina y casi nunca se moja, porque aquí el agua es su peor enemigo, mucho más que el frío. Es una de las plantas de interior que más se compran, pero en las tiendas se vende bajo el mismo nombre una pequeña familia de plantas distintas, y cada una pide algo diferente.

Conocer cuál tenéis en el tiesto evita la mitad de los fracasos. Aquí os cuento cuatro aloes que se encuentran con facilidad, cómo reconocerlos y qué luz, sustrato y riego necesita cada uno en una casa del norte, donde llueve mucho y entra poca luz en invierno.

Ficha rápida

Nombre científico
Aloe vera (también Aloe barbadensis)
Luz
Muy luminosa; sol directo de mañana o de tarde, poco a poco
Riego
Cada 2 o 3 semanas en verano; una vez al mes o menos en invierno
Temperatura mínima
5 °C; no soporta heladas
Sustrato
Muy drenante: sustrato para cactus con perlita

Cuatro aloes que os pueden vender

Antes de comprar, mirad la hoja. El color, los dientes del borde y el tamaño de la roseta (el círculo de hojas que sale del centro) dicen mucho más que la etiqueta, que a veces mezcla nombres.

Aloe vera

Aloe vera

El verdadero aloe vera forma una roseta de hojas gruesas, verde grisáceo, con dientes pequeños y blandos en los bordes. Las plantas jóvenes llevan manchas claras que se borran con la edad. En maceta llega a unos 50 o 60 cm y echa hijuelos (plantitas nuevas) junto a la base. Es la menos resistente de las cuatro: por debajo de 5 °C se le ponen las hojas blandas y translúcidas. Si veis a la venta un «aloe chino», es una forma de hoja más estrecha y crecimiento más rápido, con los mismos cuidados pero algo más friolera.

Aloe arborescens

Aloe arborescens

El aloe arborescens (Aloe arborescens) es el gigante de la lista: un arbusto ramificado de hasta un metro o más cuando lo dejáis crecer en suelo, y bastante menos en maceta. Florece en invierno, con espigas de flores tubulares rojas o anaranjadas. Aguanta mejor la sequía y las heladas ligeras, hasta unos -3 °C con el sustrato seco, por eso se ve en jardines de la costa. Necesita una maceta grande y pesada, porque se vuelca con facilidad.

Aloe aristata

Aloe aristata

El aloe aristata (Aristaloe aristata, antes Aloe aristata) es el pequeño: una roseta compacta de 10 a 15 cm, con hojas cortas, puntos blancos y una punta que termina en un filamento fino. Es muy agradecido en macetas pequeñas y el que mejor resiste el frío, siempre que el sustrato esté seco. En cambio, la humedad fría junto con el agua que queda entre las hojas lo pudre rápido.

Aloe tigre

Aloe tigre

El aloe tigre (Gonialoe variegata, antes Aloe variegata) tiene hojas en tres filas, de verde oscuro con bandas blancas. Mide unos 20 o 30 cm y tolera mejor la luz escasa que los otros. Mucha gente cree que es una variedad del aloe vera, pero es otra especie, y por eso no le sientan igual de bien los riegos abundantes ni el sol fuerte de golpe. Lo veréis a veces como «aloe variegado».

Luz y sustrato para una casa nublada

Los cuatro aloes comparten el mismo origen árido y piden mucha claridad. Colocadlos junto a la ventana más luminosa, a menos de 50 cm del cristal, y girad la maceta un cuarto de vuelta cada dos semanas para que crezca recto. Si las hojas se estiran, se vuelven finas y se doblan hacia fuera, falta luz. En el norte, con tantos días cubiertos, eso pasa de noviembre a febrero: acercad la planta al cristal en esos meses.

Si la sacáis fuera en primavera, hacedlo poco a poco. Una planta que ha pasado el invierno en un rincón se quema en dos días con el sol de mediodía; las hojas se ponen marrones o rojizas. Empezad con una hora de sol suave y subid durante dos semanas.

En el vivero aprendí que el drenaje vale más que cualquier abono. Mezclad dos partes de sustrato para cactus (o universal) con una parte de perlita o de grava fina, y usad una maceta con agujeros, mejor de barro, que deja respirar la tierra. La maceta debe ser solo 2 o 3 cm más ancha que las raíces. Se trasplanta cada dos o tres años, en primavera, y no hace falta abonar más que una vez al mes, de abril a septiembre, con abono para cactus a media dosis.

Riego: esperar a que el sustrato esté seco del todo

El error más común es regar por calendario. Regad solo cuando toda la tierra esté seca, no solo la superficie: clavad un palillo de madera hasta el fondo y, si sale limpio y seco, adelante. Echad agua hasta que salga por los agujeros y vaciad el plato a los diez minutos. En verano, eso suele ser cada dos o tres semanas; de octubre a marzo, en una habitación a 15-18 °C, una vez al mes o aún menos. Para otras plantas de la casa, podéis mirar cómo regar según la especie.

Las señales son claras. Una base blanda, oscura o translúcida significa exceso de agua y, si ya huele, poco se puede hacer. Hojas arrugadas y delgadas, pero firmes en la base, significan sed. Y no mojéis nunca el centro de la roseta, porque el agua queda atrapada entre las hojas y las pudre.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que en enero un tiesto de barro tarda hasta cuatro semanas en secarse en la ventana de la cocina, y en julio solo diez días. Por eso apunto la fecha de cada riego en una etiqueta clavada en la maceta. Así, cuando pienso «ya toca», miro la etiqueta y casi siempre ha pasado menos tiempo del que creía.

Frío, lluvia y una nota para el sur

En el norte, el aloe vera pasa todo el año dentro de casa. Podéis sacarlo a una terraza de junio a septiembre, pero siempre bajo techo: un día de sirimiri seguido de una noche fresca basta para que la roseta se pudra. Entradlo en cuanto las noches bajen de 10 °C, hacia octubre. El aloe arborescens y el aristata pueden quedarse fuera en la costa si la maceta está resguardada de la lluvia y el sustrato no se empapa; en los valles del interior, donde hiela en noviembre, mejor dentro.

Si veis motitas blancas y algodonosas entre las hojas, es cochinilla algodonosa. Retiradla con un bastoncillo mojado en un poco de alcohol de farmacia y repetid a la semana. Si la plaga se extiende, mirad la sección de plagas y enfermedades.

Para quien vive en la costa mediterránea o en el sur, la situación es la contraria: allí el aloe vera aguanta fuera todo el año, a pleno sol, aunque en julio y agosto conviene dar sombra de tarde a las macetas. Más plantas de este tipo, en suculentas y cactus.

Lo que más me preguntáis

¿Cuándo se pueden separar los hijuelos del aloe?

Cuando midan 5 o 6 cm y tengan raíces propias, en primavera. Sacad la planta, cortad la unión con un cuchillo limpio, dejad el hijuelo secar dos días al aire y plantadlo en sustrato seco. No lo reguéis hasta pasada una semana.

¿Por qué se doblan las hojas de mi aloe hacia abajo?

Casi siempre es falta de luz: la hoja se alarga, adelgaza y no se sostiene. Acercadlo a la ventana más clara. Si además la tierra lleva semanas húmeda, revisad la base por si hay pudrición.

¿Es normal que las hojas se pongan rojizas o marrones?

Sí, si la planta ha recibido más sol del que soporta o ha pasado frío, la hoja cambia de color como defensa. No es una enfermedad. Dadle más sombra o más abrigo, y el color vuelve en unas semanas con las hojas nuevas.

— Maite, desde el caserío