Hortalizas en cestos reciclados: qué plantar y cómo

En mi caserío nada se tira hasta que se ha probado a plantar algo dentro. Mi amona Begoña sembraba lechugas en una artesa rota y puerros en un cubo sin fondo, y siempre le salían mejor que a los vecinos con bancales de manual. Un cesto de plástico de los que se usan para la ropa, con sus agujeros por todas partes, es un recipiente casi perfecto para cultivar hortalizas en cestos si tenéis solo un balcón o una terraza.

Cuesta unos 3 € y tiene entre 40 y 60 litros de capacidad. Aquí os cuento cómo prepararlo, qué hortalizas aceptan vivir en él, cuáles no y cómo se riega cuando llueve ciento y pico días al año, que es un problema muy distinto al del sur.

Preparar el cesto antes de plantar

Lo primero es mirar el cesto con ojo de jardinero. El plástico duro y de color claro sirve mucho mejor que el negro: el negro se calienta al sol de verano y cuece las raíces, y también se vuelve quebradizo con el tiempo. Si solo tenéis uno oscuro, envolvedlo por fuera con tela de saco o pintadlo de un color claro con pintura apta para exteriores.

Forrar las paredes sin tapar el fondo

Forrar las paredes del cesto

Esos huecos de las paredes ayudan a que el agua salga, pero también dejan escapar el sustrato en cada riego. Cubrid solo las paredes por dentro con arpillera, geotextil o malla antihierbas, grapada o atada en el borde. El fondo se deja libre. Si el cesto es de agujeros muy grandes, doblad la tela para que sean dos capas.

Levantarlo del suelo

Levantar el cesto del suelo

En el norte el problema casi nunca es la sed, es el agua parada. Apoyad el cesto sobre dos listones, tres ladrillos o unas piedras, de modo que el agua salga libre y el aire corra por debajo. Un cesto sobre un suelo de hormigón mojado durante semanas acaba con el fondo del sustrato empapado, y las raíces de abajo se pudren sin que lo notéis desde arriba.

Llenar con una mezcla ligera

Llenar el cesto con sustrato

No uséis tierra de jardín sola: en un recipiente se apelmaza y se encharca. Mi mezcla de siempre lleva tres partes iguales: compost maduro, tierra de huerta cernida y un material que airee, como perlita, fibra de coco gruesa o corteza de pino fina. Llenad hasta 3 cm por debajo del borde, regad a fondo y dejad asentar un día; si el nivel baja, rellenad.

Qué plantar en cada cesto

No todas las hortalizas ganan con un cesto. La regla es sencilla: raíz superficial y ciclo corto, bien; planta enorme y sedienta, mal. Esto es lo que mejor me ha ido en estos recipientes y cuántas plantas caben en uno de 50 litros.

Lechugas y hojas tiernas

Lechugas en cesto

Son las mejores candidatas. Echan raíces poco profundas, crecen rápido y se cosechan cortando las hojas exteriores. Caben cuatro o cinco lechugas (Lactuca sativa), separadas unos 20 cm. En el norte aguantan sol casi todo el día, pero en pleno verano agradecen la sombra de la tarde. Vigilad las babosas por la noche, porque con tanta humedad aparecen en cuanto las hojas llegan al borde del cesto.

Patatas

Patatas en cesto

Poned tres o cuatro patatas de siembra (Solanum tuberosum) sobre 15 cm de sustrato y cubridlas. Cuando los tallos midan 15 cm, añadid más mezcla hasta taparlos casi del todo, y repetid dos veces más. Es el aporcado, que obliga a la planta a formar tubérculos a lo largo del tallo. Al cosechar, basta con volcar el cesto sobre una lona: las patatas salen sin una sola herida de azadón.

Pimientos, tomates cherry y judías enanas

Pimientos y tomates en cesto

Un solo pimiento (Capsicum annuum) por cesto, con tutor de caña clavado en el centro: el pimiento de Gernika o la guindilla de Ibarra rinden mejor que los de fruto grande. Un tomate cherry de mata baja (Solanum lycopersicum) también cabe, con tutor y bien aireado, porque con la humedad del norte el mildiu llega pronto. Las judías de mata baja (Phaseolus vulgaris) admiten cuatro o cinco plantas por cesto y no necesitan tutor; se siembran en mayo, cuando ya no hay riesgo de helada.

Zanahorias y cebollas

Zanahorias y cebollas en cesto

Las zanahorias (Daucus carota) piden al menos 25 cm de sustrato suelto y sin piedras; elegid variedades cortas como la Nantesa y aclarad hasta dejar una cada 3 cm. Las cebollas (Allium cepa) caben ocho o diez, separadas 10 cm, y solo necesitan que el sustrato drene bien. Con el calabacín os aviso: pide muchísimo volumen de raíz y agua, y en un cesto da poco y sufre. Si lo probáis, usad el cesto más grande y esperad una cosecha modesta.

Regar y abonar en un recipiente con agujeros

El sustrato de un cesto se seca antes que la tierra de un bancal y se agota antes también, porque no hay un suelo debajo que le preste nutrientes. Por eso el riego y el abono se tratan aquí con más cuidado que en la huerta.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntada una prueba que no falla: meted el dedo hasta el segundo nudillo, unos 5 cm. Si sale seco, regad; si sale húmedo, esperad un día. En primavera y otoño, con sirimiri, apunté semanas enteras sin regar un solo cesto, y en agosto con viento sur hubo que regar cada día. Es mucho más fiable que seguir un calendario fijo.

Regad despacio hasta que el agua salga por los agujeros del fondo. Abonad cada dos o tres semanas con compost líquido o humus de lombriz diluido, desde que la planta tenga cuatro hojas hasta que termine de cosechar. Si el cesto no se abona, los pimientos y los tomates se quedan flacos, aunque tengan agua de sobra.

El clima del norte y la nota para el sur

En el País Vasco los cestos sufren por exceso, no por falta. Si el balcón queda orientado al norte y tiene poca luz, limitad los cestos a hojas, cebollas y zanahorias, y dejad los pimientos y tomates para el rincón más soleado, con al menos seis horas de sol. Después de varios días de lluvia continua, inclinad un poco el cesto para que escurra y sacudid las hojas húmedas, que atraen hongos y babosas. Dejadlos en una zona con techo si prevéis semanas enteras de lluvia, porque un cesto de 50 litros empapado pesa mucho.

Para quien vive en la España más seca, el cesto cambia de papel. Con 35 °C los agujeros laterales aceleran la evaporación: elegid color claro, colocadlo con sol de mañana y sombra de tarde, poned un plato debajo como reserva de agua y regad a diario en julio y agosto, dos veces si hace falta. Más ideas para pequeños espacios en la sección de terraza y balcón.

Errores que se repiten

Los fallos más comunes son tres: llenar el cesto con tierra pesada que no drena, colocar demasiadas plantas para ahorrar espacio y olvidar el abono. Una planta por cada 10 litros de sustrato es una buena regla en hortalizas grandes; en hojas pequeñas, podéis apretar un poco más. Y cambiad el cesto cada dos o tres años: el plástico expuesto al sol se resquebraja.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo usar cualquier cesto de plástico?

Casi cualquiera, siempre que sea de plástico rígido, sin restos de detergente fuertes y con agujeros. Lavadlo con agua y jabón neutro y aclarad bien antes de llenar. Evitad los que huelan a producto químico, porque no sabéis qué contuvieron.

¿Cuántos cestos hacen falta para empezar?

Con tres cestos ya se hace una pequeña huerta de balcón: uno de hojas, uno de patatas y uno para un pimiento con albahaca. Tener más de seis en un balcón estrecho complica el riego y la ventilación, sobre todo si llueve mucho. Empezad poco a poco y aprended qué os pide cada uno.

¿Se pueden reutilizar el sustrato y el cesto al año siguiente?

El cesto sí. El sustrato, una temporada más, mezclado con un tercio de compost nuevo. Si en el cesto hubo tomates con mildiu o plantas enfermas, cambiad todo el sustrato para no arrastrar los hongos. Las raíces viejas, retiradlas con la mano antes de volver a llenar.

— Maite, desde el caserío