Asociación de cultivos: parejas que sí funcionan

Mi amona Begoña decía que en la huerta cada planta necesita un buen vecino, y en el vivero aprendí que tenía razón a medias. Hay vecindades que ayudan de verdad, otras que solo son costumbre repetida y algunas que perjudican.

La asociación de cultivos consiste en sembrar juntas plantas que se complementan en lugar de competir. Aquí os cuento cinco parejas con una razón comprobable, qué vecinos conviene separar, cuánto cambian las cuentas con la lluvia del norte y cómo apuntar los resultados para saber qué funciona en vuestro bancal.

Qué se puede esperar de una buena vecindad

Asociar cultivos funciona por tres vías: una planta alta da sombra o soporte a otra, una flor atrae a los insectos que comen pulgones, o dos cultivos de raíz distinta aprovechan capas diferentes de tierra. No hay más magia que esa, y por eso conviene elegir las parejas por su mecanismo y no por una lista de internet.

Os pido algo de escepticismo. Muchas tablas de plantas compañeras repiten que una aromática «ahuyenta» una plaga, y las pruebas de campo suelen ser flojas o contradictorias. Una buena vecindad reduce el problema, no lo elimina, y nunca sustituye a mirar las hojas una vez por semana. En mis libretas tengo apuntado que los bancales mixtos se defienden mejor, pero también que tres semanas de lluvia seguida pesan más que cualquier vecino.

Cinco parejas con una razón de verdad

Van ordenadas de más a menos respaldo. Todas caben en un bancal de 1,2 m de ancho, la medida que permite llegar al centro desde los dos lados sin pisar la tierra.

Alubia trepadora y maíz

Alubia trepadora y maíz

La alubia (Phaseolus vulgaris) de enrame sube por la caña del maíz (Zea mays) y os ahorra el tutor. Además, sus raíces conviven con bacterias que toman nitrógeno del aire, y parte de ese nitrógeno queda disponible para el maíz cuando los restos se descomponen; no esperéis que sustituya al abono, pero ayuda.

Sembrad primero el maíz, en mayo, cuando la tierra supere los 12 °C, y las alubias cuando las cañas midan unos 20 cm. Si van a la vez, la trepadora ahoga la caña. Dejad 40 cm entre plantas de maíz y haced bloques de al menos cuatro filas para que se polinice bien. En el borde podéis poner una calabaza (Cucurbita pepo), que cubre el suelo con sus hojas grandes y frena las malas hierbas. Es el sistema de las «tres hermanas», y en el norte no es ninguna rareza: el maíz y la alubia llevan siglos juntos en nuestras huertas.

Tomate y tagete

Tomate y tagete

El tagete (Tagetes patula), esa flor naranja de toda la vida, suelta por las raíces sustancias que reducen los nematodos, unos gusanos microscópicos que deforman las raíces del tomate (Solanum lycopersicum). La prueba es seria, pero con un matiz: el efecto aparece sobre todo cuando el tagete ocupa el bancal una temporada entera, no cuando se pone de adorno junto a la tomatera.

Aunque no tengáis nematodos, merece la pena: la flor abierta atrae a sírfidos y mariquitas, que comen pulgón. Poned un tagete cada dos tomateras, a 30 cm. La albahaca junto al tomate la dejo en la categoría de costumbre: queda muy bien en el plato, pero no hay pruebas firmes de que proteja nada.

Zanahoria y puerro

Zanahoria y puerro

La mosca de la zanahoria pone los huevos cerca del cuello de la raíz y se guía por el olor. El puerro (Allium porrum) y la cebolla enmascaran ese olor, y en filas alternas bajan los daños, aunque nunca del todo.

Sembrad una fila de zanahoria (Daucus carota) y otra de puerro, separadas 20 cm, y cubrid con una malla antiinsectos de 1 mm sobre arcos de alambre: es lo que de verdad frena a la mosca. Si sembráis la zanahoria en junio, esquiváis además la primera tanda de vuelo.

Col con eneldo y capuchina

Col con eneldo y capuchina

Las coles (Brassica oleracea) reciben visitas constantes de pulgones y de orugas. El eneldo (Anethum graveolens) florece en sombrillas amarillas que alimentan a sírfidos y avispillas parásitas, y sus larvas se comen el pulgón. La capuchina (Tropaeolum majus) en el borde funciona de cebo: el pulgón la prefiere y se concentra allí, donde es fácil de quitar a mano.

Ninguna de las dos detiene a la oruga de la mariposa blanca de la col; eso lo hace una malla de 1 mm. Con dos o tres plantas de eneldo por bancal basta, y arrancad las que sobren antes de que den sombra a las coles.

Lechuga a la sombra de las altas

Lechuga a la sombra de las altas

La lechuga (Lactuca sativa) se espiga y amarga cuando pasa calor. A la sombra ligera de las judías de enrame o de las tomateras, aguanta unas semanas más. En el norte, con veranos suaves, sembradla a pleno sol en primavera y bajo las plantas altas solo desde julio.

Vecinos que conviene separar

La separación más importante es tomate lejos de patata. Las dos son solanáceas y comparten el mildiu, la enfermedad que en el norte acaba con las tomateras entre agosto y septiembre. Si la patata enferma, el tomate cae detrás. Ponedlas en lados opuestos del huerto, a ser posible a más de 10 m.

El hinojo (Foeniculum vulgare) suelta sustancias que frenan a casi todas sus vecinas. Dejadlo en un extremo o en una maceta aparte. En cuanto a las judías y las cebollas, se repite que no se llevan; el mecanismo no está claro, así que no hago de ello una norma, pero tampoco las mezclo en la misma fila, porque un puerro grande les roba luz.

El truco de la libreta

Dibujad el bancal en una hoja y apuntad cada año qué crecía en cada tramo y cómo salió. Yo lo hago en las libretas: así no repito la misma familia de plantas en el mismo sitio durante tres años y descubro qué parejas funcionan en mi ladera y cuáles solo funcionan en los libros.

El norte cambia las cuentas

Donde llueve ciento y pico días al año, los enemigos son las babosas y los hongos, no el calor. Asociar no significa apretar: dejad 40 o 50 cm entre tomateras y no sembréis más denso de lo que dice el sobre, porque el aire tiene que circular entre las hojas y secarlas tras el sirimiri. Regad por el pie, nunca por encima, y recoged babosas al anochecer; a las lechugas y a las alubias jóvenes las buscan primero.

En la España más seca y calurosa, la lógica se invierte. La sombra de las plantas altas es una ventaja, la lechuga bajo las tomateras casi imprescindible, y una calabaza que cubra el suelo ahorra riegos. Acolchad con paja de todos modos. Más ideas de bancal, en la sección de huerto y hortalizas y, si un vecino os da problemas, en plagas y enfermedades.

Lo que más me preguntáis

¿Se puede asociar cultivos en macetas o en un bancal pequeño?

Se puede, con dos o tres especies como máximo. En una jardinera de 60 cm cabe una lechuga con unos cebollinos, o un tomate enano con un tagete. Usad un tiesto de al menos 30 L para el tomate y no mezcléis plantas con necesidades de riego muy distintas.

¿Cuánto tardo en saber si una pareja funciona?

Una temporada sirve para una primera idea, pero tres dan una respuesta fiable. Dejad una fila de control sin vecino y comparadla con la asociada; si las dos salen igual, la pareja no os aporta nada. Lo he comprobado con alguna combinación de la que todos hablaban.

¿Las aromáticas ahuyentan de verdad las plagas?

Un poco, y no siempre. Su olor puede despistar a algún insecto, pero la prueba más sólida está en las flores que atraen a los depredadores del pulgón. Plantad aromáticas porque os gustan en la cocina, y no esperéis que hagan de escudo.

— Maite, desde el caserío