Rosales mes a mes: calendario de cuidados

En mis libretas tengo apuntadas cuarenta primaveras de heladas, y gracias a ellas sé que podar los rosales en enero, como se aconseja en tantos sitios, en mi valle es pedir disgustos. Un brote tierno que nace con una helada tardía se pierde entero, y el rosal tarda semanas en recuperarse.

El rosal no se cuida con una poda anual y dejarlo después a su suerte: cada estación le pide algo distinto. Aquí tenéis el calendario de cuatro momentos adaptado al clima húmedo del norte, con fechas, cantidades y los errores que más veo, y al final una nota para quien vive en zonas más secas y calurosas.

Ficha rápida

Nombre científico
Rosales de jardín (Rosa spp.)
Luz
Pleno sol; mínimo 6 horas diarias
Poda principal
Febrero a marzo en la costa; marzo a abril en los valles del interior
Abono
Dos aportes: brotación y después de la primera floración
Floración
De mayo a octubre si se despunta
Riego
Casi nunca en el norte; 10 L por planta a la semana en periodos secos

Por qué el calendario del norte es distinto

La regla de «podar en pleno invierno» nace en climas donde el rosal duerme de verdad y las heladas terminan pronto. En el País Vasco el invierno es suave, pero la última helada llega entre principios y mediados de marzo en la costa, en abril en los valles del interior y a finales de abril en la llanada alavesa. Si podáis antes, estimuláis yemas que se despiertan con cualquier semana templada de febrero y que una noche a -3 °C deja negras.

La segunda diferencia es el agua. Con ciento y pico días de lluvia al año, el enemigo del rosal no es la sed, sino la humedad parada entre las hojas. Por eso en el norte el calendario gira alrededor de dos ideas: podar para que el aire circule y mantener el follaje seco y limpio. Un rosal abierto por dentro y con el suelo sin hojas caídas pasa el año con la mitad de problemas.

Podéis ajustar las fechas que siguen según vuestra zona, pero el orden no cambia: poda, abono de brotación, despunte de verano, vigilancia constante y limpieza de otoño.

El año del rosal, paso a paso

Podar a final del invierno (febrero a marzo)

Podar a final del invierno

Esperad a que haya pasado lo peor del frío y las yemas se hinchen, sin llegar a abrir. En la costa suele ser a mediados de febrero; en los valles, a mediados de marzo. Con la tijera de podar limpia y bien afilada, empezad por quitar toda la madera seca, oscura o enferma, y los tallos finos como un lápiz que no darán flor.

Luego quitad los tallos que se cruzan y frotan entre sí, y abrid el centro de la mata para que entre el aire. En los rosales arbustivos y de flor grande, reducid el conjunto un tercio, y como mucho la mitad en plantas muy viejas. Cortad siempre unos 5 mm por encima de una yema que mire hacia fuera, con el corte inclinado para que el agua resbale. Dejad de tres a cinco yemas sanas por tallo principal.

Dos excepciones importantes. En los rosales trepadores no se recorta la estructura: acortad los tallos laterales a dos o tres yemas y atad los largos en horizontal, que así florecen más. Y los rosales antiguos que florecen una sola vez al año se podan justo después de la floración, no en invierno, porque flor y yema ya están formadas desde el verano anterior.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo anotada cada primavera la fecha de la última helada, y mi regla es podar diez días después de esa fecha media. En los años raros en que dudo, miro las yemas: si la punta está verde y brillante, adelante; si está marrón y apretada, espero una semana más.

Abonar y limpiar en la brotación (marzo a abril)

Abonar en la brotación

Cuando los brotes midan unos 10 cm, es el momento del primer abono. Usad un abono específico para rosales, rico en potasio y fósforo, o abono orgánico de liberación lenta como compost maduro, en la cantidad que marque el envase: pasarse solo da hojas blandas que atraen pulgón. Esparcidlo alrededor de la mata, sin tocar los tallos, y regad un poco para que entre.

Aprovechad la visita para aclarar. Quitad los brotes débiles o que crecen hacia el interior de la mata, porque compiten con los buenos y cierran el paso al aire. Un rosal de 1,2 m queda bien con cinco o siete tallos fuertes y bien repartidos.

Despuntar y regar en verano (mayo a septiembre)

Despuntar las flores marchitas

Una flor marchita que se queda en el tallo manda a la planta una señal clara: ya hay semilla, el trabajo está hecho. Cortad cada flor pasada justo por encima de la primera hoja con cinco folíolos, y el rosal responderá con un tallo floral nuevo en unas cinco o seis semanas. Es la tarea más rentable de todo el calendario.

Cuando acabe la primera floración, dad el segundo abono, más suave que el primero. No abonéis después de mediados de agosto: el crecimiento tierno de finales de verano no llega a endurecerse antes de las heladas de noviembre.

En el norte rara vez hace falta regar, salvo en una racha seca de más de dos semanas. Entonces, un cubo de 10 L por planta a la semana, al pie y por la mañana. Nunca mojéis las hojas.

Vigilar la mancha negra (de mayo a octubre)

Vigilar la mancha negra

Es la enfermedad que más rosales estropea en nuestra zona. La causa es un hongo (Diplocarpon rosae) que se instala con humedad y se reconoce por manchas negras redondas con un borde amarillo, primero en las hojas de abajo. La lluvia lo salpica de una hoja a otra y de ahí al resto de la mata.

Revisad el rosal cada semana. Quitad las hojas manchadas y tiradlas a la basura, no al compostador. Recoged también las caídas, porque el hongo pasa el invierno en ellas. Si aun así avanza, usad solo un fungicida autorizado para uso no profesional y siguiendo la etiqueta al pie de la letra. Más sobre este tema en la sección de plagas y enfermedades.

Limpiar antes del invierno (octubre a noviembre)

Limpiar antes del invierno

En otoño no se poda a fondo. Basta con acortar los tallos más largos un tercio, para que el viento y el temporal no muevan la raíz y la rompan. Retirad hojas y flores caídas, y cubrid el pie con 5 cm de compost o corteza, sin pegarlo a los tallos.

Y no abonéis. Con el abono tardío sale brote tierno justo cuando llegan los primeros fríos del interior, que suelen ser en noviembre.

Rosales en la España seca y cálida

Si vivís en zonas del interior, el sur o la costa mediterránea, el calendario se adelanta. La poda se puede hacer de diciembre a enero, porque las heladas terminan antes. En verano el peligro cambia: el rosal sufre calor y sed, así que regad en profundidad dos veces por semana, acolchad el suelo con 5 a 8 cm de corteza y, en agosto, no despuntéis para no forzar brotes con el calor. La mancha negra preocupa menos, pero el oídio, un polvillo blanco en hojas y brotes, aparece con las noches frescas y los días secos.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo podar el rosal en otoño?

Mejor no. Una poda fuerte en octubre o noviembre estimula brotes nuevos que el frío estropea. Limitaos a acortar los tallos largos para que el viento no los zarandee y dejad la poda de verdad para finales de invierno.

¿Por qué mi rosal da muchas hojas y pocas flores?

Casi siempre es exceso de abono nitrogenado o falta de sol. Un rosal necesita al menos seis horas de luz directa. Si lo tenéis a la sombra de una pared o un árbol, mejor trasladarlo en otoño, porque no hay abono que lo arregle.

¿Hay que regar un rosal en una zona lluviosa?

Rara vez. Con lluvia normal, el rosal en el suelo se las arregla. Solo en macetas o en semanas secas seguidas conviene regar al pie, una vez por semana, con unos 10 L por planta.

— Maite, desde el caserío