Hojas amarillas tras abonar: causa real y cómo corregirla

En el vivero, cada primavera volvía algún cliente con una planta de hojas amarillas y la misma frase: «le puse abono y se ha puesto peor». Casi nunca faltaba comida en la maceta. Sobraba. Las hojas amarillas después de abonar son, en la mayoría de los casos, el síntoma de un exceso de sales en el sustrato, no de hambre.

Una planta de interior no come como un animal: toma agua con minerales disueltos por las raíces, y lo que no usa se queda en la tierra. Aquí os explico qué pasa dentro de la maceta, cómo saber si el problema es de más o de menos abono, cómo lavar el sustrato y cuándo conviene abonar de verdad en una casa del norte.

Hojas amarillas después de abonar

Qué ocurre en la maceta cuando se abona de más

Los abonos líquidos y los granulados son sales minerales. Mientras la concentración en el agua del sustrato sea baja, la raíz las absorbe sin problema. Cuando es alta, ocurre lo contrario: el agua sale de la raíz hacia el sustrato, como cuando echáis sal a un tomate cortado, y la raíz se deshidrata aunque la tierra esté mojada. Las puntas de las raíces se queman, la planta no puede subir agua a las hojas y estas se ponen amarillas, luego marrones.

Hay una segunda causa muy común: abonar en la época equivocada. Una planta con poca luz o con frío casi no crece, así que no consume lo que le echáis, y cada dosis suma sales a las anteriores. En una casa del norte, con tantos días nublados, el reposo empieza pronto y dura mucho. Una tercera es abonar con el sustrato seco: el líquido llega de golpe y concentrado a unas raíces sedientas. Regad primero con agua sola y abonad media hora después.

Cómo distinguir el exceso de la falta de abono

Mirad la planta entera antes de decidir. El exceso suele dar amarilleo general, puntas y bordes de hoja marrones y secos, hojas que caen aunque estén verdes, raíces oscuras y blandas si sacáis la maceta, y a veces una costra blanca en la superficie de la tierra o en el borde del tiesto. Todo eso aparece pocos días o semanas después del abono.

La falta de nutrientes es más lenta y más ordenada: se amarillean primero las hojas viejas de abajo, las nuevas salen pequeñas y pálidas, y no hay costra ni puntas quemadas. Si hace más de un año que no cambiáis la tierra, pensad en eso antes que en el abono: un sustrato agotado necesita trasplante, no más dosis. Y si la planta tiene muchas hojas amarillas pero el sustrato está siempre húmedo, el culpable puede ser el riego; repasad cómo regar cada planta de interior según su especie.

Distinguir exceso de falta de abono

Cómo salvarla: el lavado del sustrato

Si sospecháis exceso, dejad el abono y lavad la tierra. Es un método sencillo, que en el vivero hacíamos con las plantas de semillero quemadas.

Llevad la maceta al fregadero o a la ducha y regad despacio con agua templada hasta que salga agua clara por los agujeros de drenaje. Calculad unas tres veces el volumen de la maceta: para un tiesto de 2 litros, unos 6 litros de agua en varias tandas. Dejad escurrir del todo y no devolváis la maceta a su plato hasta que deje de gotear. Retirad las hojas completamente amarillas o secas con unas tijeras limpias, pero dejad las que solo tengan la punta marrón, que aún trabajan.

Después del lavado, colocad la planta en un sitio claro, sin sol directo, y regadla solo cuando los 2 o 3 primeros centímetros de tierra estén secos. Una raíz dañada absorbe poca agua y un riego generoso la pudriría. Comprobad que el plato no retenga agua: una planta con las raíces quemadas y encima encharcadas casi no se recupera.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que una planta lavada no mejora enseguida: las hojas dañadas no vuelven al verde, y la mejoría se nota en las hojas nuevas, entre tres y seis semanas después. Anotad la fecha del lavado y no abonéis hasta ver brotes nuevos. Si la raíz está negra y blanda, sacadla de la maceta, cortad lo podrido y trasplantad a sustrato nuevo.

Lavar el sustrato de una planta de interior

Cuándo y cuánto abonar en una casa del norte

En mi valle la luz de interior entre octubre y febrero es tan escasa que casi ninguna planta crece. Mi regla es abonar solo de abril a septiembre y dejar los otros meses en blanco. Las dosis, siempre la mitad de lo que dice el envase, porque pasarse es mucho más fácil que quedarse corto. El ritmo depende de lo rápido que crezca la planta:

  • Las que crecen deprisa, como el poto (Epipremnum aureum), el filodendro (Philodendron hederaceum) o la monstera (Monstera deliciosa): abono líquido cada 3 o 4 semanas, a media dosis.
  • Las de crecimiento lento, como la lengua de suegra (Dracaena trifasciata) o la zamioculca (Zamioculcas zamiifolia): dos veces en todo el año, una en abril y otra en junio.
  • Cactus y suculentas: una dosis muy floja en primavera, o ninguna si el sustrato es nuevo. Un abono rico en nitrógeno les da un crecimiento largo y blando que se pudre.

Las plantas de hoja fina, como los helechos o las calateas, notan antes el exceso de sales: dadles un lavado mensual con agua sola en verano. Para quien viva en la costa mediterránea o en el sur, donde las casas son más luminosas y calientes, la temporada se alarga hasta octubre, pero las dosis siguen siendo medias.

Cuándo abonar plantas de interior

Errores que conviene evitar

Hay tres que veo repetidos. El primero es mezclar abonos distintos o añadir «un poco más» porque la planta parece triste: la tristeza casi siempre viene de luz o riego, no de falta de abono. El segundo es abonar una planta recién trasplantada, cuando el sustrato nuevo ya trae nutrientes para varios meses; esperad ocho semanas. El tercero es usar abono para plantas de flor en una planta de hoja, o al revés: leed en la etiqueta la proporción de nitrógeno, fósforo y potasio, que va escrita en tres números.

Y una última cosa: los abonos de liberación lenta, en forma de bolitas o varillas, no se pueden lavar con la misma facilidad. Si usáis uno y la planta sufre, retirad las bolitas antes del lavado. Más ideas sobre cuidados sencillos en la sección de cuidados básicos.

Lo que más me preguntáis

¿Se puede salvar una planta con la mitad de las hojas amarillas?

Casi siempre, si la raíz sigue blanca o crema. Lavad el sustrato, quitad las hojas muertas y esperad. Lo he comprobado con plantas que parecían perdidas y rebrotaron al mes y medio.

¿Es mejor abonar poco y a menudo o mucho de vez en cuando?

Poco y a menudo es más seguro en las plantas de crecimiento rápido: la raíz recibe una concentración baja y constante. En las de crecimiento lento, dos o tres abonados al año bastan y evitan acumular sales.

¿Sirve el agua de lluvia para evitar la costra blanca?

Ayuda. La costra mezcla sales del abono con la cal del agua del grifo, y el agua de lluvia, que no lleva cal, deja menos residuo. En el norte la recojo en un cubo tapado a la salida del canalón y la uso para todas las macetas.

— Maite, desde el caserío