Una mañana de octubre salí a la huerta después de tres días de sirimiri y el césped había amanecido lleno de setas. Mi primer impulso, como el de casi todos, fue coger la azada. Cuando trabajaba en el vivero aprendí a esperar antes de actuar: las setas en el jardín no son una enfermedad, son una señal de que bajo vuestros pies hay un suelo con vida.
Os cuento qué es en realidad una seta, qué papel hace en el suelo, cuáles suelen salir en un jardín del norte, en qué casos sí conviene intervenir y por qué no debéis comer ninguna aunque se parezca a una que conocéis.

Lo que ves es solo el fruto

Lo que llamamos seta es el órgano que produce las esporas, algo parecido a una manzana en un árbol. El resto del hongo, el micelio, es una maraña de filamentos finísimos que vive bajo tierra o dentro de la madera durante todo el año, aunque no se vea. Esos filamentos descomponen hojas, raíces muertas y restos de madera, y devuelven los nutrientes al suelo en forma que las plantas pueden aprovechar. Muchos árboles, además, se asocian con hongos que ayudan a sus raíces a llegar más lejos.
Por eso arrancar una seta no mata al hongo, como cortar una flor no mata la planta. Mañana o dentro de una semana saldrá otra en el mismo sitio, y si pisáis o removéis demasiado el suelo, lo único que conseguís es dañar la red. Si la seta os molesta en medio del camino, quitadla con guantes y dejad el resto en paz.
Cuatro setas que veréis en un jardín del norte

Hay cientos de especies posibles, y reconocerlas por una foto es imposible, pero estas cuatro aparecen con tanta frecuencia que conviene ponerles nombre. Nombrarlas no significa que podáis comerlas: es solo para que sepáis qué estáis mirando.
El hongo tintero (Coprinopsis atramentaria) brota en grupos junto a tocones enterrados y se deshace en un líquido negro en pocas horas, porque así suelta sus esporas. La cola de pavo (Trametes versicolor) forma abanicos de franjas de colores sobre troncos y ramas muertas, y las recicla despacio. El cuesco de lobo (Lycoperdon perlatum) parece una pequeña bola blanca que, ya vieja, suelta un humo de esporas si la apretáis. Y el falo hediondo (Phallus impudicus) huele a carne podrida a propósito, porque las moscas que se posan en él se llevan las esporas pegadas.
Ninguna de las cuatro daña las plantas vivas. Se alimentan de materia ya muerta.
Los anillos de hadas en el césped

A veces las setas aparecen formando un círculo casi perfecto. Es un anillo de hadas: el micelio crece hacia fuera desde el centro, igual que una onda en el agua, y las setas salen solo en el borde activo. La especie más común en céspedes es la senderuela (Marasmius oreades). Con los años, el anillo puede alcanzar 3 o 4 m de diámetro.
Lo único que puede notarse es una franja de hierba más verde, y a veces otra más seca justo detrás, porque el micelio forma una capa que repele el agua. Si os molesta, pinchad la zona con una horquilla cada 15 cm y regad bien para que el agua entre. No hace falta ningún producto: el anillo no mata la hierba, solo la afea.
El truco de la libreta
En mis libretas tengo apuntada la fecha de la primera seta de cada otoño, junto a la lluvia caída las dos semanas anteriores. Casi siempre aparecen tras varios días seguidos de lluvia, con temperaturas suaves de entre 10 y 18 °C. Si apuntáis lo mismo, en pocos años sabréis cuándo esperarlas y no os asustarán.
Cuándo sí conviene mirar con atención
Hay tres situaciones en las que la seta es un aviso y no un adorno. La primera: setas que salen pegadas al tronco de un árbol vivo, en la base o en una raíz gruesa. Suelen indicar que la madera por dentro se está pudriendo, y un árbol grande con la base blanda puede caer en una tormenta. Si es un frutal o un nogal, de los que yo todavía podo, consultad a un podador que revise la estabilidad.
La segunda: setas en un tiesto de interior. Significan que el sustrato está muy húmedo y rico en materia orgánica; no dañan la planta, pero indican exceso de riego, y conviene dejar secar antes de la próxima vez. La tercera: niños pequeños o perros en el jardín. En ese caso retirad las setas cada mañana con guantes y tiradlas a la basura, no al compost.
Dos reglas más para el huerto. Si el césped o el bancal se encharcan, mejorad el drenaje con arena gruesa y aireación; el hongo no es la causa, sino el resultado de ese exceso de agua. Y no uséis lejía ni ningún otro producto casero: dañan la tierra y las raíces y no resuelven nada.
El clima del norte y las setas
En el País Vasco la temporada va de septiembre a diciembre, con un segundo repunte en primavera si llueve mucho. La humedad casi constante de la tierra y el abundante material orgánico, hojas de nogal y de manzano, mantienen un micelio sano durante todo el año. En la España seca y calurosa es normal no ver una seta durante meses: salen tras las tormentas de otoño y desaparecen con el sol del día siguiente. Que no veáis setas no significa que el suelo esté muerto, solo que le falta agua.
La regla que no tiene excepción
Nunca comáis una seta del jardín ni del monte sin que la identifique un micólogo o una sociedad micológica de vuestra zona. Una foto o la descripción de una guía no basta. Algunas especies tóxicas se parecen a las comestibles: la oronja verde (Amanita phalloides) vive en los robledales y castañares del norte y es responsable de la mayoría de los envenenamientos graves por setas en Europa. Desconfiad de toda seta blanca de aspecto impecable cuyo tallo lleve una falda y termine en una bolsa bajo tierra: hasta que lo confirme un experto, tratadla como mortal. Si alguien come una por error, hay que llamar enseguida al 112.
Dejadlas donde están, observad cómo trabaja el suelo y, si queréis aprender de verdad, apuntaos a una salida con una sociedad micológica. Ahí sí enseñan a distinguirlas con los ojos de quien las lleva viendo décadas. Más cosas sobre vigilar el jardín sin productos, en plagas y enfermedades.
Lo que más me preguntáis
¿Las setas dañan el césped o las plantas del jardín?
No dañan plantas vivas. Se alimentan de madera, hojas y raíces ya muertas. Lo único que pueden provocar es una mancha seca en el césped si el micelio forma una capa que repele el agua, y eso se corrige pinchando la zona y regando con ganas.
¿Puedo cortarlas con el cortacésped?
Podéis, y no pasa nada: el micelio sigue debajo. Pero si hay niños o mascotas, retiradlas antes a mano con guantes y tiradlas a la basura. Cortarlas con la máquina las esparce en trozos y las deja más a la vista.
¿Cómo evito que salgan tantas?
Quitando el exceso de humedad y de materia muerta: podad para que entre luz, retirad los tocones viejos y airead la zona. No esperéis que desaparezcan del todo, porque el hongo seguirá en el suelo, y en realidad es una buena noticia.
— Maite, desde el caserío
