Abonos naturales para plantas de interior: cuáles sirven

Mi amona Begoña no compró un solo saco de abono en su vida. Echaba a la huerta lo que salía de la cuadra y de la cocina, y las alubias le daban igual. Con las plantas de interior la cosa es distinta: una maceta es un espacio pequeño y cerrado, y lo que metéis ahí no lo lava la lluvia ni lo trabajan las lombrices del suelo.

Los abonos naturales para plantas de interior funcionan, pero no todos los restos de cocina valen lo mismo, y algunos hacen más daño que bien. Aquí os cuento cinco, ordenados de más a menos útil, con la dosis, el truco para que no salga moho y lo que no deberíais esperar de ellos.

Qué puede dar un resto de cocina

Una planta necesita sobre todo nitrógeno para las hojas, fósforo para las raíces y potasio para el conjunto. Un abono de tienda trae esos tres elementos en cifras claras, escritas en la etiqueta. Un resto de cocina trae cantidades pequeñas y variables, y además tiene que descomponerse antes de que la raíz pueda tomar nada, algo que en una maceta, sin lluvia ni lombrices, va lento.

Por eso conviene verlos como una ayuda suave para plantas sanas, no como un tratamiento para una planta enferma. Si las hojas se ponen amarillas, antes que cualquier resto de cocina revisad el riego y la luz. Y en todos los casos, mejor poco: una capa fina, nunca un puñado.

Cinco abonos naturales, de más a menos útil

Cada uno lleva su dosis y su advertencia. Si vais a probar solo uno, que sea el primero.

Humus de lombriz o compost maduro

Humus de lombriz o compost maduro

Este es el único de la lista que podéis usar sin dudar. El humus de lombriz y el compost bien hecho, oscuro y con olor a bosque, traen nutrientes ya descompuestos y mejoran la estructura del sustrato. Poned una capa de 1 o 2 cm sobre la tierra, sin tapar el tallo, y mezcladla con los dos centímetros superiores. Una vez cada dos meses entre abril y septiembre es suficiente. Si no tenéis compostador, en cualquier vivero o tienda de jardinería se vende humus de lombriz en saco pequeño por pocos euros.

Posos de café

Posos de café

Los posos son los más populares y los peor usados. Una vez pasados por la cafetera son casi neutros, no acidifican el sustrato como dice la leyenda, y aportan algo de nitrógeno al descomponerse. Usadlos siempre secos: extendedlos en un plato un día, y mezclad una cucharadita con la tierra de una maceta mediana, una vez al mes como mucho. Mojados y en superficie crean una costra que no deja pasar el agua y atrae moho. Los toleran bien el poto (Epipremnum aureum), la planta cinta (Chlorophytum comosum) y el lirio de la paz (Spathiphyllum wallisii).

Cáscaras de huevo

Cáscaras de huevo

Aportan calcio, sí, pero muy despacio: una cáscara tarda meses o años en descomponerse, y casi ninguna planta de interior sufre falta de calcio. Si queréis aprovecharlas, lavadlas, secadlas y triturad hasta que quede un polvo fino, no trozos; mezclad una cucharadita con la tierra al trasplantar. No esperéis que fortalezcan las raíces: su efecto es pequeño y no sustituye a un abono. Es un buen modo de no tirarlas, nada más, y tampoco hace daño. Guardad las cáscaras secas en un bote y triturad una tanda cada vez que trasplantéis, en lugar de comprar nada.

Agua de arroz

Agua de arroz

Es el agua del lavado, sin sal y sin hervir, que lleva un poco de almidón. Regad con ella en el momento, templada y mezclada a partes iguales con agua normal. El almidón alimenta a las bacterias del sustrato, que a su vez sueltan nutrientes, pero también alimenta a los mosquitos pequeños que viven en la tierra húmeda. Si la guardáis un día, fermenta y huele mal. Usadla una vez al mes, no más, y tirad la que sobre si ya ha pasado la tarde.

Té usado

Té usado

Las hojas de té y las bolsitas usadas dan un abono muy flojo, casi nulo. Lo que sí hacen es retener humedad y ablandar un poco el sustrato. Abrid la bolsita, dejad secar las hojas y mezclad una pizca con la tierra. No reguéis con el agua del té, que no aporta más que un poco de potasio, y las bolsitas enteras no se descomponen del todo (muchas llevan fibras de plástico). Mejor evitad el uso de bolsitas enteras y quedaos solo con las hojas sueltas, si tomáis té en hebras.

Por qué en el norte hay que ir con más cuidado

En una casa del País Vasco, con humedad alta y mucho sirimiri, el sustrato tarda días en secarse. Esa humedad constante es lo que más favorece el moho blanco y los mosquitos pequeños que salen de la tierra: las larvas se alimentan de materia orgánica que se descompone en la superficie. Lo he comprobado con un tiesto de potos al que añadí posos mojados en noviembre: dos semanas después tenía una nube de bichos junto a la ventana.

Por eso, en invierno, cuando las plantas descansan y el sustrato casi no se seca, no pongáis ningún resto orgánico. Aplicadlos solo de abril a septiembre, con la planta en crecimiento y el sustrato secándose bien entre riegos. En el sur y el Levante, donde el aire es seco y el sustrato se seca en tres o cuatro días, tenéis más margen, pero las dosis siguen siendo las mismas.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado que el moho, cuando va a salir, sale en las dos primeras semanas tras añadir algo orgánico. Si pasado ese plazo la superficie sigue limpia, no hay problema. Si veis una mancha blanca, retirad el primer centímetro de tierra, dejad secar y cubrid con una capa de arena gruesa, que impide que las larvas lleguen al sustrato.

Cuándo un abono natural no es suficiente

Hay plantas que piden más de lo que da una cáscara de huevo. Las que florecen mucho, como la violeta africana (Streptocarpus sección Saintpaulia), o las de crecimiento rápido, como la monstera (Monstera deliciosa), necesitan nitrógeno y potasio en cantidad medible. Para ellas, un abono líquido de tienda, a media dosis, es más seguro que cualquier mezcla casera: sabéis lo que lleva y cuánto. Podéis combinar ambos, abono líquido cada 3 semanas y humus de lombriz cada dos meses.

Tampoco sirven para arreglar un sustrato agotado. Si hace dos años que no trasplantáis, la tierra está compactada y vacía, y lo que toca es cambiarla. Más ideas de este tipo en la sección de cuidados básicos.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo mezclar varios abonos naturales a la vez?

Mejor uno por vez y con semanas de separación. Si mezcláis, no sabréis cuál ha provocado el moho o el amarilleo, y las sales se suman. Elegid el humus de lombriz como base y dejad lo demás para casos puntuales.

¿Los posos de café ahuyentan las plagas?

No de forma fiable. Se repite mucho, pero un poso húmedo en la superficie atrae mosquitos y moho más que los aleja. Los he visto fracasar en el vivero y los he descartado como método.

¿Sirven estos abonos para las plantas de balcón o de huerto?

Sí, y funcionan mejor, porque en un tiesto grande al aire libre llueve, hay más microbios y todo se descompone antes. Aun así, la dosis es de una cucharada por maceta, no más.

— Maite, desde el caserío