Bicarbonato en el huerto: usos y precauciones

En mi caserío, a finales de julio, las hojas de los calabacines empiezan a verse como si alguien las hubiera espolvoreado con harina. Es el oídio, y es el momento en que más me preguntan por el bicarbonato en el huerto, ese polvo de cocina al que se le atribuye casi todo.

El bicarbonato sí tiene un uso razonable en la huerta, pero pequeño: frenar el oídio antes de que se instale. Todo lo demás, desde corregir el pH hasta abonar, o no funciona o sale caro en sal acumulada. Aquí tenéis cuándo usarlo, qué dosis, cómo aplicarlo en cuatro pasos y por qué no hay que echarlo a la tierra.

Qué puede y qué no puede hacer

El bicarbonato sódico es una sal alcalina. Sobre una hoja crea una película con un pH algo más alto de lo que le gusta al hongo, y eso dificulta que las esporas germinen. Es una barrera, no una medicina: si el micelio blanco ya está sobre la hoja, la eficacia cae mucho y lo único que conseguís es quemar tejido sano.

Hay una cuestión de nombres que merece atención. El que tenéis en la cocina es bicarbonato de sodio. Existe también bicarbonato de potasio, que sí se vende como fungicida autorizado para jardinería y huerta, con instrucciones en la etiqueta. El de sodio no es un producto fitosanitario registrado, así que lo uso como remedio casero y a título de prevención, sin prometer más. Si el oídio ya domina la mata, tocan otras medidas, y de ellas hablo en la sección de plagas y enfermedades.

Contra el oídio, paso a paso

El oídio ataca sobre todo a calabacines (Cucurbita pepo), pepinos, rosales (Rosa) y guisantes. Estos cuatro pasos son los que sigo yo con las cucurbitáceas, que son las primeras en caer en el huerto.

Antes de nada, conviene no confundirlo con el mildiu, que es otro hongo y se trata distinto. El oídio forma un polvo blanco que se limpia con el dedo y aparece sobre todo en el haz de la hoja. El mildiu deja manchas amarillas en el haz y una pelusa grisácea por debajo. Contra el mildiu el bicarbonato no sirve de nada.

Elegir el momento antes de los síntomas

Elegir el momento antes de los síntomas

La mezcla solo tiene sentido preventiva. Empiezo a finales de junio en el norte, cuando las hojas están limpias pero ya hay días templados y noches húmedas, que es lo que el hongo busca. Si ya veis manchas blancas en las hojas bajas, quitad esas hojas, metedlas en una bolsa y tiradlas a la basura, no al compost; no esperéis que el bicarbonato las limpie.

Preparar la mezcla suave

Preparar la mezcla suave

Disolved una cucharadita rasa de bicarbonato, unos 5 g, en un litro de agua, preferentemente de lluvia o templada. Añadid unas gotas de jabón potásico para que la mezcla se adhiera a la hoja; sin él resbala. No subáis la dosis pensando que así protege más, porque a partir de ahí el riesgo de quemar la hoja crece mucho. Preparad solo lo que vayáis a usar ese día.

Probar y aplicar a la hora adecuada

Probar y aplicar a la hora adecuada

Pulverizad primero tres o cuatro hojas y esperad 48 horas. Si no se manchan ni amarillean, seguid con el resto. Aplicad a primera hora o al final de la tarde en un día nublado, nunca a pleno sol: con sol la sal concentrada quema las hojas. Cubrid también el envés y los tallos, y no empapéis.

Repetir cada diez días y vigilar

Repetir cada diez días y vigilar

Repetid cada siete o diez días y después de cada lluvia fuerte, porque el agua lava la película. Más de cuatro o cinco aplicaciones en una misma temporada son demasiadas. Lavad bien lo que cosechéis antes de comerlo, y parad en cuanto veáis puntas tostadas, señal de que la sal ya molesta.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntada la fecha en que aparece el primer oídio cada año, y casi siempre cae en la última semana de julio. Con ese dato empiezo la prevención tres semanas antes, no cuando ya se ha extendido. Anotad la vuestra y tendréis un calendario propio en dos veranos.

En la tierra, mejor no echarlo

En algunos grupos se recomienda un poco de bicarbonato para subir el pH del suelo ácido. Lo he visto hacer y no lo recomiendo. El bicarbonato aporta sodio, y el sodio se acumula: endurece la tierra, dificulta que las raíces absorban agua y a la larga estropea lo que estaba bien. Las plantas de flor como las dalias o los rosales viven mejor en suelos de pH entre 6 y 7, pero eso se consigue con otros materiales.

En el norte los suelos son ácidos casi por naturaleza, con lluvia que arrastra la cal. Antes de corregir nada, medid el pH con un kit de jardinería. Si de verdad baja de 5,5, aplicad cal agrícola o dolomita en otoño, con las dosis del envase, porque actúan con lentitud y no dejan sodio. Y si la planta ya florece bien, no toquéis nada.

Para quien cultive en la España seca y calurosa, el consejo es todavía más tajante: allí los suelos suelen ser alcalinos, y añadir bicarbonato sería empeorar el problema. En macetas de balcón, además, el sodio no se lava y se queda en el sustrato.

Un detalle práctico de la huerta atlántica: el sirimiri deja las hojas húmedas durante horas, y entonces conviene aplicar con más cuidado, porque una hoja ya mojada diluye la mezcla y no se adhiere. Esperad a que la hoja esté seca al tacto y a que no haya previsión de lluvia en las seis horas siguientes. En días de viento sur, que secan todo muy rápido, hacedlo al atardecer para que la mezcla no se evapore antes de actuar.

Otros usos que no valen la pena

Se cuentan muchos usos más para el bicarbonato en casa, pero los que no se aplican al huerto los dejo fuera. Para quitar manchas o desatascar el fregadero, el bicarbonato con vinagre produce espuma, y esa espuma es sobre todo ruido: ayuda un poco a despegar restos blandos y no disuelve la grasa vieja.

Otro mito frecuente es echarlo en cada riego como si fuera un complemento. Aplicado así, en un par de meses la sal se nota: hojas con el borde seco, tierra apelmazada y una costra blanca en la superficie de la maceta. Si habéis abusado, regad abundantemente varias veces con agua de lluvia para arrastrar el exceso, y dejad el bicarbonato guardado en la cocina.

Tampoco es un abono, ni sustituye a la materia orgánica. Un buen compost, un acolchado y un riego regular hacen mucho más por la salud de las plantas que cualquier polvo de cocina.

Lo que más me preguntáis

¿Puedo pulverizar bicarbonato sobre los tomates?

Se puede usar la misma mezcla suave, pero en tomates la prioridad es otra: regar al pie, airear las matas y quitar hojas bajas. El oídio del tomate es menos frecuente que el mildiu, y contra el mildiu el bicarbonato no sirve.

¿Funciona mejor con aceite o con jabón?

Prefiero el jabón potásico, porque se disuelve bien y se aclara con la lluvia. El aceite en las hojas con sol hace efecto lupa y quema. Si no tenéis jabón potásico, dos gotas de lavavajillas bastan para la primera aplicación.

¿Cuánto se tarda en ver resultados?

Como medida preventiva no se ve ningún resultado, y esa es la señal de que funciona: las hojas siguen limpias. Si a los diez días aparecen manchas nuevas, reforzad la ventilación y consultad un producto autorizado.

— Maite, desde el caserío