Malamadre: cuidados y cómo multiplicarla en casa

En el vivero aprendí que hay plantas que se compran por bonitas y otras que se compran porque se nota que aguantarán a su dueño. La malamadre (Chlorophytum comosum) es de las segundas: perdona un riego olvidado, una ventana pobre y hasta un cambio de casa. Pero perdonar no es lo mismo que prosperar, y una malamadre bien cuidada es otra planta, más densa y cargada de hijuelos.

Esos hijuelos son las plantitas que cuelgan de los tallos largos, y son la mejor parte: salen gratis y enraízan casi solos. Aquí os cuento qué necesita la malamadre en una casa del norte, cómo regarla sin pudrirla y cómo multiplicarla en agua o en tierra, con tiempos reales y los fallos más comunes.

Ficha rápida

Nombre científico
Chlorophytum comosum
Luz
Luz clara sin sol directo; tolera sombra ligera
Riego
Cuando se seque la parte alta del sustrato, unos 3 cm
Temperatura ideal
De 15 a 25 °C; no baja de 10 °C
Sustrato
Universal con un 20 % de perlita para drenar
Abono
Cada 3 o 4 semanas, de abril a septiembre

Qué necesita en una casa del norte

La malamadre agradece la luz clara, pero en el norte tenemos muchos días nublados, así que la mejor ventana es la más luminosa que tengáis, aunque no entre sol. Una orientación este u oeste le va de maravilla, y la norte la aguanta si la ponéis pegada al cristal. El sol fuerte de mediodía a través del vidrio, en cambio, le quema las puntas de las hojas.

La humedad ambiental del norte la favorece: el aire cargado de sirimiri evita que las puntas se sequen, y eso es un problema bastante frecuente en casas con calefacción. En invierno, alejadla del radiador y de las corrientes de aire frío que entran al abrir la puerta de la calle.

Por último, la malamadre guarda agua en unas raíces gruesas y carnosas, parecidas a pequeñas patatas. Eso explica todo lo demás: es más fácil matarla por exceso de riego que por falta de él.

Cuidados paso a paso

Elegir un sitio con luz clara

Elegir un sitio con luz clara

Buscad un lugar a menos de un metro de una ventana, donde podáis leer sin encender la luz. Si crece torcida hacia el cristal, girad la maceta un cuarto de vuelta cada semana. Con poca luz sobrevive, pero las hojas salen más finas, el color se apaga y apenas echa hijuelos. Las variedades con una franja blanca o crema en el centro piden aún más claridad que las verdes lisas.

Regar solo cuando el sustrato se seque

Regar solo cuando el sustrato se seque

Meted el dedo en el sustrato: si los primeros 3 cm están secos, toca regar. Echad agua hasta que salga por los agujeros del fondo y vaciad el plato a los diez minutos, porque una raíz carnosa en agua parada se pudre en pocas semanas. En verano suele tocar cada semana o diez días; en invierno, cada dos o tres semanas.

El agua también importa. Con agua del grifo muy dura, que deja cal blanca en el borde de la maceta, las puntas de las hojas se ponen marrones. Si os pasa, regad de vez en cuando con agua de lluvia, que en el norte no falta, y recortad la punta seca con tijera limpia siguiendo la forma natural de la hoja. Para el resto de especies de la casa, mirad cómo regar las plantas de interior según la especie.

Elegir sustrato y abono

Elegir sustrato y abono

Un sustrato universal con una quinta parte de perlita basta. Lo que no admite es el que se apelmaza y retiene el agua. Cada dos años, cuando las raíces asomen por abajo o empujen la planta hacia arriba, pasadla a una maceta 3 o 4 cm más ancha, en primavera.

De abril a septiembre, un abono líquido equilibrado cada tres o cuatro semanas, a la mitad de la dosis que marque el envase. En otoño e invierno, nada: la planta descansa y el abono sin consumir se acumula en forma de sales, que también queman las puntas.

El truco de la libreta

En mis libretas tengo apuntado el día en que riego cada maceta y la fecha del último cambio de tierra. Parece una manía, pero con la malamadre ha evitado más de un riego de más, porque la raíz carnosa engaña: la tierra de arriba parece seca y por dentro sigue húmeda. Si dudáis, levantad la maceta, que cuando está seca pesa menos de la mitad.

Cómo multiplicar la malamadre

Una planta adulta saca tallos largos y arqueados con plantitas en la punta, que llamamos hijuelos. Cuando el hijuelo tiene raicillas de 1 o 2 cm asomando en la base, ya puede independizarse. La mejor época es de abril a julio, con la planta en crecimiento y más luz natural. Hay dos formas, y las dos funcionan.

Separar el hijuelo

Separar el hijuelo

Con unas tijeras limpias, cortad el tallo unos 2 cm por encima del hijuelo, sin dañar su base. Escoged los que tengan al menos cuatro hojas y raicillas visibles; los diminutos tardan mucho y fallan más. No tengáis prisa por quitarlos todos: la planta madre sigue produciendo hijuelos durante años.

Enraizar en un vaso de agua

Enraizar en un vaso de agua

Poned el hijuelo en un vaso o frasco con la base sumergida un par de centímetros y las hojas fuera del agua. Colocadlo en un sitio con luz clara, sin sol directo. En unas dos semanas aparecen raíces blancas. El error que arruina el proceso es no cambiar el agua: estancada, pierde oxígeno y se pudre la base antes de enraizar. Cambiadla cada 5 a 7 días y enjuagad el frasco.

Plantar en maceta

Plantar en maceta

Cuando las raíces midan 3 o 4 cm, pasad el hijuelo a una maceta de 10 cm con sustrato universal y perlita. Regad bien la primera vez y mantened la tierra ligeramente húmeda un mes, hasta que veáis hojas nuevas. Si preferís saltaros el agua, podéis plantar el hijuelo directamente en tierra húmeda sin separarlo de la madre, con el tallo todavía unido, y cortarlo cuando haya enraizado. Es más lento, pero casi no falla.

Si queréis una mata llena pronto, plantad tres hijuelos juntos en una maceta de 15 cm. En un año forman un volumen que luce mucho más que una sola planta y que podéis colgar cerca de una ventana, donde los tallos arqueados caen con gracia. Evitad las macetas enormes: con demasiada tierra alrededor, la raíz tarda en llenarla y el sustrato sobrante se queda húmedo semanas, que es justo lo que no le conviene.

La malamadre en la España seca y cálida

En zonas calurosas, la malamadre puede vivir en una terraza protegida del sol directo todo el verano. Allí necesita riego más frecuente, a veces cada tres o cuatro días en julio, y conviene vigilar que el sol de la tarde no le abrase las hojas. En interior con aire acondicionado, evitad la corriente directa y regad menos de lo que haríais a pleno calor. Más ideas para la casa, en la sección de cuidados básicos.

Lo que más me preguntáis

¿Por qué se le ponen marrones las puntas a la malamadre?

Suele ser una mezcla de aire seco, sales acumuladas por el abono o el agua dura, y riegos irregulares. Reducid la dosis de abono, regad con agua de lluvia de vez en cuando y recortad lo seco. Las hojas ya marrones no vuelven al verde.

¿Cuántos hijuelos puedo quitar sin dañar la planta?

Todos los que tengan raíces visibles. La planta madre sigue produciendo, y de hecho echa más cuando se la aligera. Si dejáis que los tallos arqueados cuelguen demasiados, la planta gasta fuerza en ellos y las hojas centrales se debilitan.

¿Se puede tener en un baño sin ventana?

No de forma permanente. Sobrevive unas semanas, pero sin luz natural las hojas nuevas salen pálidas y pequeñas. Un baño con una ventana pequeña y claridad suficiente para leer, sí le sirve; turnadla con otra planta cada mes.

— Maite, desde el caserío