Cada agosto, en mi caserío, alguien llega con una cesta de tomates y la misma cara de preocupación: este tiene una grieta, aquel una mancha negra en la base, el de más allá una zona dura y pálida. En el vivero aprendí que casi todas las marcas en los tomates tienen una causa concreta, y que la mayoría se evita con un poco de constancia.
Aquí repaso las ocho que más veréis, qué las provoca, si el fruto se puede comer y cómo evitarlas la próxima temporada. También hay una marca del norte que no es de las inofensivas, y conviene saber distinguirla.
Ficha rápida
Marcas que cuenta el riego
El tomate (Solanum lycopersicum) bebe a un ritmo que le gusta constante. Cuando alterna sed y aguacero, la piel y la pulpa crecen a velocidades distintas y el fruto responde con dos señales.
Grietas y frutos rajados

Una grieta en círculo alrededor del pedúnculo o a lo largo del fruto aparece cuando una lluvia fuerte sigue a varios días secos: la pulpa se hincha antes de que la piel pueda ceder. En el norte, con tantas tormentas veraniegas, es la marca más frecuente. Si la grieta es fresca y limpia, cortad la zona y comed el resto ese mismo día; si ya hay moho o huele a fermentado, al compost. Para evitarlo, acolchad con 5 cm de paja y regad dos o tres veces por semana en vez de una vez a lo grande. Cosechar los frutos cuando empiezan a colorear y dejarlos madurar dentro de casa también ayuda cuando se anuncia lluvia: un tomate que madura en la cocina sabe algo menos, pero llega entero a la mesa.
Culera o podredumbre apical

Una mancha oscura y hundida en la base del fruto, justo en el extremo opuesto al rabillo. No es un hongo ni una enfermedad contagiosa: es falta de calcio en esa parte del fruto, que llega mal con el riego irregular, sobre todo en tomateras en maceta. Los primeros frutos de la temporada son los más afectados. Cortad la parte negra y aprovechad el resto. No sirve echar cáscaras de huevo ni abonos con calcio: el suelo suele tener de sobra, y lo que falla es el reparto del agua. En maceta, usad un tiesto de 30 L como mínimo.
Marcas del sol y del frío
Quemadura solar

Una zona blanca, amarillenta y dura, de textura de papel, en el lado que mira al sol. Se produce cuando el fruto queda expuesto de golpe tras quitar demasiadas hojas, o tras una ola de calor. En el norte rara vez ocurre, salvo bajo plástico o invernadero; en la España calurosa es muy frecuente. No deshojéis más allá de las hojas bajas, hasta el primer racimo, y usad una malla de sombra del 30 % en los días de más de 32 °C.
Cara de gato

Frutos deformados, con surcos profundos y cicatrices, sobre todo en la base. La causa es el frío durante la floración, cuando las noches bajan de 10 °C y la flor se desarrolla mal. Es más común en plantaciones tempranas de marzo y abril. No daña la pulpa y se pueden comer. Evitadlo plantando tras la última helada de vuestra zona, a primeros de mayo en el interior, y tapando las plantas con manta térmica las noches frías.
Marcas de visitantes
Picotazos de mirlo

Agujeros irregulares de pico en el fruto maduro. Los mirlos (Turdus merula) y los gorriones buscan agua tanto como comida, así que en verano seco atacan más. Cortad la zona, consumid el fruto pronto y proteged las plantas con una red de luz pequeña, o dejad un cuenco de agua lejos del bancal para desviarlos.
Daño de chinche

Manchas pálidas y nubosas bajo la piel, con diminutos puntos de picadura, a veces con una zona blanda por dentro. Las chinches pinchan el fruto para chuparle el jugo. Si el tomate está firme, el daño es solo estético: pelad la zona. Revisad los racimos a primera hora de la mañana, cuando los insectos están más torpes, y quitadlos a mano.
Cuando la marca es otra cosa
Manchas pardas del mildiu

Esta es la marca del norte que no debéis tomar a la ligera. Manchas pardas, grasientas y algo hundidas, que crecen y se extienden por el fruto, a menudo con hojas ennegrecidas en la mata. Es el mildiu, un organismo que prospera con humedad y noches frescas, muy común entre agosto y octubre en los valles. Un tomate con mildiu no se come, ni siquiera cortando la zona, porque el organismo se extiende por dentro. Retirad la mata afectada, metedla en una bolsa y llevadla al contenedor de resto, no al compost: las esporas aguantan y vuelven a la huerta con el abono. Mirad también las patatas cercanas, porque el mismo mal las ataca y pasa de unas a otras con el viento y la lluvia. El año siguiente, separad los tomates de las patatas, regad por el pie y cubridlos con un techo de plástico.
Estrías y cicatrices normales

Líneas finas de corcho, pequeñas cicatrices o un hombro verde son marcas de crecimiento, no de enfermedad. Algunas variedades antiguas, como los corazón de buey, las llevan de serie. Si el fruto está firme y huele a tomate, comedlo tranquilamente. Lo mismo vale para los frutos con la piel algo arrugada junto al rabillo al final de la temporada: es el fruto que se seca y se concentra, y suele ser el más sabroso de la mata.
Lo que previene casi todo
Cuatro hábitos evitan la mayoría de estas marcas: riego constante, acolchado de 5 cm, cosecha a tiempo y buena ventilación entre plantas, con 50 cm entre tomateras. En el norte, el clima añade un quinto: protección contra la lluvia. Un tejadillo de plástico, abierto a los lados, reduce el mildiu y las grietas mucho más que cualquier tratamiento. En la España seca y calurosa, la prioridad es la sombra y el riego frecuente. Más ayuda para el bancal en huerto y hortalizas y, si dudáis de un bicho, en plagas y enfermedades.
El truco de la libreta
Haced una foto de cada marca el día que la veáis y apuntad la fecha y el tiempo de los tres días anteriores. En mis libretas tengo anotada la lluvia de cuarenta años, y las grietas casi siempre llegan tras una tormenta que siguió a una semana seca. Cuando repasáis las notas, el patrón salta a la vista.
Lo que más me preguntáis
¿Puedo comer un tomate agrietado si la grieta está cicatrizada?
Sí, si la cicatriz está seca, sin moho y el fruto huele bien. Lavadlo y cortad la zona dañada con un margen de 1 cm. Las grietas abiertas y húmedas atraen hongos en pocas horas, por eso conviene consumirlo ese mismo día.
¿Qué variedades se rajan menos?
Los tomates cherry y los de tamaño pequeño tienen la piel más flexible. Entre los grandes, buscad variedades de piel gruesa y etiquetadas como resistentes al rajado. Los corazón de buey, de piel fina, se rajan con más facilidad.
¿Debo quitar los frutos marcados de la mata?
Los que tienen culera o cara de gato pueden quedarse hasta que maduren, aunque os conviene quitarlos si agotan a la planta en pleno mildiu. Los podridos o con moho, quitadlos siempre, porque contagian a los vecinos.
— Maite, desde el caserío
